Aníbal Ibarra diagrama ya la suerte que correrá en mayo. Para entonces, se ha propuesto que la Justicia porteña convoque al referendo por la revocatoria de su mandato, pero no logra que la aritmética le dé a su favor para tener en marzo las 520.000 firmas que necesita. Si no las logra, estará entonces sometido al reclamo de sus detractores, pero, además, también deberá reemplazar a Juan José Alvarez, el secretario de Seguridad, al que le ofertó casi una intervención de su gobierno cuando se desató la tragedia del 30 de diciembre.
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Para resolver la convocatoria al referendo, aún no ha encontrado acelerar el ritmo de recolección de firmas, y tampoco tiene en mente todavía quién reemplazará al funcionario duhaldista que viene desnudando la falta de controles que ha habido en la Capital Federal (a boliches se les sumaron centros de compras, cines y, ahora, colegios, en una lista que el peronista piensa exprimir hasta el último día de su gestión). «Me voy cuando se cumplan los 120 días, es mi última palabra», aseguró ayer ante este diario Alvarez, quien anhela retomar ese escenario bonaerense para pelear por la gobernación una vez que regrese a su banca en el Congreso. En su entorno, no fuerzan esa decisión porque creen que «después de los éxitos vienen las críticas» y que la política de las clausuras en cualquier momento puede hacer que el funcionario sea presa de reclamos de sus propios inspeccionados. Por caso, esta semana ya tuvo un desencuentro con la secretaria de Educación, Roxana Perazza, ante el inicio de la masiva inspección a los colegios porteños. Son pocas las amistades que el bonaerense cosechó en el gabinete capitalino, donde concuerda más con el propio Ibarra que con sus pares, con quienes hasta ahora no se dio la ocasión de compartir reuniones de gabinete completas.
Ibarra planifica dar un giro en su gabinete cuando Alvarez se vaya, pero todavía no tiene reemplazante. Cambiará no sólo a ese secretario, sino también a otros funcionarios en una nueva apertura de su gobierno en la que dará cabida a sus aliados políticos durante la tragedia. Por un lado, al duhaldismo de Jorge Telerman y Alvarez; por el otro, también al kirchnerismo. Si bien aseguran de uno y otro lado que no hay acuerdo previo, el equipo del secretario de Seguridad permanecería en sus puestos. Esto es, los subsecretarios de Seguridad, Diego Gorgal, y de Control Comunal, Pedro Fioretti. Incluso Gorgal, un joven técnico del grupo macrista Sophia que viene trabajando en gestiones anteriores de Alvarez, podría reemplazar a su jefe de hoy. Nadie cree que Ibarra esté pensando en cambiar toda el área nuevamente, es decir, que provoque otro pase de mando en la zona de inspectores, después de la actual movida.
Hoy, para el secretario de Seguridad, es un día clave: se arroga haber podido conciliar con los legisladores porteños las modificaciones a las nuevas disposiciones para los locales bailables. Por eso espera que se apruebe en la Legislatura el primer decreto de Ibarra en ese sentido, pero también el segundo, que terminó de redactar ayer el Gobierno porteño y es el que acepta los cambios pedidos especialmente por los diputados del macrismo, pero en los que coincidió el kirchnerismo: poner un horario de apertura y cierre de los locales (será de 16 a 24 para menores y hasta las 6 para el resto); permitir los números en vivo con autorización previa y adecuar el permiso por cantidad permitida de asistentes de acuerdo con las características de los lugares (no será más de dos personas por metro cuadrado), entre otros cambios.
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