Comentarios políticos de este fin de semana

Política

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


La columna de Grondona, ayer, está referida a describir lo que él llama «la tiranía creciente del veto del grupo». O lo que el vulgo conoce como «apriete». Es decir, la capacidad de un sector social para conseguir sus objetivos amenazando al resto con un cortocircuito general. Hugo Moyano con sus camiones, los piqueteros, los ganaderos o los vecinos de Gualeguaychú con sus movilizaciones logran imponer su voluntad o ser atendidos en sus reclamos cuando ejercen ese poder de veto. En la cima, dice Grondona, está el gobierno, también «determinado a salir de cada crisis, a buscar cada solución, en función de los 'aprietes' de los que sea capaz».

El ensayista detecta esta peculiaridad de la vida argentina, cada vez más extendida, y la evalúa a la luz de una tradición: la de la concepción de la Justicia que se elaboró desde los griegos hasta ahora. Grondona vuelve aquí a una de sus destrezas más conocidas: la divulgación de conceptos académicos sobre cuestiones clave del pensamiento político. En el caso de la Justicia, pasa desde San Agustín («un reino sin Justicia no es sino un vasto latrocinio») a sus fuentes platónicas en «La República». También analiza las dos modulaciones sobre esta noción en la teoría contemporánea: una, levemente inclinada hacia la izquierda, la de John Rawls, para quien la pretensión de una Justicia absoluta debe ser resignada en aras de la equidad (es decir: la Justicia no puede

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


La columna de Grondona, ayer, está referida a describir lo que él llama «la tiranía creciente del veto del grupo». O lo que el vulgo conoce como «apriete». Es decir, la capacidad de un sector social para conseguir sus objetivos amenazando al resto con un cortocircuito general. Hugo Moyano con sus camiones, los piqueteros, los ganaderos o los vecinos de Gualeguaychú con sus movilizaciones logran imponer su voluntad o ser atendidos en sus reclamos cuando ejercen ese poder de veto. En la cima, dice Grondona, está el gobierno, también «determinado a salir de cada crisis, a buscar cada solución, en función de los 'aprietes' de los que sea capaz».

El ensayista detecta esta peculiaridad de la vida argentina, cada vez más extendida, y la evalúa a la luz de una tradición: la de la concepción de la Justicia que se elaboró desde los griegos hasta ahora. Grondona vuelve aquí a una de sus destrezas más conocidas: la divulgación de conceptos académicos sobre cuestiones clave del pensamiento político. En el caso de la Justicia, pasa desde San Agustín («un reino sin Justicia no es sino un vasto latrocinio») a sus fuentes platónicas en «La República». También analiza las dos modulaciones sobre esta noción en la teoría contemporánea: una, levemente inclinada hacia la izquierda, la de John Rawls, para quien la pretensión de una Justicia absoluta debe ser resignada en aras de la equidad (es decir: la Justicia no puede estar atada exclusivamente a los merecimientos). Otra, de Robert Nozick, pasablemente derechista, para quien no hay Justicia sin mérito, es decir, sin un reconocimiento al trabajo y la idoneidad.

Grondona insinúa que, si las relaciones de Justicia son sustituidas por una trama de extorsiones mutuas, se cumplirá con la prevención de San Agustín y el Estado de convertirá en un «vasto latrocinio», es decir, un robo cuya víctima es la nación entera.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


La columna de ayer de este periodista está dedicada, de nuevo, a descifrar el estilo del Presidente. Esta vez Morales Solá apuesta a que la Argentina no está administrada por un solo hombre sino que esa percepción es sólo una escenografía. Marketing, nada más, para un mandatario que -contra lo que parece- detesta tomar riesgos. Con esta música enhebra algunos ejemplos de la semana, con escasa información novedosa.

Dice, por ejemplo, que el acuerdo con los camioneros de Hugo Moyano fue obra de Carlos Tomada, el ministro de Trabajo y que, cuando intervino Néstor Kirchner, ya todo estaba acordado (corrige así el periodista una nota de la semana en la que le reprochó al Presidente hacer micropolítica). Agrega que ahora queda otra paritaria importante por saldar, la de los empleados de Comercio.

Morales Solá dice que allí discuten dos hombres duros: Armando Cavalieri y Carlos De la Vega. Debe haber sido una ironía.

