El efecto dominó cruzó en diagonal el país y llegó a Misiones, donde el gobernador Hugo Passalacqua agitó la consigna "Lo que se ama no se vende", a través de un mensaje en sus redes sociales y una pintoresca gorra con el lema estampado. De esta manera, dio un nuevo paso en su nuevo perfil opositor a Javier Milei, lejos de lo que pretende el poderoso Carlos Rovira, que por ahora juega callado.
Los caciques se disgustaron por la conferencia de prensa en la que Patricia Bullrich les agradeció votos positivos que todavía no estaban cerrados. Es que, para los mandatarios, no hay nada más incómodo que quedar expuestos; y más cuando la falencia es ajena. Por eso, le picaron el boleto a la extranjerización de la tierra.
Más sigiloso que sus colegas, en cambio, se mostró el salteño Gustavo Sáenz. Su senadora, Flavia Royón, recién hizo trascender que votaba en contra cuando el capítulo 3 estaba prácticamente afuera del proyecto. Esa noche, apenas pasadas las 22, Sáenz apeló al folklore para despegarse del todo. Lo hizo mediante la canción "La Argentina que yo quiero", canción de Los Chalchaleros, que compartió en sus redes sociales.
"Mi Patria es soberana y su rango es de Nación/jamás será colonia gobernada desde afuera", reza la oda compartida por el mandatario norteño. Un día después, al cierre de la sesión en la Cámara alta, la jujeña Carolina Moisés reveló que su vecino de Salta le había enviado ese mismo tema para graficar las peripecias del proyecto de Federico Sturzenegger. Tanto Royón como Moisés votaron en contra. El poder de la música.
De Tini a Lisandro Martínez, los famosos que se metieron en la pelea por la ley de Tierras
La ley de Tierras consiguió sacar a los famosos de la pantalla y llevarlos al barro legislativo. En las horas previas a la sesión del Senado, distintas figuras de la música, el deporte y la actuación utilizaron sus redes sociales para cuestionar la iniciativa del Gobierno y difundir la convocatoria frente al Congreso. Entre los nombres que se sumaron estuvieron Lali Espósito, María Becerra, Emilia Mernes, Tini Stoessel, Nicki Nicole y el defensor de la Selección argentina Lisandro Martínez.
Instagram Oficial Tini Stoessel
La consigna que circuló con fuerza fue “La patria no se vende”, acompañada por mensajes contra la posibilidad de ampliar la participación extranjera en la propiedad de tierras rurales. Lisandro Martínez, por caso, compartió publicaciones vinculadas al debate y se convirtió en uno de los deportistas que tomó posición sobre una discusión que, hasta hace poco, parecía reservada a gobernadores, senadores y dirigentes rurales. También hubo actores, influencers y referentes culturales que se sumaron al rechazo y alentaron la movilización. En Balcarce 50 admitieron que los posteos fueron leídos en los despachos oficiales, y que el Ejecutivo perdió la batlla por la narrativa.
En los despachos del Senado, mientras tanto, la preocupación era bastante menos artística y bastante más matemática. El oficialismo terminó retirando el capítulo de extranjerización de tierras y de Manejo del Fuego ante la falta de votos y la presión de los aliados, después de semanas de negociaciones.
Patricia Bullrich, a los gritos por el pin de Malvinas
Patricia Bullrich fue una de las grandes perdedoras de la sesión de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Pero además, durante la sesión, la jefa del bloque de La Libertad Avanza protagonizó un particular reclamo cuando advirtió que no les habían entregado el pin de Malvinas que llevaban varios legisladores de Unión por la Patria. La escena terminó con Bullrich a los gritos y el reclamo por el distintivo convertido, por unos minutos, en uno de los episodios más comentados de la jornada.
Patricia Bullrich y el reclamo por el pin de Malvinas.
El pin llevaba la leyenda “Las Malvinas son argentinas” y reproducía el diseño de la bandera que la Selección argentina mostró después del triunfo ante Inglaterra en el Mundial. Los senadores peronistas llegaron al recinto con el prendedor colocado en sus sacos. Bullrich quiso tener el suyo y reclamó que el reparto también alcanzara al bloque libertario. "¿Por qué no nos dieron el pin?", interrogó no sin dificultades en su pronunciación y remató: "Se quieren hacer los dueños de algo que no respetaron".
Además, Bullrich venía de atravesar otro momento incómodo: el oficialismo tuvo que retirar el capítulo de extranjerización de tierras y la ley de Manejo del Fuego para conseguir los votos y salvar la sesión.
Búnker, rosca tech en el Valle de Uco y el "efecto Milei" apocalíptico
El proyecto Wamani en el Valle de Uco, Mendoza, impulsado por Martín Varsavsky e inversores de Silicon Valley, se posiciona como un refugio de 32.000 hectáreas diseñado para la autosuficiencia ante escenarios de conflicto global. El plan, detallado en un artículo del Financial Times, combina la paranoia apocalíptica con el confort premium y la inversión inmobiliaria, buscando refugio en el Cono Sur con viñedos propios y alta conectividad.
