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El progresismo argentino, en definitiva, es un marxismo filtrado en toscas zarandas, con resentimientos antes y aburguesamiento tipo populista cuando logró llegar al poder, sumando a los desesperados por figuración, alfombras rojas y autos oficiales. No pueden coincidir entonces con los de la revolución permanente, lucha de clases, toma del poder sólo por las masas y cambio de estructura o nada. Tienen sus muertos distintos que recordar de la subversión-represión de los años '70. Por depender menos -sólo en cobro de «planes jefes» y comedores- del Estado y sus tentaciones actúan más coherente y monolíticamente contra los de antes y los de ahora. Son pocos pero en los actos concurren casi todos. Usan los viejos métodos -hasta llevar siempre bebés en carritos entre manifestantes, algo que ya en 1925 se probó como estremecedor para siempre en el film soviético «El acorazado Potemkin»- y en reuniones abiertas se imponen o las desbaratan.
En el caso del viernes pusieron la división final de una conmemoración del 24 de marzo que nunca, ni ese día ni en las vísperas, recordó la pérdida de la democracia y sí sólo la represión del régimen militar. Que recordó con exclusividad sus víctimas como si del otro lado hubieran sido merecidas, aunque incluyeran muchos civiles, simples conscriptos y hasta niños.
Fue una conmemoración para lamentar dolores parciales pero quizá más para reafirmar poder cuando no están visibles planes claros ni ideologías aglutinantes en el actual gobierno. Saturaron desde radios y televisión los simplistas, los serviles y la mayor parte de la prensa que en los '70 alabó militares en su represión violenta. Respondió así esta prensa en forma hipócrita al pedido presidencial de autocrítica. Lo hizo en su mismo estilo pero adaptado: alabando al nuevo gobierno, como antes a los militares.
El gran público no participó ahora como tampoco en los '70. Tuvo un feriado imprevisto y viajó o descansó. Vive su actual mejoría de bienestar -aunque no general ni de fondo-, pero no absorbe los resentimientos que quieren inculcarle. Inclusive el viernes permanecieron muchos en sus hogares porque hay cierto temor a no adherir hoy a las imposiciones desde el oficialismo.
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