Así como Tomada resolvió según esta nota el conflicto camionero, a Felisa Miceli hay que agradecerle el desenlace en el mercado de carnes, con un Ministerio de Economía que se prepara para reabrir las exportaciones (esta columna coincidió casi textualmente con la del monopolio «Clarín», ayer). A propósito de este conflicto, la nota expone un dato interesante: de los 195.000 productores de carne, 175.000 tienen menos de 500 cabezas (el promedio del país es de 350 cabezas por productor). ¿Oligarquía vacuna? se pregunta Morales Solá y tiene razón: Kirchner habló como si estuviera en los años '30.

Finalmente, el periodista vuelve al conflictode las papeleras con Uruguay. Lamentó que no se haya llegado a un acuerdo y aconsejó que Kirchner vaya al Uruguay y se reúna con Tabaré Vázquez para, juntos, gestionar una flexibilización en la postura de la finlandesa Botnia.

WEINFELD, MARIO.
«Página/12».


En el difícil oficio del panorama político de domingo, el columnista encuentra su lugar al revelar algunos datos interesantes del entorno presidencial pero cuidándose de señalar diferencias con el gobierno que le pueden cerrar puertas informativas en el futuro con conclusiones igualmente útiles:

1) el método Kirchner es atender el día a día para lograr la sustentabilidad de su gobierno.

2) Eso le impide alcanzar los objetivos de reforma política y social que dicen animar su administración.

Sobre lo primero, Weinfeld cuenta que el Presidente se puso como objetivos del primer trimestre del año matar las expectativas inflacionarias, bajar el precio de la carne y controlar las paritarias. Aunque es prematuro, el columnista se apura a celebrar que Kirchner lo ha logrado.

El cómo lo hizo, sin embargo, aleja a Kirchner de las llamadas «deudas del modelo» (reforma impositiva, sacar el IVA a la canasta familiar, crear un fondo anticíclico, universalizar políticas sociales). Con candor, dice que cuando pregunta por eso en el gobierno le responden con «una versión edulcorada del vade retro». O sea, que esos objetivos no son los del gobierno, aunque diga que lo son.

Contra esas declamaciones, tiene que admitir Weinfeld, va la alianza que refuerza cada día más el Presidente con el peronismo y con el sindicalismo de viejo cuño, con lo cual la gestión Kirchner «en la cúspide de su poder y su legitimidad, vira a un mayor conformismo, a una suerte de conservadurismo de sus propias metas y sus herramientas» y el producto final es un Kirchner más convencional que el de 2003.

Embalado con los reproches, Weinfeld quema naves al señalar la protección que el gobierno le da a «jueces indignos» y que pese a una oposición árida en iniciativas, en el gobierno sólo se destaca el Presidente. «La falta de cuadros de primer nivel, la cerrazón de las filas de un gobierno básicamente exitoso no es exactamente un mérito».

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Como Weinfeld en «Página/12», este columnista echa incienso sobre la figura presidencial erigida como única presencia en todas las decisiones del gobierno y de la oposición. Es más crítico que su colega al reseñar que se repite el clásico presidencial de pactar después de golpear, algo que ocurrió con el sector ganadero y el acuerdo de precios de la carne.

Señala una especulación que da para mucho: los piquetes ganaderos en Buenos Aires, Corrientes y Córdoba fueron una advertencia (otra) de que el gobierno no maneja la calle. Frente a esas manifestaciones el Presidente llegó a creer que la oposición de centroderecha podía anclar algún protagonismo.

En ese marco el columnistalevanta reproche sobre la ministra de Economía; no tanto en la comparación con su antecesor, en la cual obviamente sale perdedora, sino por la Kirchner dependencia que muestra en sus actos y por hablar de más al anunciar que el gobierno quiere que el techo de paritarias sea de 20%. Con eso esmeriló el acuerdo con Moyano y los transportistas al exagerar las concesiones que hizo el sindicalista para bajarsede 28% del reclamo original.

Como Weinfeld, también avanza este columnista en la observación sobre la creciente cercanía del Presidente con el sindicalismo tradicional -¿existe otro en la política criolla?. Dice que la economía y la inflación lo han obligado a Kirchner a «guardar ilusiones» de alguna reforma en ese sector de los gremialistas.

Sobre papeleras, el columnista destaca un dato interesante: la finlandesa Botnia enfrenta un duro conflicto gremial en su país que incidió en su política acerca de la planta de Fray Bentos. También incurre Van der Kooy en una exageración, al decir que Chacho Alvarez «comanda» el Consejo del Mercosur. El ex vicepresidente de Fernando de la Rúa es apenas secretario de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, un rango menor por más que Eduardo Duhalde, a quien le crearon ese puesto para darle paracaídas dorado a su final político, creyera que tenía una estatura bolivariana.

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