Más allá del turismo, los impulsores buscan blindar el refugio del colapso digital instalando modelos de IA autónomos, mientras asesores como Eric Major proyectan una "visa de la tranquilidad" para atraer a la comunidad tecnológica de California, según se dicen entre colegas del ámbito corporativo. La estrategia incluye el abastecimiento propio y la seguridad perimetral ante la creciente inestabilidad geopolítica que percibe esta élite tecnológica.
Martín Varsavsky y su esposa, junto a Milei.
Presidencia
El concepto central, denominado “Visa de la tranquilidad”, propone ofrecer residencia y ciudadanía a cambio de una inversión de 5 millones de dólares, tomando como referencia la “Visa de Oro” impulsada por Donald Trump. Esta iniciativa busca atraer a inversores internacionales ofreciéndoles un refugio exclusivo ante escenarios globales adversos, facilitando el acceso a propiedades en zonas de alto valor.
El proyecto combina la realidad de la inversión con el interés personal de Varsavsky en la distopía, descrito incluso en borradores de novela del empresario sobre escenarios apocalípticos. La apuesta es transformar las tierras andinas en un santuario ante un posible conflicto bélico nuclear en el hemisferio norte.
EEUU, campeón
El club Comunicaciones, en el barrio porteño de Agronomía, fue el escenario donde Peter Lamelas, el embajador de los EEUU, levantó la copa de campeón. Es que este sábado se disputó, en un clima festivo y de camaradería, la final del Torneo Diplomático de Fútbol, organizado por el Club Diplomático de Argentina, que enfrentó a los equipos de la Embajada de los Estados Unidos y de la Delegación de la Unión Europea.
El resultado fue 5 a 2 a favor de los norteamericanos, que remontaron el score tras empezar perdiendo. Además, en la previa de la gran final se disputó el encuentro por el tercer puesto, protagonizado por los equipos de las embajadas de Francia y Japón. Y la mayor sorpresa fue la presencia de Lamelas, acompañado por su esposa Stephanie. El embajador no solo dio el puntapié inicial, sino que además vibró con la final y celebró la victoria de sus muchachos.
Lamelas, antes de que comience el partido.
Tanto los equipos como el torneo están conformados por diplomáticos de las distintas embajadas y representaciones acreditadas en Buenos Aires. La competencia, organizada por el Club Diplomático de Argentina, constituye desde hace 25 años una tradición dentro de la comunidad diplomática, y apunta a la integración entre representantes de diferentes países a través del deporte.
Antes del comienzo del encuentro, donde se entonaron los himnos de la Unión Europea y de los Estados Unidos, Lamelas brindó una vibrante arenga a su equipo, deseándoles también un buen juego a sus rivales europeos. Al embajador se lo notó entusiasmado y se lo vio conversar con Juan Pablo Orellana, uno de los creadores del Club junto a su hermano Christian Orellana, sobre la reciente Copa Diplomática de Tenis. En esa competencia, el ganador fue el embajador del Reino Unido, David Cairns, y participaron también los embajadores de India y Japón, entre otros representantes diplomáticos.
Lamelas y su mujer partieron tras el encuentro, y se perdieron el tercer tiempo, con abundantes barcos de sushi que coronaron la velada.
Lamelas y su mujer con Orellana, titular del Club Diplomático.
Aunque en el mundo diplomático, hubo otros quinchos. El más conspicuo ocurrió en el Hotel Emperador, donde la Cámara de Comercio Argentino-Israelí (CCAI) realizó un ágape para despedir al embajador del Estado de Israel en la Argentina, Eyal Sela. Buena parte de la dirigencia política se dio cita, entre ellos el canciller Pablo Quirno, quien sudaba cada vez que alguien deslizaba el conflicto con Brasil. Es que el encuentro se desarrolló en paralelo a la decisión de Lula de retirar al embajador del país, tras un nuevo agravio de Javier Milei al presidete brasileño.
Sela señaló que Argentina fue "el mejor país" donde desarrolló su carrera diplomática. Y, para hilar con el trofeo que levantó Lamelas, dejó apostillas futbolísticas: destacó haber estado en el país en Qatar 2022 y en este Mundial 2026, donde Argentina salió campeón y subcampeón, respectivamente. "Nada mal", dijo, mientras algunos contertulios lo tildaban de amuleto en lo deportivo. Sela, de hecho, terminó siendo un fanático del fútbol, y recordó haber visitado los estadios de Chacarita (en un partido contra Tristán Suarez) y también el de Gimnasia de La Plata.
Durante el evento, se presentó el libro de Fabián Autori, "Geopolítica del Encuentro". También la Cámara hizo entrega de un certificado por la plantación de un árbol en el Bosque KKL Nova, en Mendoza, un espacio impulsado por Keren Kayemet LeIsrael en homenaje a las víctimas del Festival Nova del 7 de octubre.
