ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

30 de mayo 2006 - 00:00

Apila Kirchner en su despacho los proyectos de reelección

ver más
La fantasía de la reelección de Néstor Kirchner, coletazo de la «plaza del sí», habilitó una profusión de ensayos en el laboratorio político del kirchnerismo para diseñar -o detectar- el artificio electoral más oportuno para garantizar una victoria estruendosa en 2007.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

El método más adecuado no significa, necesariamente, el más correcto (en cuanto a legalidad), pero ésa es una exquisitez que en la emergencia eterna que declara el patagónico -«todavía estamos en el infierno», rapea- no despeina a las luminarias de Olivos.

El mentor de Compromiso K y secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, que soporta la categoría de ideólogo magistral -rasgo que refuerza con el secretismo- es el más inquieto explorador entre las múltiples variantes que ofrece el engranaje electoral.

Alberto Fernández, atento a su destino en la Capital, suele incursionar en esas porfías. Por casualidad del organigrama -la Dirección Nacional Electoral, que hace tres presidencias conduce Alejandro Tulio, depende de Interior-, Aníbal Fernández también arrima algún prospecto.

  • Evaluaciones

  • Las alquimias que evalúan en la Casa Rosada son básicamente dos, aunque cada una ofrece mutaciones.

  • Por estas horas, la fórmula más atractiva, pero también más afiebrada, obliga -una vez más- a mirar hacia el Santa Cruz de los 90. Por entonces, Kirchner permitía que varios candidatos a intendente lleven su boleta para mandatario. Lograba, con eso, que diversos sectores (muchas veces antagónicos) aporten a su figura, con lo que, sin despreciar otros encantos, lograba guarismos de 60% o 70%, mientras el alcalde que ganaba obtenía, como mucho, 30%. El esquema podría emularse en provincias, con limitaciones para reducir el riesgo. ¿Sería probable, entonces, que por caso en Buenos Aires haya tres postulantes a gobernador que vayan colgados de la boleta de Kirchner? La llave, dicen los eruditos, la ofrece el Código Electoral y las leyes de la provincia. Con eso, Kirchner cosecharía votos de tres ríos distintos y haría «jugar» a tres sectores diferentes para su candidatura: por un lado, el PJ, quizá detrás de Aníbal F. o de José Pampuro; por otro, el FpV peronista detrás de Florencio Randazzo; y la tercera opción sería un FpV independiente con UCR y vecinalistas que podría sostener a Gustavo Posse o Daniel Katz. Todo, claro, si no compite Cristina Fernándezpara ese sillón. Como cada gobernador podría, a su vez, tener lista de diputados nacionales propia, se repetiría el esquema de octubre de 2005, cuando el PJ y el FpV se quedaron con 24 de los 35 diputados nacionales que se eligieron en la provincia. De ese modo, el kirchnerismo en sus diversas variantes podría quedarse «con todo». Proyectado hacia abajo, el formato podría aplicarse en los municipios, aunque en este caso sugieren tomar prevenciones para que la voracidad de Kirchner por sumar en todos los frentes no acarree el peligro de que se pierdan distritos clave. En rigor, salvo que sea cierto que todavía lo abruma una pánico patológico al conurbano «tumba presidentes», Kirchner no se detendría por esos detalles. El formato podría, como mucho, mudarse a Córdoba, donde el PJ-FpV, donde José Manuel de la Sota sigue reinando, no tendría problemas para ganar, al igual que en Buenos Aires. En Córdoba, el PJ podría competir con Juan Schiaretti mientras el FpV podría hacerlo con Patricia Vaca Narvaja y, de ese modo, diezmar a Luis Juez. Funciona, en ambos casos, una lógica infalible: ningún candidato a gobernador (ni siquiera Cristina) le agrega electores a Kirchner, que fantasea con una reelección con más de 50% de los votos. Es más: volviendo al caso bonaerense, todos le restarían. Al ofrecer un menú de candidatos, Kirchner potenciaría o, al menos, retendría, su caudal. El plan de los lemas no sería útil en Santa Fe ni en Capital Federal, dos territorios que figuran en rojo en el semáforo electoral del gobierno.

  • La mención a estas provincias no es causal: tanto en Santa Fe como en Capital existen trabas legales para que la elección de presidente se haga simultáneamente con la local. En el primer caso, la Constitución provincial establece que la elección debe ser 90 días antes de la finalización del mandato. Es decir: en setiembre, mientras en la Capital una norma fija expresamente que la votación no puede hacerse simultáneamente con la presidencial. ¿Forzará Kirchner cambios en la Constitución y en las leyes para que se habiliten elecciones paralelas? En Santa Fe no será fácil porque a Hermes Binner le conviene que la votación no esté contaminada por la boleta presidencial; en Capital, lo mismo le ocurre al macrismo, que tiene número en la Legislatura para frenar cualquier reforma. De todos modos, esos recursos no están descartados.

  • En realidad, no se trataría de un inconveniente, si la mirada fuese otra: la que propone que la elección presidencial se efectúe antes que en los comicios en los cuatro principales distritos del país, es decir, Buenos Aires, Capital, Córdoba y Santa Fe. De ese modo, interpretan en el zanninismo, Kirchner podría «hacer trabajar a todos, tanto PJ como FpV o radicales» (se olvidó de citar al socialismo santafesino) para arrimar votos para su candidatura presidencial y luego, una vez electo para su segundo mandato, el patagónico digitaría quién será el postulante oficial en cada provincia.
  • Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias