El frustrado intento de Raúl Castells de ocupar un lugar en el llamado Mercado de las Pulgas de la Capital Federal, reactivó al Gobierno porteño, que ayer terminó de desalojar ese predio, que intenta remodelar. Ahora el ARI reclama al Ejecutivo porteño, que informe sobre la remodelación, que considera que estaría en contra de la normativa vigente. Inclusive, legisladores de esa bancada protagonizaron, sin proponérselo, el desalojo del último ocupante del lugar.
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La desocupación del mercado de Dorrego se intentó ya hace tres meses, cuando fue adjudicada la licitación para su remodelación. El entonces secretario de Infraestructura de la Ciudad, Roberto Feletti, hasta se vio en medio de escenas violentas al intentar la desocupación, que tras el incidente con Castells, terminó concretándose ayer.
El mercado de Dorrego, en Alvarez Thomas y Dorrego, en el barrio Colegiales, se destinó en 1988 como « mercado de pulgas». Hasta su desalojo se habían contabilizado 130 puestos en el lugar, que se caracteriza por la venta de muebles y objetos antiguos, pero de acuerdo con un censo del año pasado, también algunos puestos estaban dedicados a la restauración, una actividad que por el uso de materiales inflamables no está permitida allí. Además habría puestos utilizados como simples depósitos de artículos que se comercializarían en los anticuarios del barrio de San Telmo.
La puesta en valor del predio costará unos $ 5.200.000 y está adjudicada, pero no pudo iniciarse por la negativa de algunos comerciantes a trasladarse a un predio cercano destinado para ese fin.
Reapertura
El ministro de la Producción porteño, Enrique Rodríguez, estimó que podría volver a funcionar en un plazo de seis meses, después de desalojar el lugar, ayer a la madrugada, concretando la orden judicial.
Tras la medida, llegaron de visita los legisladores del ARI Enrique Olivera y Teresa Anchorena y el de izquierda Sergio Molina. Todavía en el lugar quedan muebles y artículos que estaban a la venta.
Olivera propone ahora una norma para que los decretos y resoluciones que se dictaron durante la gestión de Aníbal Ibarra, para censar a los comerciantes y registrarlos cobre fuerza de ley.
Anchorena dijo que «a pesar de los lamentables hechos ocurridos en estos días, el nuevo Gobierno de la Ciudad tiene todavía la oportunidad de encontrar junto con los puesteros, vecinos y la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires una solución justa a este conflicto que afecta a una de las expresiones culturales más interesantes de la Ciudad, como lo es el Mercado de las Pulgas».
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