El breve paso del presidente de la Cámara de Diputados, el bonaerense Eduardo Camaño, por la Casa de Gobierno en dos oportunidades, fue la única actividad que se detectó durante la jornada de ayer en la sede gubernamental, ya que la atención estuvo focalizada en el desarrollo de las negociaciones encaminadas a que la Asamblea Legislativa nominara un nuevo jefe de Estado. Camaño debió hacerse cargo del provisoriato ante la renuncia del presidente provisional del Senado, el misionero Ramón Puerta, que debió ejercer similar responsabilidad en el interinato entre la renuncia de Fernando de la Rúa y la asunción de Adolfo Rodríguez Saá. Todo en los últimos 15 dramáticos días.
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Camaño hizo ayer un breve paso por Balcarce 50 al mediodía, antes de partir hacia el Congreso para participar de las deliberaciones previas a la sesión de la Asamblea Legislativa. Para esas horas tuvo oportunidad de reunirse con su jefe provisorio de Gabinete, el veterano Antonio Cafiero, que estaba listo para asumir como senador nacional suplente de Duhalde. En cuanto éste fuera ungido presidente y renunciara a su banca, mucho antes de lo previsto cuando aceptó ir en esa lista el 14 de octubre pasado, con la promesa de Duhalde de renunciar a ella apenas fuera candidato a gobernador en 2003.
El lunes, la única presencia saliente fue la del ministro provisorio del interior Rodolfo Gabrielli, quien formalizó sus últimos actos de este breve gobierno con la entrega de bonos LECOP para las agotadas arcas de las provincias de Jujuy, San Juan, Entre Ríos y Mendoza. Esta última gobernada por Gabrielli entre 1991 y 1995, y administrada por él desde el Ministerio de Economía de Mendoza, del '87 al '91, con José Octavio Bordón.
También evaluó Camaño las medidas de seguridad junto al secretario de Seguridad, Juan José Alvarez, para prevenir incidentes en la actividad oficial prevista para el siguiente recambio institucional. Con medidas como el acuartelamiento de la Policía Federal y la Gendarmería Nacional, ante la posibilidad de desórdenes el 1 a la madrugada, sobre la Plaza de Mayo, que felizmente no ocurrieron. Aun cuando muchos desequilibrados estimaban ideal la oportunidad para reprimir, ante la virtual ausencia de gobierno.
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