4 de diciembre 2007 - 00:00

Amigos y sellos de goma, luto y silencio

Norberto Ceresole
Norberto Ceresole
¿Dónde estaban los amigos bolivarianos? Seguramente le recriminan a su jefe a la distancia respetar tanto la regla democrática, no dibujar los números del referendo como corresponde, dejarse engañar por encuestadores «de la CIA» -lo dijo un diplomático de ese país en la Argentina-, despreciar la fuerza de sus adversarios, no cortar el suministro de petróleo a los EE.UU.; hasta tolerar las críticas de amigos que se le quieren bajar, como Néstor Kirchner.

Silencio y luto también en el gobierno argentino (apenas un brindis del Presidente) sobre la mala suerte del mejor amigo, forzado según algunos, pero amado por la red de sellos de goma que el kirchnerismo llama eufemísticamente las «organizaciones sociales». A esa red acudió Kirchner cuando asumió casi sin votos, aprovechando algunos armados de protección que había hecho Eduardo Duhalde con piqueteros subsidiados. Ya en 2003 esos amigos que ahora callan les había robado a algunos focos del nacionalismo el emblema de Hugo Chávez y se lo habían llevado tras convencerlo de que junto al intelectual Norberto Ceresole y el prefecto «albatro» Raúl de Sagastizábal -jefe en el alzamiento de Seineldín en 1990- no iba a llegar lejos.

El presidente bolivariano profesó siempre una fe peronista que le hace decir a algunos que la principal inspiración del gobierno Chávez es el Juan Perón de 1946-1955; le llegó a enrostrar a Kirchner en alguna cena privada que no cultivase lo suficiente la doctrina del primer trabajador. Por eso lo detectó temprano Ceresole, un sedicente sociólogo experto en cuestiones militares y con pasado insurgente, organizador de los primeros viajes de Chávez a la Argentina.

Fue antes de ser presidente y cuando era lo que es, un militar latinoamericano con sueños de mandón autoritario. Ceresole lo cultivó en Venezuela y le costó críticas en ese país por un presunto antisemitismo de sus consignas y por promover, entre otras lindezas, un sistema sin partidos políticos.

En sus viajes anteriores a ser presidente le costaba mucho a Chávez entrar en los círculos políticos argentinos, más cuando las invitaciones a las charlas las cursaba el prefecto De Sagastizábal, que partió a la clandestinidad después del intento de golpe de 1990.

Chávez descubrió otro filón, desconocido hasta que fue presidente, en la izquierda criolla; si se desembarazaba de esos peronistas derechosos, le explicaron en La Habana, podía ganar más amigos. Su frecuentación de Fidel Castro, la creciente agresividad del discurso contra los Estados Unidos y su aferramiento a la leyenda peronista cautivaron a esa red silenciosa y de luto que hoy va de Hebe de Bonafini a Luis D'Elía, pasando por Emilio Pérsico, la embajadora Alicia Castro y una miríada de sellos sobre los cuales Chávez ha intentado crear un partido político propio de dimensión latinoamericana. El temor de los presidentes de la región ante ese pergeño ha ido en aumento y justificó las demoras en los Congresos de Montevideo y Brasilia de la sanción del acuerdo que crea el Parlamento del Mercosur; temen en esos países que Chávez comience a hacer política local con partidos chavistas que intentarán ser gobierno en nombre de su jefe regional.

Kirchner lo encuentra a Chávez en 2003 ya mandón y enriquecido como para usarlo como atajo para salir del aislamiento de su gobierno frente a los mercados. Le confía a Julio De Vido la relación directa con Caracas y urde ese sistema siempre sospechoso de venta de bonos de la deuda a una tasa alta, pero la única posible, y de su complemento, el fideicomiso fondeado con los pagos que le hace el país a Venezuela por la compra de combustibles, destinadoa comprar productos argentinos.

Asumiendo el rol de amigo privilegiado, Chávez tuvo cuatro años de romance forzado con Kirchner, que aprovechaba las dádivas de este gaucho con plata pero se molestaba por las intrusiones públicas del bolivariano cuando venía a la Argentina, usaba el Salón Blanco, las sobremesas y los actos públicos para crearle compromisos que quebraban el manual de estilo del gobierno.

De Vido manejó el lado duro de la relación, los negocios, con una oficina abierta en el Ministerio de Infraestructura manejada por el asesor Claudio Uberti, dedicada exclusivamente a atender los negocios entre los dos países.

  • Jugueteo

    El punto culminante fue la cumbre de Mar del Plata de 2006, cuando toleró que esa ciudad fuera confiada a la seguridadde Chávez, integrada por culatas venidos de La Habana, para que éste montase con Hebe de Bonafini y Diego Maradona el acto más importante contra George W. Bush que haya recibido este presidente en una salida al exterior.

    Pareció entusiasmado el Presidente con ese jugueteo tercerista de su amigo, pero desde ese momento el tratamiento pareció cambiar.

    No volvió desde entonces Chávez a usar sin permiso micrófonos de este Presidente, le despidieron al embajador cuando habló de más sobre la cuestión judía, por más que Venezuela siguiera siendo el único prestamista de la Argentina aislada.

    Se terminó de quebrar la relación cuando estalló el escándalo del valijero venezolano que intentó pasar 800 mil dólares sin declarar por una aduana protegida por el área presidencial.

    Cayeron en cascada funcionarios de los dos gobiernos porque comenzaban a aparecer testimonios de que la leyenda de corrupción en la relación de los dos gobiernos dejaba de serlo. Rodó la cabeza de Uberti -real embajador ante Caracas-; Kirchner comenzó a criticar cada vez más en privado los modos del extravagante bolivariano.
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