Blumberg, a un retiro para no dañar a Macri

Política

Juan Carlos Blumberg estiró la intriga 72 horas entre la culpa, las sospechas y el temor. Finalmente, el sábado, confirmó lo que este diario reveló el jueves: que no es «ingeniero» a pesar de que, usualmente, se presentaba -o dejaba que lo presentaran- con ese rótulo.

En su descargo, que en rigor fue una admisión de su culpabilidad, Blumberg habló de su «error» por «no aclarar» cuando lo llamaban ingeniero, lo atribuyó a un «acostumbramiento» y pidió perdón. Evitó, además, considerarlo un ataque en su contra.

Luego del encierro de la semana pasada -estuvo en su casa, casi postrado por una gripe que cualquier médico catalogaría de somática-, que rompió para admitir en público que no es ingeniero,Blumberg se resguardaráhasta después del ballottageporteño.

Hasta anoche no lo tenía definido, pero es probable que mañana Blumberg se recluya en un monasterio de un pueblo del noroeste de la provincia de Buenos Aires. Otra alternativa que evaluaba era viajar a Europa, puntualmente a Francia, por algo más de una semana.

  • Razones

    Dos razones empujaron a Blumberg a salir del radar por unos días:

  • Antes que nada, para que la polémica sobre su condición de «ingeniero» no perjudique a su principal socio político, Mauricio Macri, en el tramo final del ballottage en la Ciudad de Buenos Aires. Macri lleva una ventaja considerable en la disputa porteña, y el gobierno, a través de voceros oficiales u oficiosos, no desaprovechó el « incidente» Blumberg para intentar dañar a Macri. Por esa razón, el líder de PRO optó por pedirle a Blumberg que aclare la versión: lo hizo en público y en privado, lo que apuró la reacción del padre de Axel para admitir que no es ingeniero.   

  • Golpeado -«abatido», según la definición de un dirigente que lo frecuentó en las últimas horas-, Blumberg decidió replegarse para sondear dentro de un tiempo cómo afectará el incidente su potencial candidatura a gobernador.De cómo impacte su figuray la intención de voto del orden de 20% que le otorga la mayoría de las encuestas, el padre de Axel definirá sus próximos pasos.

    Detalle: hace apenas diez días, Blumberg tenía decidido participar de dos eventos que funcionarían en la práctica como -aunque sin el marco formal ni oficial- procedimiento de instalación y lanzamiento de su candidatura a gobernador de Buenos Aires.

    Este diario lo contó una semanaatrás. Mañana Blumberg participaría de un debate en la fundación Atlas con otros aspirantes a la gobernación donde, por primera vez, saldría del temario cerrado de la seguridad para disertar un tema sensible para la provincia: la coparticipación federal.

    El plato fuerte llegaría cuatro días después. El sábado, en Casa Suiza, el dirigente encabezaría un acto organizado por peronistas disidentes que levantarían su postulación a gobernador. Estarían sectores de Peronismo de Pie (PdP), macristas y ex duhaldistas.

    Nada de eso ocurrió: una recaída de salud de Blumberg, un entrevero con otro precandidato, el empresario Francisco de Narváez y la difusión frenética por parte de la Casa Rosada y dirigentes del kirchnerismo de la versión del título trucho congelaron la jugada.

    Por esos días, en la intimidad, Blumberg evaluó con sus colaboradores -no siempre en buenos términos- el modo de abordar la crisis que, sabía, se le venía encima.

    Hay que detenerse en un punto: el padre de Axel sospecha -por decirlo con sutileza- que detrás de la «operación» que reveló que no es ingeniero está De Narváez, con quien tiene, desde hace tiempo, una pésima relación.

    «Que se vaya a presentar como candidato a concejal en Pilar», lo destrató tiempo atrás cuando un grupo de dirigentes le habló del empresario como potencial socio en una fusión de todos los sectores de la oposición anti-K.

    Sin embargo, públicamente, Blumberg evitó -y evitaráatribuir responsabilidades por la trascendencia del no título. «Fue un error: Juan Carlos ya lo reconoció y pidió perdón cristiano. No importa cómo se supo porque es verdad», decían, ayer, en su círculo de colaboradores.

    Quizá para rezar, Blumberg se refugiará unos días -hasta después de la segunda vuelta porteña- en un monasterio.
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