También Eduardo Duhalde echó mano del recurso final para lograr que el Congreso le vote la reforma de la figura de "subversión económica" y que las provincias terminen de firmar los acuerdos para la baja del gasto. Imitó las advertencias (exitosas ante él, por lo menos) de Mario Blejer: amenazó con una renuncia al cargo si no lo acompañan sus aliados de adentro y de afuera. Lo hizo en etapas y como si fuera redondeando la frase. Por la mañana, ante el Gabinete de Ministros, amagó con presionar a los radicales para que le renueven el apoyo. Luego habló con jefes de la UCR del Congreso ya de renunciar al cargo. Por la tarde recibió a Blejer, que entró al despacho con la renuncia en el bolsillo, y logró retenerlo en el cargo con esta respuesta: "Si en quince días no me dan las leyes que quiero, el que renuncia soy yo". Se terminaron convenciendo. Blejer sigue y él llega el lunes a la cumbre con gobernadores peronistas en La Pampa con la misma amenaza: si el peronismo no lo acompaña en el acuerdo con provincias, deja el cargo. Nadie imagina que haya detrás de este alarde más que una presión para prolongarse en sus funciones. Pero revela, además de debilidad, que el gobierno pierde aliados y entra, cuando peor le va, en una etapa de más fragilidad.
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