8 de diciembre 2005 - 00:00

Australia, enojada

Si bien las continuas declaraciones de Rafael Bielsa ayer no tenían casi desperdicio, hubo una que ciertamente no lo habilitaba a justificarse como ex canciller, cargo que ocupó durante más de dos años. Es que, frente a una pregunta sobre si su designación en Francia significaba el exilio político, respondió: «No, eso hubiera ocurrido si me hubiesen designado en Canberra». O sea, poco profesional y poco serio, ya que la Embajada de Australia bien podía presentar una protesta. Lo mismo que Francia que, al parecer, se ha enterado de que Bielsa sería representante argentino en París y, anoche, de que no lo sería. Aunque el medio tradicional de la diplomacia es que, antes de nombrar a un embajador, primero se notifica al país y éste luego concede o no el plácet. No parece que eso ocurriera con los galos.

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