2 de junio 2024 - 00:00

Con el testimonio de una víctima que fue torturada, se acerca cierre de nuevo juicio por crímenes de lesa humanidad

El Tribunal Oral Federal recorre la última etapa de la megacausa "Jefatura III", un proceso por crímenes de lesa humanidad en el que se juzga la responsabilidad penal de 27 exmilitares y expolicías, durante la dictadura.

WhatsApp Image 2024-06-01 at 08.43.33.jpeg

El Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tucumán recorre la última etapa del juicio de la megacausa "Jefatura III", un proceso por crímenes de lesa humanidad en el que se juzga la responsabilidad penal de 27 exmilitares y expolicías que están acusados por delitos cometidos contra 237 víctimas, de las cuales 84 continúan desaparecidas.

El último testimonio fue del salteño Walter Montesinos, secuestrado en su provincia y trasladado al centro clandestino de detención que funcionó en la exjefatura de Policía de Tucumán, durante la última dictadura cívico militar. "Con las manos amarradas y vendas en los ojos, me tuvieron detenido dos meses en una celda en la que solo podíamos estar sentados o acostados", contó.

Estaba previsto que junto con el de Montesinos también dieran sus testimonios otras dos víctimas pero se ausentaron. "Suele suceder, es lamentable y aunque podrían ser obligadas a presentarse, suelen ser personas de avanzada edad que prefieren olvidar esos momentos de tanto sufrimiento. Cada uno procesa esas situaciones a su modo, no es fácil. Por esa razón, se opta por declaraciones voluntarias", sostuvo un funcionario judicial a Ámbito, consultado sobre qué se hace frente a las ausencias.

En este caso, Montesinos, de 79 años, declaró por videoconferencia desde Salta, en donde vive. Contó que trabajaba en YPF cuando fue secuestrado, en Tartagal, ante la presunción de que formaba parte de una organización política. "No participaba de nada porque durante la mañana iba a la empresa, a la tarde hacía changas y algunos días de la semana, por las noches, eran entrenador de un equipo de básquet de mi barrio", sostuvo ante los jueces.

Ante una consulta de Valentina García Salemi, Auxiliar Fiscal, recordó que fue secuestrado una madrugada de mayo de 1977, mientras esperaba el ómnibus. "El colectivo se demoraba mucho, demasiado, y fue cuando se acercó un hombre, me preguntó la hora, después de eso sentí un golpe y al instante se sumaron otros que me inmovilizaron y metieron en un auto", rememoró. Con los años y por otros testimonios, supo que el ómnibus nunca iba a llegar porque unas cuadras antes se desvió el recorrido, por lo que se trató de una acción coordinada.

Luego fue llevado a una sede policial, en donde se encontró con su hermano Hugo, que también había sido secuestrado. A los pocos días, agregó, fueron llevados en el baúl de un auto hasta un punto de la ruta nacional 9/34, en donde fueron pasados hacia otro vehículo con el que ingresaron a la sede de la exJefatura de Policía de Tucumán. "Conocía bastante de la provincia y pude guiarme, reconocer las avenidas por donde entramos y nuestro destino", dijo. Los hermanos no fueron separados y permanecieron en el mismo lugar de detención, aunque en celdas (o tabiques) separados. "Para saber si estábamos con vida y bien, inventamos un método de comunicación por medio de toces. Todas las mañanas lo hacíamos de un predeterminado modo y así sabíamos cómo estaba el otro", indicó Montesinos a los jueces.

Lo más duro, rememoró, fueron las sesiones de tortura, con golpes en todo el cuerpo, mientras le hacían preguntas sobre su militancia política, algo sobre lo que no pudo responder porque no la tenía. "Dormía casi desnudo, todo el día estaba acostado o sentado, no nos dejaban pararnos. Comíamos todos de una misma olla, nos trataban como a animales. Hacía tanto frío que una vez, un guardia se apiadó, me dio una revista y dormía en posición fetal sobre ella para amortiguar el invierno tucumano", dijo.

De las situaciones más difíciles de esos días, recuerda la vez que uno de sus carceleros dudó sobre la efectividad del vendaje que cubría sus ojos, situación en la que estaban casi todo el día. "Se acercó una persona y me ciñó tanto la venda que me quebraron el tabique. Como estaba esposado hacia atrás, no pude hacer nada y con los días, la venda olió a podrido debido a la herida. Así estuve dos semanas, hasta que el olor fue insoportable para todos los que estábamos y me la cambiaron", contó. "De esos días, me quedó una gran marca", agregó.

Dos meses estuvieron detenidos de manera clandestina los hermanos Montesinos hasta que una noche, el 23 de julio, los liberaron en un barrio de las afueras de la capital tucumana. "Yo estaba con 30 kilos menos, sucio, barba, pelo sin cortar y vestido casi con harapos", describió Walter. En ese estado, llegaron a la casa de un conocido y dos días después retornaron en tren a Salta. Dos meses más tarde fueron reincorporados a YPF y casi nada hablaron de este traumático momento de sus vidas hasta la democracia, para proteger sus vidas y la de sus familiares. Con este testimonio culminó esta etapa del decimoquinto proceso por delitos de lesa humanidad en Tucumán. De ahora en más, restan los alegatos del fiscal, las querellas, las defensas y el 6 de agosto sería el turno de las últimas palabras y el veredicto.

La lista de Clemente

Más de la mitad de las víctimas de este caso figuran en una serie de documentos extraídos del propio centro clandestino "La Jefatura" por el testigo Juan Carlos Clemente, entre 1977 y 1978, y conservadas hasta 2008, cuando las presentó ante el mismo Tribunal Oral en lo Criminal Federal tucumano durante su testimonio en el juicio conocido como "Jefatura I". Entre los archivos aportados por el testigo, calificados como "únicos en el país y de enorme relevancia histórica" por la Fiscalía, figura un documento de inteligencia titulado "Índice de declaraciones de DS (delincuentes subversivos)" en el que aparecen los nombres de 293 personas que pasaron por "La Jefatura".

Junto a los datos personales de cada persona aparece una triple anotación, según el destino que la llamada comunidad informativa de inteligencia decidía darle a cada víctima. PEN (era la "legalización" de su detención reconocida por el Poder Ejecutivo Nacional), Libertad (cuando eran liberados sin ningún tipo de formalidad) y finalmente la sigla DF que significaba “Disposición Final”, es decir, la decisión de su ejecución extrajudicial y el posterior ocultamiento del cuerpo.

Los restos de varias de estas víctimas asesinadas fueron recuperados e identificados en la fosa común conocida como Pozo de Vargas, la más grande del país descubierta, hasta ahora, y en la que se han identificado hasta ahora los restos de 119 detenidos desaparecidos, tarea en la que trabajaron los peritos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y del Colectivo de Arqueología Memoria e Identidad de Tucumán (CAMIT).

Dejá tu comentario

Te puede interesar