Implacable a la hora de juzgar, aunque escuálida a la de lograr votos, la Izquierda Unida se abalanzó contra los "gordos" de la CGT, ahora unificada, y de la CTA de Víctor de Gennaro, alimentando sus argumentos con el oficialismo que caracteriza a las dos ligas sindicales. Esta fuerza con pocos votos sale ahora a sostener manifestaciones antisistema, como lo hace la diputada Vilma Ripoll cuando defiende a los atacantes de la Legislatura adonde ella tiene una banca y cobra un sueldo por aprobar leyes, y rechaza obviamente la idea de que los gremialistas se conviertan en una alternativa frente a los piqueteros. El punto de partida parece legítimo, más allá de lo extravagante de las soluciones que propongan, por la escasa capacidad de los sindicatos argentinos para admitir una democracia íntegra que renueve elencos. Veamos la publicación de "Alternativa Socialista" en su última entrega.
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Todos los medios reflejaron que detrás de la trenza por la cual se tejió este acuerdo estuvo la muñeca del gastronómico y senador nacional Luis Barrionuevo; algunos agregaron que participó también el radical experto en operaciones política, Enrique «Coti» Nosiglia, socio del gastronómico.
En los discursos y en las primeras entrevistas, Moyano y los otros dos secretarios generales destacaron la voluntad dialoguista de la CGT con el gobierno. Moyano declaró que no le habían pedido una cifra de aumento salarial al Presidente, ni siquiera le pusieron un tiempo para que les conteste. El único pedido concreto es que se reuniera la Comisión del Salario Mínimo.
Pero los salarios de los trabajadores de los sindicatos que se unieron en la CGT han perdido en los últimos años dos tercios de su poder adquisitivo. La mitad de todos los trabajadores del país cobran salarios en negro, y dos millones viven con menos de $ 150 por mes. Mientras que la flexibiliazación laboral y la multiplicidad de tareas han destruido viejas conquistas, situación esta que fue avalada por los dirigentes sindicales.
Estos dirigentes millonarios, responsables en complicidad con los gobiernos de haber dejado pasar la mayor desocupación de la historia del país, cuestionan hoy los métodos de lucha de los desocupados. En la primera reunión con Kirchner la conducción cegetista se limitó a escuchar de boca del Presidente la posibilidad de un «aumento» de $ 50, que después fue desmentido por el propio Presidente a pedido de su ministro de Economía. Es más, el propio Kirchner se ocupó de saludar la unidad de los sindicalistas porque serviría para «contener» la protesta social y en ese sentido el Presidente
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