El macrismo se esforzaba anoche por conseguir los cuatro votos que le faltan para aprobar al menos una de las leyes de financiamiento que apura Mauricio Macri. Pero, el discurso del jefe de Gobierno porteño irritó al kirchnerismo que, a pesar de su propia convulsión interna, se abroqueló en contra del macrismo. Tampoco la Coalición Cívica, bloque que preside Enrique Olivera, estuvo dispuesta ayer, en la reunión de Labor Parlamentaria, a acercarle votos al oficialismo de la Ciudad.
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El titular del bloque Frente para la Victoria, Diego Kravetz, quien deambula por las carpas del Congreso, replicó duramente ayer a Macri, diciéndole que «debería darle vergüenza su no gestión», en cambio de sentirse así por las tiendas. Ni siquiera los más dialoguistas, como el propio Kravetz, Juan Manuel Olmos o Silvia La Ruffa, se inclinaron por facilitarle las votaciones al jefe porteño. Si bien los adherentes al gobierno nacional y los macristas nunca tuvieron sintonía plena, nunca se habían trabado las votaciones como prometen ahora. De ese modo no habría votos hoy para sancionar la norma que le permite al Gobierno porteño la emisión de una nueva serie de bonos Tango, ni tampoco la semana próxima para emitir pagarés a proveedores para saldar $ 800 millones que dejó impagos Jorge Telerman.
Para mayor mortificación de Macri, el lunes debutará su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, rindiendo su primer informe ante la Legislatura y lo enfrentarán los bloques de la oposición que contarán con 140 minutos para explayarse.
Pero lo peor, el macrismo cree que vendrá del gobierno nacional. El jefe porteño necesita avales que debe firmar Cristina de Kirchner para tomar una crédito del BID por u$s 1.500 millones que volcará a la construcción de subtes, y ya piensan que no existirá esa garantía, a menos que se termine el conflicto con el campo y la puja entre los distritos pase al olvido.
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