El embajador de los Estados Unidos, Earl Anthony Wayne, conmemoró el Día del Veterano de Guerra estadounidense en su residencia. Fue una recepción el viernes al mediodía, magnífica por la variedad y cantidad de canapés y licores que hicieron estragos en más de un uniformado, pese a que resistieron a pie firme hasta el fin del ágape como cuadra a gente de armas. El motivo del homenaje convocó una constelación de militares de todos los países con representación en la Argentina (claro, amigos de los Estados Unidos) y se animaron tres funcionarios del Ministerio de Defensa: el secretario de Asuntos Militares, Alfredo Forti, y los subsecretarios Germán Montenegro y Gustavo Sibilla.
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El idioma gestual de sus interlocutores delataba esa condición de prudencia ante el que está de salida en la gestión pública. Nadie se acercó a menos de un metro salvo para el saludo de protocolo. No sea que se contagiaran del mal. Más animados, en cambio, los legisladores de las comisiones de Defensa del Congreso: Nora Ginzburg acababa de presentar un pedido de informe al Ejecutivo por los constantes accidentes de aeronaves militares; Jorge Villaverde estaba locuaz ante la ausencia de la precandidata a suceder a la Garré, la senadora Marita Perceval.
Las palabras del embajador y del agregado de defensa norteamericano Douglas Legenfelder ensalzaron el rol de los militares en la Segunda Guerra Mundial y en conflictos más recientes. Mencionaron uno por uno a los países que participaron con tropas en la contienda mundial (de esta parte del continente sólo Brasil, como se sabe). Y luego, quizá para disimular la conocida ambigüedad de la Argentina, agradecieron el esfuerzo del país en las misiones de paz. Otra forma menos ortodoxa de veteranía militar.
Antes del bandejeo el embajador Wayne premió a dos militares argentinos por sus esfuerzos para profundizar la cooperación entre la Argentina y Estados Unidos, ambos fueron agregados en aquel país. Recibieron la medalla el brigadier Rafael Márquez y el capitán de navío Javier Valladares, quien sorprendió por estar con ropas civiles. Costumbre poco castrense según opinaron otros, salvo que haya algún motivo disciplinario que le impida el uso del atuendo militar. Como era una fiesta de ambiente militar interesaba sólo información del área. Por decoro no se levantaron apuestas sobre el próximo ministro de Defensa, ni siquiera los norteamericanos, bien informados, arriesgaron más nombres que los ya conocidos: Perceval o el autopostulado Aníbal Fernández. Sí circuló una versión alimentada por gente de verde oliva, Carlos Kunkel, a quien Roberto Bendini suele dirigirse (se entiende que en broma) como «comandante Kunkel».
También hubo aprontes sobre la sucesión en las jefaturas militares, las más habladas eran la del Ejército y el Estado Mayor Conjunto (EMC). A Roberto Bendini se lo ubica al frente del EMC, habida cuenta de cierto pedido de último momento que hizo a Carlos Zaninni cuando éste le requirió datos acerca de la reforma del Instituto de Ayuda Financiera (la caja de previsión de los militares). Y de relevo aparecen el general Gustavo Shurlein o el general Eduardo Anschutz.
Ironía
En la Armada suenan dos contraalmirantes: Luis Manino y César Moujan. El primerohubiera sido número puesto si estuviese José Pampuro ya que tiene 20 centímetros menos de estatura, bromearon divertidos los informantes. De Moujan se sabe poco, aunque en Defensa ya tamizaron datos del pasado de su padre marino, funcionario político en dos gobiernos militares.
Se filtraron dos apellidos de hombres del aire: el brigadier Daniel Llera, actual director de LADE, y el brigadier Eduardo Victorio Alvarez, actual comandante de material, justo dos altos oficiales de la Fuerza Aérea que manejan adquisiciones de equipos y aeronaves.
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