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Se ocupa del matrimonio Kirchner, pero es poco original en sus conclusiones. Por ejemplo, dice que no fue el mejor momento para lanzar la candidatura de Cristina, por las denuncias de corrupción que soporta el gobierno, ¿Acaso habrá mejores momentos en el futuro?, se puede preguntar el que lea al columnista.
Tampoco sobresale cuando dice que el discurso de la primera dama es más peronista que cualquiera que haya dicho su esposo o que está dispuesta a ejercer el poder como «sólo los Kirchner saben hacerlo».
Es aguda la observación del encuentro en el acto de la AMIA entre Cristina Kirchner y Gabriela Michetti, la vicejefa de Gobierno electa de la Ciudad de Buenos Aires. La frialdad del saludo de la candidata a presidenta muestra «la estricta frontera que se levantó entre nosotros y ellos».
«La presidencia no es un trono -le recuerda a la primera- y por lo tanto no existirá un gobierno que se haga cargo de los problemas mientras la presidenta reina.» Cristina deberá hacer frente a la herencia y cargar con todos los conflictos, desde los energéticos y inflación hasta las denuncias por corrupción.
Sobre las pasteras cita un dato que parece demoledor, pero es superficial y tendencioso. Cuenta Morales Solá que a un alto funcionario argentino en La Haya y en Montevideo le preguntaron qué perjuicios para el turismo de Gualeguaychú habían traído las papeleras. No pudo contestar, porque el turismo en esa zona es récord este año y la chimenea de Botnia se convirtió en una atracción para los turistas.
Olvidó decir que es una atracción momentánea que en el futuro puede ser destructora de la naturaleza y alejar al turismo. No se puede criticar a los manifestantes por defender el futuro; no es el presente el que está en peligro.
Más adelante habla de los hombres de la presidenta, entre quienes el canciller Taiana tendrá un lugar destacado, igual que el embajador argentino en España, Carlos Bettini. Para el Ministerio del Interior, según el columnista, suena Nicolás Fernández, actual senador por Santa Cruz.
Hacia el final explica que Néstor Kirchner se hará cargo de los intendentes del conurbano, de los duros dirigentes sindicales y de los piqueteros, a quienes Cristina quiere lejos.
VERBITSKY, HORACIO. «Página/12».
Si bien el columnista de «Página/ 12» carece frecuentemente de novedades en sus comentarios y opta por sumergirse en intrincadas defensas de las operaciones de turno del gobierno, esta vez no se aleja de ese rumbo, pero aporta algunas ideas claras sobre la historia de presiones entre el monopolio «Clarín» y el gobierno. En ese tren, termina evidenciando justificaciones oficiales por la pelea con el matutino en el caso de las denuncias contra Romina Picolotti y las que recibieron durante las últimas semanas otras mujeres del gobierno, como Felisa Miceli y Nilda Garré. Entonces, aunque la intención haya sido esa, vale la pena repasar el raconto de Verbitsky sobre las necesidades económicas de «Clarín» y el universo kirchnerista.
Por ejemplo, aporta este dato: «El 9 de marzo funcionarios de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable comprobaron el vertido de efluentes líquidos contaminantes de la planta en Baradero de Papel Prensa, del grupo 'Clarín'. La Secretaría fijó un plazo de 180 días para eliminar esa contaminación.Las obras necesarias costarán unos 10 millones de dólares».
Más conocidas son las reyertas por la transmisión de partidos: «El gobierno nacional había pedido que el 'Canal 7' de televisión transmitiera un partido de fútbol los viernes. A raíz de ello, los clubes reclamaron un aumento sustancial a Torneos y Competencias, del grupo 'Clarín', en el contrato por las transmisiones por cable. El nuevo contrato se firmó poco después. La empresa deberá pagar 180 millones de pesos por año, el doble que hasta ahora», relató ayer el columnista.
Y abunda en una causa sobre la que Ambito Financiero ya se explayó: «El 27 de abril, la fiscal de la Cámara Comercial Alejandra Gils Carbó solicitó que se revocara la homologación del Acuerdo Preventivo Extrajudicial de CableVisión con sus acreedores, que considera inconstitucional. Esto, a su vez, afecta la reclamada fusión de CableVisión con Multicanal, ambos operadores de cable del grupo 'Clarín', cuya aprobación depende de la Comisión de Defensa de la Competencia. Entre ambos superan los tres millones de abonados, en un negocio de miles de millones de dólares. Esos mismos operadores esperan una respuesta de la Secretaría de Comunicaciones y de la Comisión Nacional de Comunicaciones a su solicitud de ofrecer también el servicio de telefonía por cablemódem digital».
GRONDONA, MARIANO. «La Nación».
Es buena su columna de ayer en «La Nación». Cuando Grondona se deshace del lastre filosofal, que campea en sus notas, gana en elocuencia y análisis.
Esta vez comenzó con Hegel, pero se desprendió pronto del filósofo alemán. Lo citó de manera breve y acertada para dar ejemplo de cómo en la Argentina un gobierno entra en contradicción con el anterior, algo que no puede suceder esta vez, porque Cristina hereda el poder de su marido, Néstor Kirchner.
El columnista resalta que esta continuidad no es la del pacto de La Moncloa, porque no es una continuidad a través de las ideas sino del matrimonio. Dice que ahora se sabe que «nos gobierna un matrimonio», cuyo diálogo es el que sostienen en secreto.
«La verdadera continuidad», señala Grondona, es aquella donde diversos líderes que se suceden en el gobierno siguen una misma dirección como se ha hecho en Chile, Brasil, el Reino Unido o España, donde hay «políticas de Estado».
Lo que pregona Cristina, según el columnista, «es una dictadura vitalicia» como la que quiere Hugo Chávez en Venezuela.
Para el columnista, la pareja presidencial está dando enseñanzas involuntarias que se deben tomar en cuenta para no caer en una perpetuidad en el poder. Por eso llama a esta sucesión como «error fecundo», porque los argentinos pueden aprender de esta equivocación.
VAN DER KOOY, EDUARDO. «Clarín».
¿Puede Cristina Fernández mirarse en el espejo de Michelle Bachelet? Eso invita a que haga a la primera dama, ya convertida en candidata, en su columna de los domingos, tan habitual que muchas veces es previsible. Unas pocas semanas atrás, el columnista del monopolio difundía el argumento oficial de que con Cristina Fernández habría un cambio de fondo en las formas y en los hombres del gobierno. Ahora, Van der Kooy remite al caso chileno -Bachelet modificó todo el elenco oficial para diferenciarse de su antecesor, Ricardo Lagos- para advertirle a la senadora que modificar de punta a punta el gabinete podría acarrearle algunos costos más que políticos, de gestión. Olvida mencionar un detalle: en Chile gobierna hace tiempo una coalición que, aun con matices y choques, da solidez y respaldo a los gobiernos de su signo. No es el caso argentino.
El resto del texto se agota en la obvia distancia del matrimonio Kirchner de la ex ministra Miceli y en la conocida presunción de que si hace una buena administración en los cinco meses que quedan hasta diciembre, Miguel Peirano podría seguir como ministro de Economía de la por ahora primera dama.
Bocadillos, nada más, sobre la sombra que supone la crisis del INDEC para Peirano y respecto de la causa que complica ahora a la titular de Defensa, Nilda Garré. Sobre este tema, incluso, se pliega al discurso oficial de cuestionar al juez Tiscornia y va más allá, quizás influido por el prisma de Alberto Fernández, cuando trata de corregir al magistrado con el argumento de que Fabricaciones Militares ya no depende de Defensa sino de Planificación, por lo que, según Van der Kooy, el invitado a declarar debería ser Julio De Vido.
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