5 de enero 2006 - 00:00

Aníbal Fernández. vs. Cristina

La audacia del ministro del Interior, Aníbal Fernández, es llamativa. Ha tomado para sí una prerrogativa que, al menos hasta ahora, en el universo oficial sólo le reconocían a Néstor Kirchner: la de asignarle destinos a Cristina Kirchner, la esposa del Presidente. Pero, desde hace un par de meses, este Fernández insiste con que «Cristina es presidenciable».

La osadía del ministro puede ser confundida con obsecuencia. Es cierto, el quilmeño se caracteriza por ser uno de los mejores apologetas de la primera dama, a quien dedica regalos verbales como el siguiente: «Es el cuadro más importante que dio la política en los últimos 50 años», un récord que ni siquiera Carlos Ruckauf, el otro modelo operativo de Fernández, obtuvo en su momento.

En Olivos disfrutan con estas exaltaciones verbales. Sin embargo, la imputación de un destino presidencial para la senadora Kirchner tiene otro matiz que vuelve peligrosas para Fernández sus declaraciones. Sucede que el propio ministro pretende la gobernación de la provincia en 2007. Por eso en el entorno más estrecho de Kirchner se interpreta que, bajo la forma de echar incienso sobre Cristina, lo que hace Fernández es desviarla elegantemente hacia un cargo que le despeje a él la ruta. Es un secreto a voces en el kirchnerismo que, hasta nuevo aviso, la primera dama está lanzada para ejercer el poder en La Plata. Es lógico: Kirchner, que pretende la reelección, supone que la candidatura de su esposa es la que mejor garantiza los votos de la provincia de Buenos Aires, como quedó demostrado en octubre pasado. Para no mostrar las cartas tan temprano, el Presidente se confiesa diciendo que «tengo que poner la candidatura de Cristina como un tapón, para evitar que se desate la interna ahora, entre tantos pretendientes». Por lo visto, Fernández sigue empeñado a través de las radios en retirar «el tapón».

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