9 de diciembre 2005 - 00:00

Con guiño de Kirchner se largó la pulseada por sucesión de Solá

Aníbal Fernández, Florencio Randazzo, Julio Pereyra y Sergio Massa
Aníbal Fernández, Florencio Randazzo, Julio Pereyra y Sergio Massa
Unos con sigilo; otros, a los gritos. Protagonistas del planeta K, un puñado de caciques bonaerenses se lanzó, prematuro, a pulsear -ante el silencio cómplice de Néstor Kirchner- por el botín mayor de Buenos Aires: la sucesión de Felipe Solá en 2007.

Efecto de la victoria del 23/10, el kirchnerismo se convirtió -en ese rubro- en la mitológica Hidra de Lerna: un monstruo de múltiples cabezas que, sin embargo, y al menos por ahora, reacciona a los impulsos electrónicos de un único chip: el del Presidente.

El catálogo inicial está superpoblado: cobija a un abanico variopinto de pretenciosos entre los que figuran desde Aníbal Fernández hasta José Pampuro, con paradas obligadas en, entre otros, Florencio Randazzo, Sergio Massa, Julio Pereyra y Alberto Balestrini.

Pero con apenas un chistido de Kirchner podría quedar desierto si, en el tramo final, el Presidente apuesta a su dama: Cristina Fernández. Un acto hiperkirchnerista -que invitó Dante Dovena- ya proclamó, «in ausentia», a la primera dama como candidata 2007.

En todo caso, si en los últimos metros Cristina entrara en escena, el juego de alianzas y posiciones que comenzó apenas se cerraron las urnas el 23 habrá mutado de objetivo: secundar a la eventual candidata o, más atractivo, dominar una parcela de Buenos Aires.

En esta saga, Aníbal Fernández es don Pedro de Mendoza: el primer adelantado. Hace meses el ministro del Interior se subió al samba: «¿Si voy a ser candidato a gobernador?», le repreguntó a un periodista que lo interrogó sobre sus planes para 2007. «No: voy a ser gobernador».

Es, hasta ahora, el único que alquiló traje como precandidato. Los demás, en cambio, se confesaron en privado y en el tanteo público se parapetan detrás de un latiguillo tan fregado que debe traducirse como un sí: «Falta mucho tiempo todavía para hablar de candidaturas».

Ese fraseo, como si fuese un mantra, podrá escucharse en el futuro en boca de Randazzo, Pampuro, Pereyra o Balestrini. Massa -que renunció feliz (hay renuncias que alegran al implicado, algo que no ocurrió con Bielsa) a asumir como diputado- prefiere la gambeta.

Pero, fuera del ojo público, se dedican a
tejer una red que los sostenga en la disputa que viene. En el cajón de arena no se dibujan, todavía, fronteras nítidas sobre el espacio que gobierna cada uno. Menos aún se anticipa a quién podría bendecir el Presidente.

Salomónico, Kirchner repartió trincheras -con arsenales bien distintos- desde donde operar: Fernández, en Interior; Randazzo, el Ministerio de Gobierno bonaerense; Pereyra, la FAM; Massa, la ANSeS; Pampuro, la vice provisional del Senado; y Balestrini, la jefatura de Diputados.

«El Presidente va a sobrevolar esta disputay, en su momento, le levantará la mano a uno»,
coincidieron dos interesados que, además, se mostraron en sintonía respecto de que no es el momento todavía de anunciar candidaturas y apurar los forcejeos entre los postulantes.

De todos modos, hubo zarandeos pre y poselecciones.

• Días atrás, por caso,
Aníbal F. y Florencio Randazzo protagonizaron el primer choque, durante la discusión por el reparto de cargos en la Legislatura bonaerense. Antes, durante el armado de listas, hubo cruces similares.

Capítulo inicial de esa novela, la cinchada en el Parlamento perfiló alineamientos que podrían perdurar en el futuro: por teléfono, Fernández combinó con el platense
Julio Alak y el secretario de Hacienda, Carlos Mosse, hacerle un piquete al expansionismo de Randazzo.

A su vez,
Randazzo había sintonizado con Horacio González, ladero de Alberto Descalzo, intendente de Ituzaingó, y socio de Pereyra. González, en un revoleo que también involucró a Massa, arrimó 9 diputados duhaldistas para engordar el bloque FpV. Lateralmente, también jugó Balestrini.

El episodio grafica cómo, en la marcha, se acomodan los melones.
¿Proyecta eso la conformación de dos grandes alianzas con Aníbal F. -más Alak y el espacio Mosse, que reúne a intendentes y legisladores- de un lado, y Randazzo, junto a Massa y Pereyra, del otro?

Son, por ahora, los primeros escarceos: nada definitivo ni terminal. De hecho, Massa alimenta sus propias aspiraciones, y aunque Pereyra se escabulle, dirigentes del kirchnerismo lo empujan para que se trepe al ring. Nadie se niega demasiado ante el pedido.

• Fernández, en tanto, sigue su colecta de apoyos -anilló a varios intendentes- y espera fortalecerse con la llegada de dirigentes del duhaldismo residual, si le perdonan el arrebato escatológico sobre «la marchita», que también tienen buena sintonía con
Pereyra.

• Pampuro sueña con reeditar la fórmula que compitió en las elecciones del 23 de octubre:
Cristina como uno; él como dos. El ex ministro de Defensa busca explotar su vínculo con el matrimonio presidencial para suplir la escasez de su ejército propio.

• En ese «puzzle» aparece, además,
Solá que -siquiera por ahora- no oculta su preferencia por Randazzo entre los que se inscribieron en la grilla de precandidatos. El ministro bonaerense, que estuvo a un tranco de asumir un cargo en Nación, oferta además un trato directo con Kirchner.

Lo mismo computan como capital político
Pereyra -fue uno de los primeros intendentes en dejar a Duhalde para alinearse con Kirchner, y tiene acceso frecuente a la Rosada- y Massa, que logró continuar en la ANSeS, desde donde comanda su campaña no convencional.

Otro que se declara «amigo» de
Kirchner es Balestrini, que relojea la riña desde la Presidencia de la Cámara de Diputados. Desde ese despacho, el matancero les promete a sus asociados que «hará los deberes» para construir un espacio desde donde pelear la gobernación.

Entre movimientos sutiles, alianzas clandestinas y gestos feroces, la larga marcha hacia la gobernación bonaerense de 2007 ya redactó varios capítulos. El final está lejos y nada garantiza que, como en el relato mitológico, aparezca un Heracles que degüelle a la hidra.

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