Entre los presentes hubo empresarios y parte de la plana mayor de la política y al Justicia. Ricardo Lorenzetti, Carlos Mahiques, Mariano Borinsky, Sebastián Amerio, diptuados como Sebastián Pareja, Lilia Lemoine o Juliana Santillán, además del presidente del Banco Nación, Darío Wasserman, o el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, vicealmirante Marcelo Alejandro Dalle Nogare, fueron de la partida en el cóctel. Mario Montoto, presidente de la Cámara fue el anfitrión y se lo vio animado dialogando, por caso, con Mario Grinman, Gustavo Weiss, Adrian Werthein y Carlos Stornelli.
Mario Montoto y el embajador Sela.
El embajador Eyal Sela tomó la palabra para hacer un balance de su misión diplomática. En ese contexto, parafraseó la célebre frase inicial de Historia de dos ciudades, de Charles Dickens: “Fue el peor de los tiempos y fue el mejor de los tiempos”. Al referirse al 7 de octubre y a la guerra desencadenada desde entonces, afirmó: “Fue el peor pogrom de la era moderna desde el Holocausto. Al mismo tiempo, fue el mejor de los tiempos, porque muchos de ustedes —instituciones, organizaciones y empresarios— salieron masivamente a las calles para decir no al terrorismo”. También destacó la voluntad del presidente Javier Milei, a quien reconoció como el mejor amigo de Israel: “Estamos en un momento óptimo de las relaciones”.
Después de enumerar todos sus destinos diplomáticos, Sela destacó: “Para mi, Argentina es la cima”. Para cerrar, Tali Lubieniecki interpretó "Od Yavo Shalom Aleinu" y "Juntos a la Par".
Del lomo al “César”: las advertencias de Lorenzetti en clave libertaria
Terrina de camarones de entrada, lomo como principal y macedonia para el postre. El menú acompañó el tradicional almuerzo del Rotary Club de Buenos Aires en el Hotel Libertador, pero el plato político lo sirvió Ricardo Lorenzetti. El juez de la Corte Suprema habló sobre la crisis del Estado de Derecho en las democracias occidentales y evitó cuidadosamente nombres propios. No mencionó a Javier Milei ni al Gobierno. Sin embargo, entre los comensales quedaron flotando algunas definiciones que, trasladadas a la coyuntura argentina, admitieron una inevitable lectura libertaria.
Lorenzetti arrancó lejos de Balcarce 50. Recordó un encuentro en el Congreso de los Estados Unidos con la jueza Sonia Sotomayor y habló de aquel ideal del Estado de Derecho que permitía a las personas progresar y realizar sus propios sueños. Pero advirtió que esa construcción del siglo XX está hoy cuestionada. En los barrios más pobres, describió, puede imponerse “la ley de la selva”; en algunos países, el narcotráfico, mientras que los sectores más ricos recurren cada vez más a mecanismos privados para resolver sus conflictos. Una fuga del Estado de Derecho por arriba y por abajo.
Lorenzetti disertó ante los socios del Rotary.
El problema, sostuvo, ya alcanza a la propia democracia. Citó estudios según los cuales un 60% de las personas privilegiaría los resultados por encima del sistema y advirtió sobre la reaparición de soluciones que Occidente creía olvidadas. Allí apareció una figura con resonancias inevitables: “No necesitamos un César”. Y una provocación: el sufragio universal puede convertirse en “sufrimiento universal” cuando las instituciones dejan de ofrecer respuestas. Lorenzetti habló de Occidente, pero en una Argentina atravesada por un liderazgo presidencial que hizo de la ruptura con el sistema político tradicional una bandera, más de uno acomodó esas palabras al paisaje doméstico.
Para explicarlo utilizó otra metáfora. El Estado de bienestar del siglo XX funcionó como un “padre protector”, capaz de alimentar las expectativas de progreso de las clases medias y populares. Después llegó la crisis y aquel padre quedó “paralizado”, con más capacidad de veto que de gestión. Ahora, describió Lorenzetti, apareció el “padre enojado”: una respuesta a sociedades frustradas y a instituciones desconectadas de sus bases. “Nuestra dirigencia en Occidente no se ha actualizado”, planteó. Sigue mirando hacia atrás mientras los cambios económicos, sociales y tecnológicos avanzan por otro carril.
El diagnóstico tuvo después una derivación todavía más política. Lorenzetti pidió “terminar con los grandes salvadores y fundadores” y defendió la estabilidad democrática y jurídica frente a los proyectos refundacionales. También reclamó “despolitizar la gestión”. Y dejó otra frase que podía escucharse en tiempo presente: “Cada gobierno quiere ocupar espacios y dominar la Justicia o el Congreso. Instalar amigos no es una buena idea”.
La macedonia llegó cuando el juez ya había dejado servido el verdadero menú del almuerzo: crisis de representación, instituciones debilitadas, liderazgos personalistas y sociedades que reclaman resultados. Lorenzetti nunca pronunció el nombre de Milei. Pero entre el “César”, el “padre enojado”, los “grandes salvadores” y los gobiernos que buscan “instalar amigos”, tampoco hizo demasiado para evitar que sus palabras fueran traducidas al idioma de la política local.