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El columnista que más hace rabiar al Presidente -al menos por confesión pública de ésteaporta un testimonio de capitulaciones varias de Néstor Kirchner frente a la ola de problemas que acaricia - diría Morales Solá- a su gobierno. El envío reproduce una charla con el Presidente el sábado en Olivos, siempre al caer el sol, y bajo la conmoción de la indignante agresión a la hermana ministra Alicia ese día en Río Gallegos. Esta, poco después del incidente, reaccionó con una conferencia de prensa, algo inusual para un funcionario del gobierno. El propio Kirchner suele bromear con la sentencia de que «hay que pegarle al chancho para que aparezca el dueño», pero también dio a las pocas horas de la agresión este reportaje que refleja Morales Solá. ¿Será cuestión de salir a atizar funcionarios para que hablen?
La sola presunción revela el error que comete el gobierno al ordenarles a los funcionarios el silencio, que sólo quiebran cuando les va mal.
Lo más importante de esa charla es que Kirchner explica cuál es su método para enfrentar las negociaciones: golpear para acordar después. En sus propias palabras, Kirchner se rinde así: «Ustedes me conocen poco. Yo pego un portazo, pero siempre dejo abierta una ventana para seguir hablando. Nunca dejo de hablar. Primero golpeo para ganar 20 metros y después abro la negociación. Ya tengo 20 metros en el bolsillo. ¿Creen que en algún momento dejé de hablar, por ejemplo, con el campo? Nunca, pero primero los arrinconé a sus dirigentes. ¿Es bueno? ¿Es malo? La opinión es libre, pero no pueden negar que mal no me fue». A confesión de parte, relevo de prueba, aunque se presumía este método cuando el Presidente decía ya algo de «miren lo que hago, no lo que digo».
Sobre Santa Cruz interesa también su percepción:
«Allá se perdió el diálogo. Sancho es una buena persona, pero no entiende la política.»
«Hay un reclamo docente. ¿Cómo negarlo? Pero hay también grupos de izquierda que resuelven todo en asambleas en las que compiten quién es más duro. Así no se llega nunca a nada. Y están los radicales. ¿Sabe qué querían los radicales? Adelantar las elecciones. Las elecciones de la provincia se harán junto con las presidenciales. Un candidato del oficialismo irá con un Kirchner y el radical irá con Lavagna. ¿A quién cree que votarán en Santa Cruz? Otra cosa sería si votaran lejos de las presidenciales.»
«Se harán algunas propuestas razonables ahora. Tampoco puedo desequilibrar la situación de los trabajadores con el resto del país. El nuevo gobernador es un negociador nato y tratará de buscar la ayuda del obispo. Yo siempre conté con la ayuda de los obispos de Santa Cruz para resolver los conflictos laborales. Monseñor Romanín se excedió un poco con sus palabras, pero es cierto que no había diálogo con él, y eso fue un error.»
«Hay un grupo duro de unas 1.300 personas. Ellos están siempre. Son activistas fogueados. Fueron a pegarle con saña a la Policía. La Policía reaccionó; son personas como cualquiera. Pero nunca hubo diez mil personas. Jamás.»
«(Peralta tiene) todos los márgenes. No me meteré en nada.»
En el curso de la charla hastaencuentra una disculpa a la agresividad de sus comprovincianos cuando protestan. Es un rasgo étnico, prefiere creer, antes que admitir responsabilidades propias y ajenas en los incidentes:
«Una vez, cuando era gobernador, tuve que bajar 300 metros en una mina para rescatar a Víctor De Gennaro. Los mineros lo habían secuestrado.»
«Santa Cruz es una novedad ahora porque yo soy Presidente. Pero en el Sur somos todosanarquistas. Yo también. Son gente dura, curtida. El Sur es así. Y yo no fui una excepción como gobernador. A mí también se me sublevaban cada dos por tres.»
Muy útil también el dato que recoge Morales Solá en éste que es el mejor panorama publicado en los diarios de ayer domingo: se ocupó personalmente de arreglar la querella entre el gobierno de Hugo Chávez y la empresa Techint, en trámite que incluyó un reto al bolivariano por mandarle mensajes a través de los diarios: «(Con Techint) hice todo. Una cosa son los problemas locales y coyunturales que podamos tener con esa empresa y otra cosa es mi obligación de defenderla en el exterior. Le dije a Chávez que es una empresa argentina y que yo no quiero enterarme de sus problemas leyendo los diarios. Debió llamarme antes y contarme el problema. Pero Chávez es como es. El problema de Techint en Venezuela está resuelto ahora. (...) No estoy acusando a nadie. Creo, además, que Paolo Rocca es uno de los tres mejores empresarios argentinos. (...) Cuando hablo de un problema entre privados, estoy aludiendo a posibles actos de corrupción de ejecutivos de las empresas, sobre todo de Skanska. (...) No hay ninguna prueba por ahora, pero yo no puedo asegurar que no haya algún funcionario desleal o corrupto. Se irá en el acto.»
