¿Bonafini también "borocotorizada"?

Política

La no aparición aún del testigo del caso Etchecolatz, Julio López, no sólo hace estallar al gobierno sino también al arco de las organizaciones defensoras de los derechos humanos de izquierda. La salida de Hebe de Bonafini descalificandoal testigo como «familiar de policías» y negando que sea «ni militante ni desaparecido» dividió a ese espacio que salió a pronunciarse a través de la prensa y, principalmente, de las páginas Web desde las cuales se expresan. Elegimosuno de los pronunciamientos más agrios para ejemplificar ese hecho, que reproduce el sitio Argenpres y se titula «El final de una ilusión». Veamos los principales párrafos que firma el militante Daniel Cadabón.

La ilusión es un concepto o una representación sin verdadera realidad, es algo que nos es sugerido por la imaginación o causado por un engaño de los sentidos. La ilusión es, asimismo, una esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo a nuestra subjetividad y muchas veces transformamos aquello que no pasa de ser un simple deseo subjetivo en algo que aparece como objetivo, pero que en realidad, no es más que pura apariencia ilusoria. En resumen. La ilusión se sostiene entonces... en pura ilusión.

(...) Mientras se producía la desaparición de Jorge López, Kirchner hacía sonar la campana en Wall Street convocando nuevamente a los inversores internacionales a mantener «relaciones carnales» con la Argentina. El Presidente no se privó de nada. Mientras seducía a Wal-Mart, a Exxon, a Occidental Petroleum, Cargill, etc., se paseaba por la Quinta Avenida de la mano de Jorge Brito, del Banco Macro, y Paolo Rocca, del grupo Techint; a un costo de 15 mil dólares diarios.

Kirchner se compromete a destinar 14.000 millones de pesos del Presupuesto 2007 para pagar intereses de la deuda y 15.900 millones más, según el oficialista «Página/12», para seguir subsidiando a los grandes grupos económicos. Ya se sabe quién gana y quién pierde en estas relaciones que ya llevan décadas en nuestra historia.

El presidente Kirchner se caracteriza por los grandes gestos y los discursos precarios, ramplones y cambiantes. La demagogia oral contrasta con los hechos en una forma brutal. Kirchner critica al FMI, mientras paga más que ningún otro gobierno; habla de la nueva política, pero está rodeado de los canallas de siempre; sostiene que su gobierno es el representante de los derechos humanos, pero han crecido, como nunca antes, los procesados, los presos políticos y las víctimas del gatillo fácil. Se considera «hijo de las Madres de Plaza de Mayo» cuando manda descolgar dos cuadros, pero cuando los genocidas vuelven a la actividad, reprende a aquel que hable de « desaparecidos en democracia», prefiriendo que se hable en términos de «no encontrado», eufemismo patético destinado a no complicarle la elección. Kirchner cumple con todas las reglas de la ilusión: es pura apariencia. Pero es algo más que esto, es un cagón.

Al término de la marcha del jueves 28 de setiembre, Hebe de Bonafini se reunió con el Presidente y su señora esposa para analizar el «caso López». Fue en esta reunión en la que se cocinó la estrategia de mandar al frente a Bonafini, con declaraciones tan repudiables que es casi inexplicable que provengan de una madre de desaparecido.

Fue en esta reunión en la que «el hijo de las madres» habrá mostrado su preocupación por el desaparecido en democracia pidiendo a Hebe que saliera a defender su gestión. «Me lo hicieron a mí, Hebe», «es una maniobra en contra de nuestro gobierno.»

Y Bonafini salió con los tapones de punta, dijo que hay que analizar bien el «caso López» porque este hombre «tiene un hermano policía y vive en un barrio de policías», puso en duda el comportamiento de Jorge mientras estuvo detenido; reactivó el viejo argumento del terrorismo de Estado señalando que López puede estar en otro lugar (la dictadura sostenía que los hijos de Hebe estaban en Europa); reanimó la teoría de los dos demonios, al declarar que la desaparición del compañero es una maniobra de la izquierda y la derecha en contra de Kirchner, etcétera.

Tan lamentables y repugnantes fueron las declaraciones de Bonafini que hasta los propios Kirchner y Solá salieron a diferenciarse, después de haberlas promovido. Realmente hay que ser un cagón para mandar a tu «madre» al frente.

Pero Hebe no es inocente. El repudio público que merecen sus declaraciones son el alto precio de su «borocotización».

De su pasaje sin principios al gobierno de la pura apariencia. Bonafini, con treinta años de lucha como una reconocida militante de la «aparición con vida», ha quedado a la altura de un D'Elía, lo que no es poco decir.

Que hasta el momento no haya detenidos ni sospechados muestra que el gobierno va en el camino de una negociación más que de un enfrentamiento. Las declaraciones de Solá sobre el primer «desaparecido en democracia» son tan reales que dan la idea de que la patota pejotista bonaerense ha comenzado a contar, nuevamente como en el 74. Los vínculos de los represores con el aparato del Estado son muchos, y sus relaciones son de larga data. El caso «Juanjo» Alvarez muestra que están insertos en el poder a través de sus partidos. La financiación de las patotas criminales no es una cuestión menor; hay que investigar las cuentas bancarias de los «viejos» financistas de la represión en nuestro país. Abrir los archivos de la SIDE y ver cuántos de estos grupos siguen en operaciones dentro y fuera de las fuerzas represivas del Estado.

El presidente Kirchner descansa en El Calafate esperando que el «caso López» se transforme en un caso olvidado que no empañe su reelección. Menem hacía lo mismo, en épocas de la AMIA, yéndose a «la Rosadita» de Anillaco en La Rioja. Mientras tanto, el compañero López, a sus 76 años, puede estar reviviendo en un sótano frío y húmedo los peores momentos de su desaparición el 27 de octubre de 1976.

La ilusión del kirchnerismo se hace pedazos. Como toda ilusión que cae llega el momento de decir «ahora comprendo». Con vida se lo llevaron, con vida lo queremos.

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