El bloque justicialista en el Senado entró en crisis, y no por Carlos Menem o Eduardo Duhalde. La razón es otra: hay sublevación contra José Luis Gioja, el sanjuanino convertido en jefe de bloque luego del obligado renunciamiento de Augusto Alasino. Para algunos, la crisis explotará la semana próxima, no se sabe si con la ruptura del bloque o con el pedido de dimisión de Gioja.
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¿Qué sucede con el representante de San Juan, antes discreto y negociador y ahora acaparador de cámaras? Sucede que la pasión televisiva -se supone-más el consejo de espontáneos e interesados asesores lo han malquistado con sus colegas de bloque. Le dejaron pasar, por ejemplo, haber anti-cipado la aprobación de los superpoderes antes de que se decidiera en la mesa, pero ahora no le toleran la difusión de la carta personal del gobernador José Manuel de la Sota a Beatriz Raijer, hecho que le endilgan con más de un fundamento. No le toleran el protagonismo, pero sobre todo porque lo construye sobre la violación de secretos de la Cámara.
Hay una obvia responsabilidad tras este gris senador: dos repentinos asesores, con pasado y actividad comunes en Diputados, fuertemente vinculados al gobierno. Uno es Miguel Angel Toma, quien atacado el fin de semana pasada de una pasión legislativa infrecuente asistió entero a la aburrida sesión del Senado -y a sus conciliábulos-como si fuera un hombre de esa casa. Como es de imaginar, hubo más de una sospecha entre los senadores por esa vocación laboral de Toma. En rigor, lo imaginan como un satélite de quien verdaderamente opera sobre Gioja: el nunca olvidado José Luis Manzano, hoy llamado a la cercanía de Domingo Cavallo como en los tiempos en que era ministro de Menem. Después de todo, Gioja y Manzano son dos cuyanos.
• Mensajes
Manzano regula sus apariciones -por ejemplo, fue como médico a ver cómo estaba Humberto Roggero en La Pampa-, tal vez por obvias razones: hace poco, al viajar a los Estados Unidos, cuando atravesó el hall hacia American Airlines, soportó un aluvión de insultos y la seguridad del aeropuerto debió intervenir porque los quejosos deseaban pasar de las palabras a las manos. Ese semiocultamiento que practica también alcanza al Senado, donde prefiere enviar mensajes por intermediarios -léase Toma-en lugar de hacerlo personalmente. A ver si también arde el Congreso.
Gioja, entonces, sólo cuenta con tres bastones cercanos, presuntamente superiores a él: Carlos Corach, Eduardo Bauzá e, intermitentemente, Eduardo Menem. Son ellos tres --algu-nos afines a Manzano-la reserva de Gioja, a quien objetan también una lealtad superficial por el cautivo en Don Torcuato, Carlos Menem. El reproche es general, al menos de los cuarteles que se le oponen. En esos círculos se alinean más soldados, tal vez menos conocidos, pero de fuerte influencia en el Senado y de indudable hegemonía en el bloque: Carlos Verna, Alberto Tell, Beatriz Raijer, Carlos Branda, Osvaldo Sala, Remo Costanzo, Au-gusto Alasino y José Carbone-ll, entre otros.
Parece una fuerza de choque con mínima presencia en los medios pero con gravitación evidente a la hora de las negociaciones del Senado, por lo menos hasta diciembre. Son ellos los que van contra Gioja & Cía, los que están por romper con bloque propio o para destituir a su jefe. Más que un golpe de Estado, se avecina una nueva conducción.
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