Esta intervención en favor de Techint habrá halagado al periodista de «La Nación»; Paolo Rocca también es un prócer para ese diario desde que desembolsó a título personal unos dineros que le permitieron a la familia Saguier sobrellevar una crisis financiera. Esta relación se explica por la sociedad Techint-«La Nación» en la construcción de la torre sobre la calle Madero y Bouchard.
Incluye el servicio de Morales Solá, de postre, un «cameo» de Cristina de Kirchner sobre las relaciones entre el gobierno y la Iglesia católica: «Este es un país laico y hemos hecho tal vez la única hazaña de llevarnos bien entre todas las religiones. No echemos a perder esa conquista mezclando política y religión».
Sobre la candidatura, dice él: «Ella subió mucho y ahora estamos casi empatados». Ella responde, ruborizándose: «No me hagan hablar de eso ahora. Los votos se cuentan de a uno y después de las seis de la tarde del domingo de elecciones. Todo lo demás es relativo y cambiante».
VAN DER KOOY, EDUARDO. «Clarín».
Este columnista parece haber tenido a su alcance el testimonio del Presidente hablando en Olivos, aunque se privó de reproducir textualmente las palabras de Néstor Kirchner, como sí lo hace Joaquín Morales Solá en «La Nación». Contiene la reflexión del propio Kirchner sobre la agresividad táctica en las negociaciones («no se empecina cuando avizora el precipicio»).
Con ánimo crítico, como ocurre en el monopolio en el último mes, le reprocha Van der Kooy al Presidente no haber montado instituciones en su provincia que pudieran evitar la crisis en Santa Cruz. Recoge, sin embargo, la justificación que esgrime el gobierno de que los problemas estallan en esa provincia no porque haya crisis sino porque es la cuna del Presidente y sus adversarios (Iglesia, radicales que querrían un adelantamiento de las elecciones provinciales, izquierdistas) aprovechan para golpearlo en su flanco más débil. El columnista también entiende que es una quimera el proyecto de dejarla a la esposa como presidenta este año para regresar en 2011. Imagina,como muchos, el disparate de un Kirchner que buscaría desde el llano lo que no logró como presidente.
Es útil el dato que aporta Van der Kooy sobre Roberto Lavagna: si Cristina es candidata, elegirá a una mujer como vice.
GRONDONA, MARIANO. «La Nación».
Embriagado como muchos intelectuales con la música de las palabras, el profesor dedica media columna a explicar la etimología de «feudo». Lo hace para preguntarse si los gobernadores del estilo de Menem, Kirchner, Rodríguez Saá, Romero, Romero Feris o Juárez son señores feudales. El mismo concluye que no. ¿Para qué tanta etimología?, se pregunta el lector. Tampoco Grondona atina a hacer una tipología de los gobernadores argentinos, sobre cuya historia parece conocer bien poco.
Por ejemplo, dice que Carlos Menem quiso nacionalizar un «modelo La Rioja», cuando este presidente hizo desde la Casa Rosada todo lo contrario a lo que había realizado como gobernador. Que era bien poco, tanto que era considerado uno de los mandatarios provinciales de peor performance hasta 1989. Tampoco Menem pudo controlar las crisis en su provincia después de 1989. Pese a adornarla con subsidios y entregas de dinero al margen de los presupuestos (los famosos ATN, ayuda del Tesoro nacional, que se crearon para ayudar a La Rioja), esa provincia vivió renuncias y demás tribulaciones. Tampoco pudo Menem controlar políticamente a La Rioja, que cayó en manos de adversarios de él que llegaron al agravio cuando lo enfrentaron en elecciones (Angel Maza, Jorge Yoma).
¿Quiso Kirchner nacionalizar su experiencia de Santa Cruz? Salvo llenar la burocracia de Buenos Aires con santacruceños de variada ciencia y competencia o haber traído al mismo lote de proveedores de servicios y contratistas, tampoco parece haberlo intentado. No trasladó al orden nacional ni el manejo con los gremios (allá confrontó, en Buenos Aires los hizo socios) ni la política salarial (allí aplicaba básicos bajísimos para contener la protesta amenazando a los revoltosos con no pagarles los adicionales por presentismo, en la Nación promovió no sólo paritarias sino que también consintió escraches a empresarios que no querían o no podían dar aumentos). Privatista a ultranza cuando era gobernador, Kirchner como presidente hizo reestatizaciones y trata de reconstruir el modelo peronista de capitalismo de Estado con control de la inversión pública desde entes estatales o desde los resbaladizos fondos fiduciarios. En suma, nada más extraño al Kirchner presidente que el Kirchner gobernador.
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