8 de agosto 2001 - 00:00

Alfonsín y Cavallo forzaron convivencia

Raúl Alfonsín, Domingo Cavallo, y Patricia Bullrich en el acto de asunción de Douglas Lyall
Raúl Alfonsín, Domingo Cavallo, y Patricia Bullrich en el acto de asunción de Douglas Lyall
El ala cavallista del gobierno logró ayer su principal triunfo político desde que asumió su jefe el manejo de la economía: sentó en la intervención de la ANSeS a un hombre propio que le permitirá, sueña, mostrarle al público un camino de salida de la crisis. Esa victoria tuvo una música inesperada cuando asumió el penitenciario Douglas Lyall en lugar del radical Rodolfo Campero: el encuentro sorpresivo de Domingo Cavallo con su principal adversario, Raúl Alfonsín (ninguno estaba enterado de la existencia del otro).

Este, que asistió como para demostrar que peleará por la permanencia de su gente en el organismo, toleró que el ministro de Economía tuviera una ironía sobre esa presencia. «Estoy seguro que la actual gestión (en la ANSeS) contará con todo el apoyo y eso lo demuestra la presencia de Raúl Alfonsín», dijo Cavallo al hablar en el acto. El ministro amortiguó la pulla tirándole una flor al ex presidente: «Alfonsín -dijo- hizo lo que pudo ante la crisis del sistema previsional que heredó de los militares en 1983».

Antes de esas palabras, había ya ocurrido el encuentro, casi a solas, de los dos. Fue en el despacho del piso 13º de Patricia Bullrich, pocos minutos antes de la asunción de Lyall (hasta ahora en un cargo gerencial), donde el ex radical esperaba junto a la dueña de casa que comenzara el acto. De pronto se abrió la puerta y entró como una tromba Cavallo, vio lo que había y ralentizó el paso como si pensara «adónde me metí». Bullrich, a quien acompañaba el nuevo funcionario, lo invitó a entrar y debió forzar un paso de comedia, con quien menos querría encontrarse, que resultó un homenaje a la simulación y a las buenas costumbres:

• Diálogo

Domingo Cavallo: ¡Qué gusto verlo, presidente!

Raúl Alfonsín:
¿Cómo anda, «Mingo»? (Es como trata Alfonsín al ministro en público.)

D.C.: Ya me ve...

R.A:
Lo veo peleando.

El silencio que siguió permitió la entrada de Armando Caro Figueroa, quien saludó a todos y se concentró en un abrazo personal con quien fuera su jefe. Mientras se acomodaban, Alfonsín y Cavallo le encontraron un rumbo a la charla.

R.A.:
¿Y? ¿Ayudan o no ayudan los Estados Unidos?

D.C.: Y... ahí están...

R.A.: Pero lo veo bien, «Mingo», peleando.

D.C.:
Usted me conoce don Raúl, y sabe que voy a pelear hasta el final...

R.A.:
(Levantándose y riendo) ¡La pucha si no lo conozco!

La situación era ya insoportable y la ministra levantó al grupo para llevarlo hasta el salón Islas Malvinas en el piso 17 del edificio del Ministerio de Trabajo.

Cuando salieron de los ascensores la disposición de fuerzas era clara. Al estrado subieron
Bullrich, Cavallo, Caro Figueroa, Lyall y el secretario de Seguridad Social, Jorge Sanmartino. Abajo se quedó la barra que acompañaba a Alfonsín, entre otros Leopoldo Moreau y Federico Polak. Al primero se le atribuye el manejo de un sector importante de contratados en el organismo y de algunas gerencias. El segundo manejó el PAMI hasta que lo desplazó una puja interna con el ministro Héctor Lombardo que puso en su lugar a Raúl Pistorio, un freno al cavallismo que entiende que junto a la ANSeS la obra social de los pasivos constituye el gran bolsón de malgasto.

Al subir
Bullrich paladeó el momento y susurró: «Vos hablás, 'Mingo', vos hablás. ¿Eh?». Cavallo no tenía pensado decir nada, pero obedeció.

Cuando terminó el discurso Lyall, la titular de Trabajo hizo el primer amago de mortificación de los alfonsinistas que se habían sentado en la primera fila del auditorio, acompañados por la diputada
María América González. Atacó las jubilaciones de privilegio que prometió que el gobierno volteará con un proyecto de ley, dijo, del diputado Eduardo Santín. Eso es lo que se escuchó y era una novedad porque todos creían que esa iniciativa, que el moroísta Santín seguramente compartirá, le pertenece al senador Jorge Agúndez.

Cuando le tocó hablar, Cavallo hizo un largo relato sobre la historia previsional argentina donde le cedió un sitio honorable al ex presidente. En ese repaso puso como al malo de la película a
Arturo Frondizi, una manera de hacer sufrir de paso a Polak, que insiste en calificarse de desarrollista. Fue entonces, recordó, «cuando comenzaron las devaluaciones y la inflación, los activos de las cajas de jubilaciones se evaporaron, básicamente en 1958, cuando se produjo una gran desvalorización de la moneda y una inflación enorme».

«Si algo quedaba de esos activos, terminaron de desaparecer con toda la historia posterior. Entonces, creíamos que frente a los problemas de las cajas de jubilaciones, que habían quedado con sus ahorros evaporados, la cuestión era unirlas a todas y hacer un gran sistema de seguridad social»,
puntualizó.

Cavallo
enfatizó que con esta situación «no advertimos que el sistema funcionaba sin recursos. La concepción de que se puede sacar algo de la nada, llevó a que ya en ese sistema unificado de seguridad social, se dictaran leyes dando beneficios muy diferentes, algunos de ellos de privilegio y aberrantes, y otros que pretendieron ser generosos y equitativos».

«Obviamente, llegó un momento en que los beneficios que la ANSeS podía pagar, no tenían nada que ver con lo que estaba escrito en las leyes»
, aseveró el titular de la cartera económica.

El ministro recordó que
«le tocó al gobierno de Raúl Alfonsín enfrentar este problema. Hizo todo lo que pudo para consolidar las deudas que se habían generado por los juicios, que razonablemente los jubilados habían comenzado, porque no se estaba cumpliendo con las leyes».

Hasta ahora
Cavallo, cada vez que se refería a la gestión de Alfonsín sobre los jubilados, fustigaba la nefasta herencia que dejó el radical con la suspensión de los juicios. Eso fue, ha dicho siempre el ministro, lo que motivó la reforma previsional con la privatización parcial del sistema.

Alfonsín
se dio cuenta de ese saludo desde el estrado. Cuando se dispersaron las fuerzas, el ex presidente fue interceptado por una movilera que le atizó con el micrófono la pregunta: «¿Está de acuerdo con lo que dijo Cavallo?». El radical se fastidió pero admitió que «en líneas generales estoy de acuerdo».

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