Comentarios políticos de este fin de semana
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Michel y Bahl reclaman al Gobierno por posibles restricciones de la UE al biodiésel entrerriano
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Qué son los Acuerdos de Isaac entre la Argentina e Israel
Gabriel García Márquez y Henry Kissinger
«La Nación».
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
Luce muy bien su cultura y la ubica esta vez con exactitud en una obra menor de Carlos Marx quien, invocando a Hegel, dice que «la historia se repite». La aplica a la subversión setentista y al encaramado de aquellos ex montoneros por todo resquicio que haya hoy en el gobierno. Ciertamente la historia se repite -Vietnam e Irak, Rosas y Perón, centenares de casos más-. Pero aunque lo expone muy bien Grondona -que no tiene las contraideas de un forum cuando escribe en soledad-sólo ubica bien un punto y es que cuando la Historia -en su opinión-se repite tras haber sido tragedia vuelve como farsa. El retorno alocado hoy de la izquierda se ve mejor como que nunca hay en guerras victorias completas, exterminantes del adversario -y más si se lograron con alevosía porque en las torturas de los militares norteamericanos a los iraquíes subversivos se llega a apropiarse de su prole que es un grado inimaginable de perversidad en una mente-. La izquierda idealista de los '70 hoy volvió pragmática en personas ya veteranas, afanosas de gozar de poder, de alfombras rojas, de auto con chofer, de secretarias, de puestos públicos, de dinero, de preservar la niñez. Hoy están tan burocratizados que le temen a la violencia piquetera que es una niñería frente a la que ellos practicaron. Claro, los piqueteros hoy amenazan su statu quo con el goce de dineros públicos. Son así la mayoría de los setentistas, sobre todo los que no tuvieron víctimas familiares directas. Otros tienen ese dolor infranqueable de seres cercanos perdidos y los terceros son -los más sórdidas y perversos-aquellos que en el setentismo y la subversión o fueron miedosos y los carcome la conciencia o fueron traidores de compañeros, que también los hay y varios en el gobierno. Inclusive los que asesinaron y hoy necesitan ser crueles para adormecer en su interior cualquier posibilidad de piedad. El regreso setentista hoy constituye una «farsa», como sostiene Grondona, grave para un país porque lo traban, lo carcomen de odios y desfiguran la historia con falsedades y oscurecimientos porque pareciera viéndolos actuar y vociferar revanchas que la subversión no mató ni niños (la hija de 3 años del capitán Viola asesinada en brazos de su padre por la misma bala que no se titubeó en disparar para quitarle la vida a un joven oficial, que llevaba otro hijo de la mano que resultó herido; o el conscripto de 20 años asesinado a sangre fría en la puerta de La Tablada para tomar el regimiento; o la chica de 15 años hija del almirante Labruschini destrozada por vivir en casa de su padre con una bomba y centenares de víctimas más).
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».
La columna la dedica ayer al género del periodismo sentencioso. Aprovechando un relato de lo que para él fue la historia del juicio a los militares acusados de delitos aberrantes, hace dos «llamados a la reflexión» (repite la frase en dos ocasiones) sobre una contradicción en la que él mismo incurre: cómo conjugar el garantismo frente a los delitos comunes que defienden Verbitsky (y un ala del gobierno que ejecuta los dictámenes de la ONG CELS, que él domina) con el reclamo de mano dura con los militares. Dicho de otra manera: que el público no confunda su pedido de inclemencia con los ex militares con el pedido de mano dura en la aplicación de las leyes que hace Juan Carlos Blumberg.
Las dos páginas que dedica Verbitsky a esa descripción dan una explicación casi obvia; no es lo mismo un delito aberrante como la desaparición de personas, la tortura o el robo de bebés que un delito común. No fuera, da a entender,que algún desprevenido quisiera ser garantista con los ex militares como Verbitsky lo es con delincuentes comunes, o que alguien quiera usar los argumentos del CELS en contra de la prisión preventiva de los procesados para aliviar a los ex militares en esta etapa que se inicia con la reapertura de los juicios.
La historia que narra Verbitsky para defender su postura es incompleta y falla en la explicación de los hechos. Dice que los militares aun durante su gobierno «de facto» esperaban ser sometidos a un Nüremberg y elogia a Raúl Alfonsín por haber hecho campaña en favor del juicio a las juntas. Le reprocha que no hubiera acompañado esa prédica con una mejor distribución del ingreso (?) y haber limitado sus propósitos a la eliminación del Partido Militar más que al castigo a los responsables de las atrocidades. Lo critica por las leyes de obediencia debida y punto final y a Carlos Menem por los indultos que, dice, fueron rechazados por la sociedad. A esa misma sociedad, sin embargo, la describe como adormecida por la convertibilidad.



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