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Mauricio Macri, Cristina Kirchner y Jorge Telerman.
«La Nación».
«La Nación».
El columnista emplea toda su ciencia y su experiencia para concluir que los políticos criollos son unos vivos bárbaros. Lo ilustra, como si no se hubiera contado hasta el hartazgo, con las gambetas (emplea diez líneas de su análisis para emparentar esta palabra con «gambito») proselitistas de Néstor Kirchner, Jorge Telerman y Mauricio Macri.
Según Grondona, el lanzamiento por el Presidente de Daniel Scioli como candidato a gobernador de Buenos Aires tras el desastre Rovira, el adelantamiento por Telerman de las elecciones porteñas y el desembarco de Macri como candidato en este distrito demuestran que el ingenio de nuestros políticos seguirá sorprendiendo. Por lo menos al profesor Grondona.
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
No es prudente que el periodismo traslade al lector sus prejuicios. Y si no son propios, los del protagonista de los hechos sí someterlos a examen. Por caso, Van der Kooy afirma que el adversario que más le gusta a Néstor Kirchner es Mauricio Macri porque le permite confrontar desde las antípodas.
Tal afirmación supone que los dos dirigentes están en posiciones ideológicamente contrarias, algo indemostrable. Sí quizás en cuanto a metodologías políticas o a encuadramientos partidarios. ¿Acaso Macri no dijo antes del último ballottage contra Aníbal Ibarra que abjuraba del menemismo y que lo primero que haría si ganaba el gobierno porteño sería ir al despacho presidencial a dialogar? Hay quien cree que esos dichos horas antes de la elección le costaron un triunfo porque demostraba que estaba más cerca de Kirchner de lo que el público porteño creía.
Seguramente, al Presidente el adversario que más le conviene es el que le permitiría ganar la próxima elección, y ése no es Macri, y menos cuando ha elegido eludir el compromiso.
También el columnista transmite sin someter a examen otros prejuicios del círculo íntimo del Presidente: que si Cristina gana la elección sólo conservaría en el gabinete a Alberto Fernández y a Carlos Zannini, pero no a Julio De Vido, porque implicaría una continuidad del actual mandato de su marido. Si esos cambios son buenos, ¿por qué los Kirchner no los hacen ahora? Si ese eventual mandato de la cónyuge del Presidente intenta mayor calidad institucional, como afirma el columnista, ¿por qué no empezar ahora? Esas ficciones sobre el futuro que se escuchan en el área presidencial parecen suponer que el mundo es plano, que el futuro está comprado. Pero son prejuicios que quizá no creen el Presidente y su esposa cuando prometenen estos mensajes que transmite el columnista que en el futuro habrá «un gabinete abierto, participativo», una forma de prometer que los errores de hoy no se repetirán mañana. O sea, más prejuicios empleados como herramienta de campaña.
WAINFELD, MARIO.
«Página/12».
Con otro lenguaje, más palabrero y con multitud de adjetivos, este columnista comparte la admiración del profesor Grondona por los «gambitos» o gambetas de los políticos (usa la misma palabra y glosa el concepto con menos sapiencia etimológica que su colega de «La Nación», que conoce el encanto que la historia de las palabra produce en el lector). La diferencia a favor de Weainfeld es que profundiza en las razones de este despliegue de ingenio de los políticos: no hay partidos que sujeten al candidato a discutir sus decisiones, ninguno de los caciques políticos (Kirchner, Macri, Lavagna, Carrió, López Murhpy) cuenta con figuras de segunda línea con algún peso, se han ocupado de destruir entornos que reemplacen al corsé partidario, el público es muy agresivo hacia los políticos y esto los obliga a dar volteretas en el aire para eludir los perdigones. La astucia del público, además, desmonta cualquier retablo y para ejemplo está el lanzamiento de Macri con una chiquilla en un basural del barrio Sur; la creyeron una genialidad los asesores del candidato, pero se volvió como un boomerang de cuyo golpe aún no se repone Macri.
Discutible, como todas las afirmaciones opinadas, que los neolemas «le dieron oxígeno al sistema en su hora más aciaga». Wainfeld valora aquel invento de Juan Carlos Romero-Duhalde de que el peronismo podía enviar varios candidatos a una elección -algo que se puede repetir este año- como un hallazgo, cuando seguramente significó dinamitar el sistema electoral argentino sólo para perjudicar a un adversario en la interna partidaria. Aquellos neolemas no son consecuencia de una crisis sino motivo de la que siguió en el sistema y que entronizó en la presidencia a quien perdió en las urnas. Claro, lo promovió Duhalde, que también perdió las elecciones en 1999 y se animó a asumir en 2002 para terminar el mandato de De la Rúa que le había ganado aquella elección. Es acertado el reproche de Wainfeld a Kirchner cuando dice que este presidente rechaza la tolerancia y el pluralismo como el resto de la corporación política.
Un detalle: ¿podría reprimir el columnistaalgunos excesos del teclado, no ya de la pluma como éste?: «El sustrato cívico cultural posibilita, tal vez cataliza, el modus operandi dominante». ¿Qué quiso decir?




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