Virus alumbró acuerdo Alberto, Larreta, Kicillof y Moyano

Política

La inminente apertura del sanatorio, un gigante en el centro geográfico de la Ciudad cerrado desde 2005, será producto de una delicada ingeniería política que apuró la crisis sanitaria. Podrá alojar hasta 300 pacientes.

La crisis por el coronavirus alumbró un acuerdo político al más alto nivel en la Argentina y sin interferencias de color partidario, para la apertura de un centro de salud enclavado en el centro geográfico de la Ciudad de Buenos Aires que permanecía clausurado desde 2005. Se trata del Sanatorio Antártida, un gigante edilicio en el barrio de Caballito que el sindicato de Camioneros intentaba poner en funcionamiento desde que lo compró, en 2009, y que podrá abrir sus puertas a instancias de la pandemia internacional y de un entendimiento del que participaron Alberto Fernández, Axel Kicillof, Horacio Rodríguez Larreta y Hugo Moyano.

La inauguración -los negociadores dicen que será la vencida, tras dos intentos previos que resultaron fallidos- se prevé para los próximos días y la gestión se aceleró al calor de la expansión de casos de Covid-19 en la Argentina. Una vez concretada, la provincia de Buenos Aires tendrá la disponibilidad exclusiva de las más de 300 camas y el equipamiento de alta complejidad del establecimiento bajo control de la Obra Sindical de Choferes de Camiones (Oschoca).

La falta de uso desde hace 15 años (fue refaccionado y puesto en valor, desde entonces, pero jamás fue utilizado), que podría ser la principal característica en contra del Antártida, termina por convertirse en una ventaja por estar en plena disponibilidad para recibir a pacientes con requerimientos de estricto aislamiento.

Hugo Moyano llevó adelante las tratativas en persona. Entendió que sólo un acuerdo político podría sacarlo del empantanamiento en que se encontraba el Antártida, paralizado por la falta de la habilitación correspondiente por parte de la Ciudad de Buenos Aires y también por la colosal inyección de recursos que demanda su mantenimiento y, más aún, su apertura. La pandemia alineó los planetas: el jefe de Gobierno porteño comprometió su firma para autorizar la apertura inmediata y la atención de casos sospechosos o diagnosticados de coronavirus, en tanto que Nación y la provincia de Buenos Aires aportarán los recursos financieros y humanos necesarios.

El origen del pacto cuatripartito es difuso, pero todos los consultados coinciden en que incluyó una comunicación puntual del líder camionero con Alberto Fernández, que luego mencionó la oferta en un discurso de la semana pasada. También, que fue el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, quien le llevó a Kicillof la idea de incorporarse a la negociación para alojar en ese centro de salud a pacientes bonaerenses. Por su parte Larreta, que siempre cultivó una buena relación con Moyano, tenía por un lado el aliciente de contar con un espacio de contención de diagnosticados con coronavirus que de otro modo podrían deambular por el AMBA y, por otro, ya no sentía la presión de Mauricio Macri cuando como presidente le exigía hostigar al sindicalista. Las tratativas de Moyano se desarrollaron -nada novedoso- por fuera de la CGT, que a su propio ritmo le insistió al ministro de Salud, Ginés González García, para que escuchara al sector de las obras sociales sindicales como gestores de la atención de 15 millones de argentinos. La central obrera recién lo logró la semana pasada, una vez que el funcionario entendió que las prestadoras de los gremios podrían aportar al sistema las mil camas de terapia intensiva que le faltan a un sector que tiene, en total, unas ocho mil plazas en todo el país con esa característica.

Aquel entendimiento incluirá la puesta a disposición de los hoteles sindicales para alojar a personas sospechosas de portar coronavirus y que requieran aislamiento. El Gobierno nacional, a través de la Superintendencia de Servicios de Salud, por su parte, se comprometió a destrabar en lo que resta de este mes unos $4.000 millones de una deuda mayor estimada en 10 mil millones de pesos en concepto de reintegros no saldados por tratamientos de alta complejidad y remedios costosos ya brindados por las obras sociales.

En cuanto al Antártida, que permanece cerrado desde su quiebra, en 2005, fue adquirido por Oschoca en 2009 e inaugurado por primera vez ese año, como obra de refacción edilicia. Una segunda inauguración se produjo en enero de 2018 con la presencia de Moyano, el entonces ministro de Trabajo, Jorge Triaca, y Diego Santilli en representación del Gobierno porteño. El sanatorio tiene 14 pisos de alto distribuidos en 15 mil metros cuadrados con poco más de 300 camas y unidades coronaria, de terapia intensiva, pediatría, neonatología, preparto, posoperatorio, guardia médica, shock room, trasplante de médula ósea, radiología digital, laboratorio de análisis clínicos, laboratorio de inmunohematología, resonador magnético, salas de rayos X y dos tomógrafos, entre otros.

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