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Util la columna porque transmite frases del Presidente en los ya clásicos diálogos off the record con Van der Kooy los viernes al caer el sol. También porque es una muestra del doble estándar del monopolio en el tratamiento de la agenda del gobierno: simula críticas, pero juguetea con apoyos a sus presuntos aciertos económicos. Como quien agita el látigo frente a la víctima le muestra lo bueno y a la vez lo malo que puede ser el monopolio con el gobierno si, por ejemplo, el Ejecutivo no avala la fusión de Multicanal y Cable-Visión, o no aprueba la norma estadounidense de televisión digital, dos de los negocios en los que hoy el grupo «Clarín» juega fuertes intereses.
Esto es lo que logra hacerle decir Van der Kooy al Presidente, que viola su orden a funcionarios de no dar charlas off the record y también su decreto de transparencia (no figuran en el registro de la página Web de Presidencia nunca estas reuniones informales con periodistas):
CRISIS EN RIO GALLEGOS: «No puedo ceder a la exigencia de los docentes porque si lo hago quedarían distorsionados todos los salarios del país. Un maestro podría pasar a ganar allá entre 4 y 5 mil pesos. Si los gremialistas quieren discutir en paritarias, habrá paritarias (no rigen desde la mitad de los 90). Pero antes deben levantar el paro (...). Es bueno tener paciencia y no apurarse como le ocurrió a Sobisch en Neuquén. En Santa Cruz hay 270 gendarmes y no 700 como dicen ustedes. Muchos docentes están volviendo a dar clases. No desecho la emergencia educativa. Pero no es el momento».
PAPELERAS: «No tengo mala relación con Tabaré Vázquez» (?).
CASO SKANSKA: «Hay dos detenidos en la causa. Uno denunció que lo amenazaron de muerte. Es el mismo que sugirió que las coimas podrían haber llegado al gobierno. ¿Cómo íbamos a permitir que el juez lo trasladara a la celda de una comisaría? ¿Y si lo mataban, quién iba a pagar el pato? Nosotros. Podría ser el final. Por eso Aníbal Fernández hizo lo que debía. Evitar que lo saquen de la prisión donde está».
LA CAMPAÑA ELECTORAL: «Será espantosa. No se discutirán grandes cosas».
CRISTINA CANDIDATA: «Crece en las encuestas y le va muy bien en el exterior».
ELECCION EN CAPITAL: «Está difícil (...). Filmus viene creciendo como un tractorcito». A Telerman «no tendría razones para no saludarlo. Pero no hay que confundirlo con un apoyo político».
SOBRE JORGE BERGOGLIO: «No tengo ningún problema en hablar con él. Pero algunas cosas deberían quedar antes en claro. Este país ya no es el de la crisis de 2001 donde el cardenal tuvo una gran misión. Ni yo ni mi gobierno tenemos nada que ver con algunas cosas que se dijeron de él vinculadas a episodios durante la dictadura. Ni siquiera sé si son ciertas. (...) Hay mucha gente de la política que está cerca de la Iglesia».
VERBITSKY, HORACIO. «Página/12».
Para recortar la nota de ayer porque muestra al columnista en su must: prontuario y pensamiento totalitario. Lo primero se lo dedica al camarista de la Casación Penal Juan Rodríguez Basavilbaso, de quien anuncia un pedido de juicio político para esta semana. Para que sus colegas no se tienten a defenderlo, avisa que ese ataque con origen oficial no va a tocar a otros jueces que han tenido una « conducta respetable». ¿Quién mide eso? Seguramente él, recostado sobre su pila de prontuarios.
De Basavilbaso recuerda que perteneció al «camarón» -la Cámara Federal en lo Penal- que creó el gobierno de Alejandro Lanusse para combatir a las guerrillas que actuaron durante el turno militar 1966-1973. Omite, porque haría chorrear sangre de sus páginas, que los insurgentes tomaron venganza de algunos de sus integrantes, como el ex camarista Jorge Quiroga, asesinado en abril de 1974 por una brigada del ERP cuando en la Argentina había un gobierno constitucional. Haber pertenecido al «camarón» lo descalifica, según esta óptica de Verbitsky, a Basavilbaso para seguir perteneciendo a la Justicia. ¿Por qué elige a este juez? Porque lo promovió el actual presidente de la Asociación de Magistrados -el sindicato de los jueces-, Ricardo Recondo, quien en un agrio discurso le dijo al gobierno que no tiene autoridad para pedir celeridad en juicios cuando no puede frenar la ola de inseguridad.
