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19 de enero 2004 - 00:00

Crece tensión con gobierno uruguayo

Con la intervención directa en asuntos internos de otros Estados, el gobierno de Kirchner dio una nueva muestra de cómo el país maneja sus relaciones exteriores. Ahora generó un conflicto con el presidente uruguayo, Jorge Batlle, a raíz de la querella presentada por la desaparición de la nuera de Juan Gelman. Batlle exigió explicaciones por sus connacionales desaparecidos en la Argentina. Y siguió cruce de declaraciones: afirmó el canciller Bielsa que la desaparición de la nuera de Gelman en 1976 es para nuestro país "una cuestión de Estado"; del otro lado, el gobierno uruguayo prometió "una clara y oportuna respuesta". No debe perderse de vista que, si bien es cierto que en Uruguay rige la Ley de Caducidad, no lo es menos que Batlle sabe aprovechar, en año electoral, cierta "fobia hacia lo argentino" y demoniza a Néstor Kirchner, tan "hermanado" con su opositor Tabaré Vázquez.

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Para Kirchner, Batlle es una figura antipática. En principio, se trata de un colorado que apostó por Carlos Menem en las últimas elecciones. Abrazado al pensamiento liberal-conservador, el presidente del Uruguay es la mosca blanca en un cono sur centroizquierdista que integran, con matices, Luiz Inácio Lula Da Silva, Ricardo Lagos y el propio Kirchner. Además es temperamental y poco respetuoso del protocolo. Ideal para tener con Kirchner una mala relación.

Estas aversiones están precedidas por otras, las que separaron al peronismo del Partido Colorado desde los años '50, con Montevideo convertida en sede del exilio argentino enemistado con Juan Perón.

El «caso Gelman» fue, bien temprano, el escenario para que se tramitara este entredicho. En su momento, causó malestar que en la tapa del diario oriental «La República» apareciera una carta dirigida al presidente Batlle y firmada por la secretaria de Derechos Humanos de la Cancillería, Alicia Oliveira (seguramente sería un borrador que, en todo caso, firmaría Kirchner). El texto no fue redactado en el Ministerio de Relaciones Exteriores y la publicación habría sido una «picardía» de un par de periodistas, de aquí y allá, amigos de esta militante de izquierda.






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