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30 de abril 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

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Jorge Telerman y Jorge Bergoglio
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


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Nadie hasta ahora había ensayado tamaño elogio hacia Néstor Kirchner, pero es el riesgo de hacer periodismo por parábolas: identificarlo con un idealista empedernido como Don Quijote de la Mancha, que arremete contra gigantes tenebrosos y malintencionados, no se le había ocurrido ni a publicistas oficiales como Horacio Verbitsky o a Fernando Braga Menéndez en una noche de copas. Es lo que hace el profesor con la intención de describir el ataque que, cree él, le hace el Presidente por los embates a instituciones como la Iglesia, las Fuerzas Armadas o el periodismo independiente.

A no ser que Grondona hubiera querido decirle loco, que es como describía Miguel de Cervantes a su personaje, pero es algo que tampoco se le ha ocurrido decir ni al crítico más ácido de este calculador abogado de Santa Cruz, que ha vivido racionalmente entregado a los juegos del poder y a coleccionar, como un filatelista con estampillas, escrituras de propiedad inmobiliaria. Kirchner, es claro, no es un Quijote para nadie.

Mayor agravio les propina Grondona a las instituciones, seguramente sin quererlo y embriagado por sus propias metáforas, porque Don Quijote las creía monstruos malvados aunque parecieran inocentes factorías. La malhadada serie de figuras retóricas que acumula en su pieza de ayer sirven también, sin embargo, para su consuelo: las instituciones, admite, tienen más vida que las personas que las usan o abusan de ellas.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Modesto repaso de temas de la semana en la entrega dominguera de Morales Solá, quien trasmite su convicción de que la denuncia que hizo Alberto Fernández contra Jorge Telerman por tráfico de facturas presuntamente truchas es falsa. Es lo que dice el gobierno de Telerman y lo cree el columnista, a quien enoja, como al candidato porteño, que esa denuncia la haga el jefe de Gabinete para aventar el humo que le llega de la hoguera de Skanska. Sirve también al propósito político de Telerman insistir -como en columnas anteriores- en que Kirchner ama a Mauricio Macri y que lo prefiere antes que a Telerman, detrás de quien ve «proyecto nacional con más envergadura». Inimaginable el gusto que esta presunción causa en los cuarteles del jefe de Gobierno, sólo porque Eduardo Duhalde le ha prometido adhesiones, o porque Jorge Bergoglio hace gestos en su favor. Con eso ha bastado para que su intento de repetir el mandato que ganó con la caída de Aníbal Ibarra pase a ser, en letras de molde, «un proyecto nacional con más envergadura».

Celebra el columnista el ocaso de Guillermo Moreno y aporta un detalle poco conocido hasta ahora: que las críticas de Felipe Solá al secretario de Comercio obedecen a que su delegado en el Mercado Central fue víctima de una pateadura de activistas identificados con el «morenismo». ¿Habrá algún fiscal que haga, aunque fuera de oficio, la denuncia por esta agresión?

VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».


También se enoja el columnista del monopolio -adonde tenían terminal las facturas presuntamente truchas de Sol Group- con las denuncias de Alberto Fernández. Se disgusta también con que se los compare a Kirchner con Hitler y al jefe de Gabinete con López Rega. Para hacerlo, dice, hay que saber historia; como no llega a ninguna conclusión es legítimo que un lector se pregunte con quién es injusta cada una de esas comparaciones.

El resto son admoniciones: que Telerman no debería tomar en bromas las denuncias como la de Sol Group porque ponen el dedo en la honestidad de su administración, que no se les debe atribuir un rol político a los movimientos de Jorge Bergoglio y que no se quede tan tranquilo Mauricio Macri porque este affaire de Sol Group puede salpicar a algún legislador de su bloque.

Aporta un dato interesante: que el tedéum del 25 de Mayo no lo oficiará en Mendoza el titular del obispado local, Jorge Arancibia. Su colega columnista dominguero Horacio Verbitsky (ver aparte) agrega que lo reemplazará el titular de la diócesis de San Rafael, el ultraconservador Eduardo Taussig, quien seguramente se hará un plato ante el Presidente que habrá preferido quedarse en Buenos Aires.

Sobre la cumbre Lula-Kirchner informa que el presidente argentino le expuso su proyecto de Cristina candidata, algo que Kirchner les niega a sus conciudadanos. Seguramente en el estatuto imperial de Brasil figura enterarse de los proyectos de sus súbditos antes que el público.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


En otra carta pública con instrucciones para el Príncipe a quien sirve, Verbitsky le recomienda a Kirchner que no se deje llevar por el temperamento en sus peleas con Jorge Bergoglio. Como en otras columnas y algún libro, Verbitsky se ensaña con el primado de la Argentina, a quien le atribuye querer usurpar la soberanía popular que ungió al Presidente para imponer la voluntad divina. Debería ilustrarse un poco más el columnista ya que Bergoglio le explicaría que para los jesuitas el dictamen «vox populi, vox dei» no es una metáfora, es un programa.

Cuando explica su actitud, Bergoglio suele recordar que la misión de la Iglesia -para la Compañía de Jesús- es rescatar la soberanía popular cuando ha sido usurpada como ocurre en la Argentina por la crisis de los partidos y las demás instituciones políticas.

Se enoja Verbitsky con la Iglesia como si fuera una señora y habla de ella como de una asociación ilícita dedicada a proteger a curas menoreros y torturadores. Se ensaña con el primado al calificarlo de «misógino» y oportunista al rodearse de rabinos e imanes, como si buscase enjuagar su intolerancia.

La columna termina pareciéndose a aquellos folletos anti-Iglesia que distribuía antaño el Partido Comunista derramando insultos hacia los curas, los obispos y sus feligreses. Casi una anécdota que oculta lo poco razonable que tiene la entrega de Verbitsky de ayer: el consejo de que sería mejor menos pirotecnia desde el gobierno contra la Iglesia, menos fricción y más indiferencia.

El error del columnista es creer que el Presidente tiene un programa «secularizador» o que lo mueven convicciones cuando ataca a Bergoglio. Es una práctica habitual de los gobiernos plantear debates en torno a convicciones (religión, aborto, pena de muerte) porque saben que dividen a las formaciones políticas adversarias. ¿O acaso no usó Kirchner de mensajero en 2004 a Juan Carlos Blumberg para que le llevase al Papa una carta aclarando que ni él ni su esposa la senadora apoyan la despenalización del aborto? Frente a esto, lo de Verbitsky en queda hojarasca de domingo.

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