12 de diciembre 2005 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Gabriel García Márquez y Henry Kissinger
Gabriel García Márquez y Henry Kissinger
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».

El gobierno se contentó esta semana con haber usado a la prensa para el falso anuncio de que se subían las retenciones a la carne de 15% a 25% cuando era sólo para intimidar y a través de la tapa de los diarios. Logrado en algo el efecto, se desmintió. Por tanto, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández no «bajó línea». Los columnistas se las arreglaron solos y el que mejor lo hizo fue Morales Solá. Su análisis de los desaguisados de la política exterior argentina con este gobierno es perfecto. Dice que «ni la imaginación del escritor Gabriel García Márquez «puede idear un zafarrancho como el de Rafael Bielsa. Más agudo aún dice que el famoso analista norteamericano Henry Kissinger «se internaría por stress si se dedicara a estudiar la política exterior de Kirchner». Cruel el columnista pero la verdad es que en la relación con el mundo también se mide la adolescencia con que hoy se gobierna la Argentina.

Refiere también opiniones sobre esa barbaridad que constituye que no lo hayan dejado asumir como diputado a Luis Patti a quien la izquierda le inventó historias truculentas como alguna vez hizo con aquel Víctor Alderete del PAMI hasta mandarlo a la cárcel acusado de «asociación ilícita» por reunirse como director con los gerentes del organismo y nunca le probaron nada. Patti solo en la provincia, sin «cajas» sino mostrando sus gestiones como intendente, reunió más votos que el casquivano Bielsa, tiene más representatividad ciudadana que la mitad de un Congreso formado por « colgados» de listas sábana. Y se le traba al ex comisario ser diputado.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».

Luce muy bien su cultura y la ubica esta vez con exactitud en una obra menor de Carlos Marx quien, invocando a Hegel, dice que «la historia se repite». La aplica a la subversión setentista y al encaramado de aquellos ex montoneros por todo resquicio que haya hoy en el gobierno. Ciertamente la historia se repite -Vietnam e Irak, Rosas y Perón, centenares de casos más-. Pero aunque lo expone muy bien Grondona -que no tiene las contraideas de un forum cuando escribe en soledad-sólo ubica bien un punto y es que cuando la Historia -en su opinión-se repite tras haber sido tragedia vuelve como farsa. El retorno alocado hoy de la izquierda se ve mejor como que nunca hay en guerras victorias completas, exterminantes del adversario -y más si se lograron con alevosía porque en las torturas de los militares norteamericanos a los iraquíes subversivos se llega a apropiarse de su prole que es un grado inimaginable de perversidad en una mente-. La izquierda idealista de los '70 hoy volvió pragmática en personas ya veteranas, afanosas de gozar de poder, de alfombras rojas, de auto con chofer, de secretarias, de puestos públicos, de dinero, de preservar la niñez. Hoy están tan burocratizados que le temen a la violencia piquetera que es una niñería frente a la que ellos practicaron. Claro, los piqueteros hoy amenazan su statu quo con el goce de dineros públicos. Son así la mayoría de los setentistas, sobre todo los que no tuvieron víctimas familiares directas. Otros tienen ese dolor infranqueable de seres cercanos perdidos y los terceros son -los más sórdidas y perversos-aquellos que en el setentismo y la subversión o fueron miedosos y los carcome la conciencia o fueron traidores de compañeros, que también los hay y varios en el gobierno. Inclusive los que asesinaron y hoy necesitan ser crueles para adormecer en su interior cualquier posibilidad de piedad. El regreso setentista hoy constituye una «farsa», como sostiene Grondona, grave para un país porque lo traban, lo carcomen de odios y desfiguran la historia con falsedades y oscurecimientos porque pareciera viéndolos actuar y vociferar revanchas que la subversión no mató ni niños (la hija de 3 años del capitán Viola asesinada en brazos de su padre por la misma bala que no se titubeó en disparar para quitarle la vida a un joven oficial, que llevaba otro hijo de la mano que resultó herido; o el conscripto de 20 años asesinado a sangre fría en la puerta de La Tablada para tomar el regimiento; o la chica de 15 años hija del almirante Labruschini destrozada por vivir en casa de su padre con una bomba y centenares de víctimas más).

Como las victorias nunca serán totales y terminantes vino la revancha y de aquí en más saldrá la nueva posición intermedia. La ESMA quizá siga siendo un «monumento a la memoria de caídos en los '70" pero no será sólo para víctimas miradas exclusivamente con el ojo izquierdo y el derecho cerrado. Tardará pero será así. Y recién será justo.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».

Sin apuntes de Alberto Fernández esta vez y por tanto sin anuncios como vocero oficial, el columnista liberado esta semana para escribir apunta también al tema del día: el desquicio internacional que armó el presidente Kirchner desde la Cancillería y al que no se le ve solución. El embajador designado en Francia, Eric Calcagno, al parecer de los columnistas dominicales, el único mérito que tiene es haber sido de izquierda. Ni mérito ni relaciones, entonces, capaces de corregir el entuerto con el gobierno de Francia. Entre pingüinos e izquierda «progre» los funcionarios de este gobierno se siguen designando entre no más de 8% de los ciudadanos adultos. Así resultan de malos, es obvio, porque además de seleccionarse entre tan pocos deben renunciar a pensar por sí mismos y aceptar ejecutar lo que el propio Néstor Kirchner les dice desde su intuición que debe suponer divina porque sólo quiere recibir datos para subirse a meditar a la montaña y bajar con las «soluciones».

Pero si se trata de medir los desaguisados externos y, a su vez, coinciden en tema, cuando además ninguno trae anuncios novedosos, vale mucho más leer lo mismo en Morales Solá en «La Nación», más profundo y audaz.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».

La columna la dedica ayer al género del periodismo sentencioso. Aprovechando un relato de lo que para él fue la historia del juicio a los militares acusados de delitos aberrantes, hace dos «llamados a la reflexión» (repite la frase en dos ocasiones) sobre una contradicción en la que él mismo incurre: cómo conjugar el garantismo frente a los delitos comunes que defienden Verbitsky (y un ala del gobierno que ejecuta los dictámenes de la ONG CELS, que él domina) con el reclamo de mano dura con los militares. Dicho de otra manera: que el público no confunda su pedido de inclemencia con los ex militares con el pedido de mano dura en la aplicación de las leyes que hace Juan Carlos Blumberg.

Las dos páginas que dedica Verbitsky a esa descripción dan una explicación casi obvia; no es lo mismo un delito aberrante como la desaparición de personas, la tortura o el robo de bebés que un delito común. No fuera, da a entender,que algún desprevenido quisiera ser garantista con los ex militares como Verbitsky lo es con delincuentes comunes, o que alguien quiera usar los argumentos del CELS en contra de la prisión preventiva de los procesados para aliviar a los ex militares en esta etapa que se inicia con la reapertura de los juicios.

La historia que narra Verbitsky para defender su postura es incompleta y falla en la explicación de los hechos. Dice que los militares aun durante su gobierno «de facto» esperaban ser sometidos a un Nüremberg y elogia a Raúl Alfonsín por haber hecho campaña en favor del juicio a las juntas. Le reprocha que no hubiera acompañado esa prédica con una mejor distribución del ingreso (?) y haber limitado sus propósitos a la eliminación del Partido Militar más que al castigo a los responsables de las atrocidades. Lo critica por las leyes de obediencia debida y punto final y a Carlos Menem por los indultos que, dice, fueron rechazados por la sociedad. A esa misma sociedad, sin embargo, la describe como adormecida por la convertibilidad.

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