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27 de diciembre 2004 - 00:00

Conflictos que amenazan

La conflictividad social para 2005 todo hace pensar que pasará por los reclamos gremiales. Hasta 2003 las protestas por reivindicaciones fueron capitalizadas por las distintas organizaciones "piqueteras" que surgieron hacia finales del gobierno de Fernando de la Rúa como expresiones de los sectores más humildes afectados por el crac financiero-económico que derrumbó al gobierno de la Alianza que derivó en una alta tasa de desempleo. Pero al devaluarse el reclamo piquetero, que terminó agotándose en sí mismo por las exageraciones de sus dirigentes y porque el gobierno aplicó -y la sociedad soportó- una hábil táctica de disuasión sin prohibiciones ni violencia, resurge el eterno reclamo de la burocracia sindical, justificada y alentada desde el gobierno que quiere hacer demagogia a costa de las empresas privadas pero sin disminuirles la alta presión tributaria e impuestos distorsivos, como el vigente al cheque. Esta es una síntesis de la nota de la revista "Edición i" que dirige el periodista Edgard Mainhard:

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• Para las fiestas de fin de año de 2001, la conflictividad social fue marcada por el «corralito» y el «que se vayan todos». Para las fiestas de 2002-2003, la conflictividad social fue representada por los desempleados, agrupados en prebendarias organizaciones «piqueteras»... Sin embargo, en el fin del año 2004, cuando el gobierno espera un boom del consumo doméstico gracias a la sensación de confianza, apalancada por el Plan Cajita Feliz --que supone un importante aumento en los jubilados-, algo ha fallado.

• La concesión del ajuste salarial a los telefónicos detona el inicio de la puja distributiva tal como la sociedad argentina no padecía desde los tiempos de la inflación. Para colmo, hasta ahora, la convertibilidad --estigmatizada por el Presidentefuemás eficiente, pese a todo, en provocar «un efecto derrame» en los sectores medios y bajos de la población.

• Cuando el Presidente luce consolidado, y las informaciones cotidianas se refieren a recaudaciones impositivas extraordinarias, superávit fiscales impresionantes y asignaciones extraordinarias a provincias y municipios, al menos los trabajadores estatales decidieron pasar a la ofensiva. Y también los trabajadores empleados con capacidad para sostener un conflicto desgastante. Esto es lo que ha comenzado a ocurrir en la Argentina.

• Los sabios de pueblo han advertido por generaciones: «No es bueno contar plata delante de los pobres». Y es precisamente lo que hicieron el Presidente, su ministro de Economía y otros funcionarios, levantando una imagen falsa de la administración porque, en verdad, el superávit se debe a que no hay pagos de la deuda pública externa. Además, no se comprende el superávit con deuda doméstica que sigue emitiéndose.

• Fue un sindicalista con diálogo con Kirchner, como el camionero Hugo Moyano, quien apoyó la ofensiva de los telefónicos, poniéndose a la cabeza de la CGT, y estableciendo mecanismos de coordinación con la otra entidad gremial importante, la CTA, también liderada por un sindicalista con buen trato con Kirchner: Víctor De Gennaro, de ATE. No faltan quienes advierten que el espíritu fogoso de Moyano puede ser funcional a Duhalde.

• La conflictividad sindical tendrá su impacto en el inicio del año electoral porque todo indica que las reivindicaciones se acentuarán en el año 2005. ¿Cómo será el cierre de listas de candidatos en este escenario? No tiene sentido proyectarse tan adelante en el tiempo. Mejor plantear la contradicción de un shock del consumo y un récord de compras para las fiestas navideñas mientras se multiplican los conflictos salariales.

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