ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

11 de julio 2002 - 00:00

Anillaquizado

ver más

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Muestra con orgullo su bodega que ahora es totalmente de él y Carlos Spadone. Mantuvo la fachada con que se inició en vinos su padre («en aquellos años nos hacía a todos los hermanos pisar con los pies la uva», dice) pero ahora con modernas instalaciones de acero inoxidable aunque manteniendo las viejas cubas de material. Centenares de cubas de roble importadas para añejar. «Con las nuevas vides en 3 años vamos a procesar 4 millones de kilos de uva que significarán otros tantos litros. Ya estamos exportando a Dinamarca, Italia, Japón, Biolorrusia y tras permanecer 15 días en China Spadone logró que también compren nuestro vino. Aparte les estamos haciendo con su marca a dos restaurantes de Buenos Aires, uno 'Parolaccia' de Puerto Madero», explica.

De nuevo al auto y a dos cuadras la fraccionadora donde controlan la calidad, embotellan, encorchan, sellan y empaquetan las botellas.

De ahí a la granja que tiene con gallinas de distintos continentes, pavos reales y por supuesto llamas, jabalíes y otros animales de la región. «Vienen a prácticas chicos de todas las escuelas de Anillaco», expresa.

Luego muestra las muchas casas de adobe destruidas en un terremoto cordillerano que repercutió fuerte en Anillaco y destruyó casas, pero felizmente sin víctimas.

De allí a su mayor orgullo hoy: los viñedos. Hectáreas y hectáreas de plantas aún jóvenes para la producción de buena uva. Es el futuro. Todo en riego por goteo, tipo israelí de perforaciones o vertientes con mangueras altas. «Es que los zorros pícaros toman el agua mordiendo las mangueras. Hay que levantarlas.»

Finalmente en medio de tanta vid hay dos lomas amplias. En ese tour por Anillaco subimos y dice: «Aquí, con Cecilia, vamos a construir nuestra nueva casa. Con toda la vista de la vid que cuando se pone verde es hermosa. Vamos a poner tambo con 50 vacas, 30 de ellas me las regalaron donde suelo jugar golf en la zona norte del Gran Buenos Aires. Compraremos otras 20. La mitad de la leche gratis para los chicos de las escuelas de aquí y el resto a venta para mantener la explotación».

Explica que el lunes regresará su esposa Cecilia de Chile y luego, refiriéndose de nuevo al lugar donde proyecta su casa dice, con alguna picardía: «A Cecilia le encanta Anillaco porque ella también se crió mirando montañas como aquí. Y ella designó estas lomas sobre el valle para construir la casa aunque la gente de Anillaco se me enoja porque dicen que me fui a esta localidad, pero estamos apenas a 2 kilómetros y cerca de la pista. Desde aquí hemos calculado que en un Lear Cecilia está a 1 hora 20 de Santiago y yo a 1 hora 30 de la residencia de Olivos... (sonríe)».

Luego sí volvemos a la pista para el regreso totalmente anillaquizados por su principal entusiasta.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias