17 de diciembre 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».


Como todos los analistas del domingo, dedica la columna a desmadejar la crisis producida por la publicidad de una investigación del FBI sobre la valija más famosa de la historia, la que trajo el venezolano Guido Antonini en un avión oficial con u$s 800 mil que ahora dicen los implicados que eran para «un candidato presidencial» que seguramente no era Ricardo López Murphy. Lo que interesa de la entrega de Verbitsky es que expresa con fidelidad la doctrina del gobierno sobre el caso: es una operación política del gobierno de George W. Bush destinada a manifestarle a Cristina de Kirchner que la amistad con Hugo Chávez tiene un precio.

Esa operación la guardó Washington hasta el momento adecuado, pero que la sagacidad de la nueva presidente le hacía presumir que algo así vendría. A su marido le ocurrió lo mismo cuando le contaron que en una sobremesa en Nueva York alguien le había deseado mala suerte. Verbitsky, un periodista con afición por las fábulas, alimentó en la mente de Néstor Kirchner que esas expresiones equivalían poco menos que la amenaza de un golpe de Estado. Algo que le sirvió al ex presidente para justificar su deslegitimación de toda la prensa argentina sólo porque un diario había recogido esa inocentada, como lo son las anécdotas que se relatan en los Estados Unidos (aun en la diplomacia de los Councils) sobre la Argentina.

Sobre el caso no cuenta mucho más que presunciones, cuando algo podría decir ya que su cercanía al gobierno le habría permitido echar algo de luz. Salvo que tampoco en el gobierno tengan algo más de lo que se publica en Internet, con lo cual están en un (otro) problema.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Como el resto de los cronistas de la transición presidencial se sorprende de la cantidad de problemas que se le acumulan a Cristina de Kirchner. No sorprende a nadie porque se benefició de una sucesión casi monárquica para evitarle a su esposo el debate sobre quién lo reemplazaría, operación que la dejó sin luna de miel. El columnista lleva las especulaciones al efecto que puede tener el asunto en la renegociación de la deuda con el Club de París. Sin Estados Unidosal lado, eso se demora, como así el protagonismo que buscó la Argentina en la solución del caso Betancourt en Colombia.

Repite -como otros- la hipótesis del complot de Bush, para castigar, en su percepción, el intento de Nicolas Sarkozy y sus amigos argentinos de intervenir en Colombia, reflotando al Hugo Chávez derrotado en el plebiscito constitucional.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Este columnista se indigna por las explicaciones que da el gobierno, fiel a su misión de escandalizar a sus lectores con ademanes del tipo «¡Qué atroz Chávez!» Igual, es el columnista que más datos aporta: 1) Que Kirchner (Néstor) cree que desde el primer valijazo de agosto pasado todo es una patraña del espionaje de los EE.UU. para perjudicarlo a él. 2) Pone la mirada sobre Tom Shannon, subsecretario de Bush para América Latina, hasta ahora el mejor amigo de los Kirchner -la recibió a la Presidente en Nueva York en su último viaje-, raramente ausente en los actos de asunción cristinista, que ocurrieron en la misma semana cuando estaba por el barrio, Brasil, Chile, pero no tocó Buenos Aires. 3) Consigna el dato del fin de semana, que el embajador Anthony Earl Wayne no será ya más recibido por los funcionarios nacionales, salvo por el canciller Jorge Taiana. Desde que asumió, el representante de los Estados Unidos se hizo popular apareciendo todos los días en gacetillas y fotografías con funcionarios de diversos niveles de todo el país. Se acabó, dijeron los Kirchner cuando se enteraron de que el viernes, lejos de suspender el cóctel de fin de año con periodistas, Wayne aprovechó la ocasión para responder a las críticas de la Presidente a lo que había llamado «operación basura».

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Dedica la entrega a un dilema gnoseológico: ¿son los Kirchner lo que parecen o son, en el fondo, otra cosa? Frente a eso -como en todo- están los idealistas, que creen que la verdad está en la retina de quien observa. Los realistas, en cambio, creen que las cosas son lo que son, con prescindencia de quien las observa. Por la calle, el público, finalmente, tiende a creer que los Kirchner son más lo que parecen ser y no otra cosa.

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