Tabaré Vázquez Alejandro Lanuse Buena parte de la columna de ayer está dedicada a exponer una crítica al sistema republicano desde la óptica del pensamiento totalitario. Aprovechan un escrito que ha hecho circular un camarista de La Plata, a quien Verbitsky nunca le pedirá juicio político porque es su amigo, y resume todos los lugares comunes del fascismo: el Estado está por encima de la sociedad civil, sus fueros deben prevalecer por sobre las organizaciones de ciudadanos, sean la prensa, los partidos, los sindicatos. Estos, argumenta, se nuclean en lo que llama los «poderes fácticos» e intentan acotar los privilegios del Estado. Este, a través de sus gobernantes de turno, tiene derecho a avasallar a esas organizaciones porque osan reclamar por sus libertades con falacias como la división de poderes.
El cinismo de la argumentación llega a su clímax cuando detecta que esa división de poderes es una utopía inalcanzable en los términos como los describe la Constitución y por eso despreciable. ¿Qué novedad es que esa división de poderes, como la lucha por la igualdad, contra los privilegios, contra la pobreza, contra la delincuencia, son desiderata nunca perfeccionados? Que siempre sean tareas pendientes, como la libertad, no exime a nadie de la lucha por procurarlas, pese a que este posibilismo de oportunidad que exhibe Verbitsky declare el final de las utopías, sólo para justificar los bochornos del gobierno.
MORALES SOLA, JOAQUIN. «La Nación».
Con poca información y menos inspiración el envío se anota en el género: agito el trapo púrpura para que Kirchner rabie. Levanta la figura del cardenal Jorge Bergoglio como el talento más esclarecido de la vida pública, lo exhibe como el centro de la atención de toda la dirigencia política y una estrella en el firmamento religioso por su trabajo en el diálogo interreligioso entre las confesiones monoteístas (de paso, ¿con qué religiones politeístas compiten hoy el catolicismo, el judaísmo y el islam?; más bien parece una querella libresca). Para colmo reseña el cariño que le está tomando Bergoglio a la Corte Suprema de Justicia y sus alardes de independencia respecto del gobierno que la instauró.
Eso le parece al columnista un milagro, al igual que el resultado -bastante pobre, por lo demás- de la cumbre entre Uruguay y la Argentina en Madrid por la crisis de las papeleras contaminantes de Fray Bentos. Cree que sus efectos son auspiciosos porque ponen en evidencia los desaciertos del gobierno Kirchner al tratar los cortes de ruta y los de la administración de Tabaré Vázquez al no poder domar los corcoveos de la empresa Botnia.
GRONDONA. MARIANO. «La Nación».
El profesor desembarca en el terreno de sus mayores éxitos, la televisión, y discute los méritos de sus competidores ante la platea. Grondona, a quien Alejandro Romay bautizó una vez por «Canal 9» como «el caballero de la reflexión», recurre a sus technicals del conservadorismo: en una sociedad con familia y escuelas en crisis y con una televisión arrastrada por la moda de «Gran Hermano», está todo perdido. Llama por eso, siempre con los argumentos «señoritistas» de José Ortega y Gasset, a que productores de TV -incluyendo a los del estatal «Canal 7»- a levantar sus miras y pensar en el efecto de sus mensajes en el público ignaro.
Suma cero de la reflexión: todas las sociedades se quejan de la televisión que tienen, pero la devoran con fruición. A cualquier observador culto de cualquier país de Occidente que se le pregunte por la TV responderá que es una porquería. En los sectores cultos del siglo XVI se pensaba lo mismode las novelas de ficción -llegó a prohibirse- que se las exportase de España a las coloniasporque deformaban las conciencias. Lo mismo se pensó en el siglo XIX del teatro y en el siglo XX del cine, especialmente cuando avanzaba este medio por sobre todos los demás. «Con Eduardo González Lanuza siempre pensamos que no era bueno que el cine fuera hablado», repitió Jorge Luis Borges hasta su muerte en expresión que es una caricatura de lo que Grondona les brindó ayer a sus lectores.
Como siempre, falta la explicación del fenómeno; por qué la gente ve «Gran Hermano» y no «Hora clave», cuando su animador llegó a mostrar videos tomados con cámaras ocultas en lenocinios de homosexuales o brindó la astracanada de Susana Giménez argumentando contra el pago de gananciales a su ex esposo, extremos que aún estamos esperando en, por ejemplo, «Gran Hermano».
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