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Palabras agradables para el oído bonaerense. Pero mientras el Presidente hace estas afirmaciones, es él quien le paga a su padre electoral los viajes por Europa -a los que no va solo, claro-, la última parada en España (con la realeza incluida) y en Bélgica. La generosidad argentina con el Mercosur es notable: no sólo colocó al embajador, Duhalde, sino que también le obla salarios y gastos para nadie sabe qué misión en concreto tiene el vecino mayor de Lomas de Zamora.
Por el momento, el bonaerense ha logrado entablar relaciones personales con distintos jefes de Estado, vínculos que le garantizan un trato social casi desconocido para él, y realiza en ese ejercicio casi un curso acelerado sobre política exterior y economías regionales. Pero esta aplicación individual, que constituye simultáneamente una fuga de sus responsabilidades políticas y partidarias en el país, le rinden a Duhalde un rédito interesante.
Nadie sabe, sin embargo, cuál es la razón por la que los contribuyentes solventan estas giras internacionales, verdaderos privilegios para una sola persona y su corte, determinación que impuso Kirchner, el mismo que no está atado a ningún cacique pero que, a la hora de la caja, cumple como si lo estuviera.
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