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20 de agosto 2002 - 00:00

Búsqueda de un presidente

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Es inobjetable porque el designado, en definitiva, representará a la mayoría de los ciudadanos de la Nación y no se cae en la trampa actual del «voto travesti» que propician los decretos del gobierno duhaldista mandando a internas -inevitablemente fraudulentas-si los afiliados de partidos, que no votan, por tener lista única según los decretos, pueden ir a alterar de otro partido, que sí vota por poseer distintos postulantes. No sólo se favorece esa gravísima anomalía sino que los «votantes travesti» irían a apuntalar al


Venimos de dos presidentes débiles. Fernando de la Rúa por provenir de una alianza sin cohesión en ideas ni propósitos, o sea meramente «electoral» para ganar unos comicios, por tanto sin posibilidad de ejecutar, desde la captura del gobierno, un programa coherente. Así nos fue.

Luego, tras el interinato confuso de Adolfo Rodríguez Saá llegó un presidente como Eduardo Duhalde, débil por no provenir del voto sino de una designación parlamentaria forzada tras un golpe de Estado contra Rodríguez Saá para desplazarlo -desde el «club bonaerense»- aunque esta vez tal «golpe» no haya provenido de militares como en el pasado.

Insistir en un presidente de la Nación también endeble por provenir de «internas» anómalas, tal como hoy está planteada por los decretos, será fatal para el país.

Es más factible que Estados Unidos y los organismos internacionales ayuden a hombres de izquierda como Lula o Ciro Gomes en Brasil, si ganan limpiamente con sufragios, que a un mandatario argentino que se imponga con manipulaciones electorales.










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