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O sea, no es cuestión de inventar durante gobiernos de centroizquierda una «libertad de expresión selectiva» por la cual sólo debe resguardarse a los que atacan al catolicismo.
Dicho eso convengamos en que Ferrari es un artista cobarde, aunque el Cristo crucificado en un avión de combate sea una obra artísticamente lograda. No sería cobarde si hubiera mostrado, con la misma audacia, a musulmanes rezando arrodillados con un fusil apoyado en el trasero o hubiera presentado el Museo del Holocausto en Israel con tubos fluorescentes en lugar de sus impactantes velas. Tal vez si hubiera ido a Cuba a exponer un colage de Fidel Castro ayudando a atar neumáticos a los balseros que huyen. Ahí sería un artista valiente. Pero, evidentemente, no quiere ser un perseguido de por vida por el fundamentalismo como el escritor Salman Rushdie o caer en las prisiones castristas. Su cobardía lo lleva a mofarse sólo de una religión pacífica, como la católica, que hasta enseña que ante un golpe debe ponerse la otra mejilla.
Es indigno de la libertad que merece todo ser humano, artistao no. Más por ser creador de un arte no difícil de realizar, basado más en atraer por la ofensa que por la creatividad y que necesita difundirse por el escándalo.
Los funcionarios de la Municipalidad directamente son miserables por facilitar lugares oficiales para ofender a la Iglesia Católica, que es el culto que fija la Constitución, aun si no mereciera respeto como cualquier otra expresión de fe. Inclusive violaron sus obligaciones institucionales al proteger que Ferrari, desde sede oficial, intentara poner al judaísmo contra la Iglesia Católica argentina motivando la reacción y un comunicado público de repudio de la colectividad a ese intento.
¿Leerá los diarios Aníbal Ibarra? Si leyó o su funcionario de Cultura, los de ayer, se habrá enterado de que en Jerusalén no se aceptó la donación de un «El pensador» de Rodin por estar totalmente desnudo. Por lo tanto, que Ibarra no asuma el papel de «modernista» liberal. En países serios se cuidan las formas, no es que nosotros seamos mojigatos subdesarrollados frente al arte.
Y si se sorprendió porque 2.000 personas manifestaron en favor de Ferrari y sus creaciones degenerativas que piense en los miles de fieles que van cada año a la Iglesia de San Cayetano, que son muchísimos más o -si se entusiasma con el voto «progresista» auspiciando muestras anticatólicas en sedes oficiales-que medite en más de un millón de jóvenes que todos los años van en peregrinación a pie a Luján, que es mucho más sacrificio que ir a ver lo sacrílego a la Recoleta. ¿Cree que a esos jóvenes les gustará lo que hace y que no se lo echarán en cara cuando aspire a algún cargo político?
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