En la industria de la construcción, uno de los mayores inconvenientes es la generación de escombros y polvillo. Con cada demolición, toneladas de materiales quedan descartados mientras se emplea un elevado consumo de recursos y nuevas emisiones debido a la fabricación de insumos para futuras obras.
El invento que podría cambiar la construcción para siempre: paredes de ladrillo que se pueden volver a utilizar
La propuesta desarrollada en Europa hace posible acceder a un modelo más sustentable con menor impacto ambiental.
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Este proyecto busca reducir el desperdicio y ayudar al medio ambiente a la hora de construir.
Ante esta situación, un grupo de investigadores austríacos presentó un invento que busca modificar el desperdicio habitual de este sector. La iniciativa propone sistemas capaces de desmontarse y reconstruirse sin tener que destruir sus componentes, una característica que podría transformar la manera en que se diseñan los edificios del futuro.
Paredes reutilizables: de qué trata este nuevo invento
El proyecto fue desarrollado por especialistas de la Universidad Tecnológica de Graz (TU Graz), en Austria, junto con la empresa Wienerberger. El objetivo consiste en que la vida útil de los materiales de construcción no tenga que depender de la duración del edificio donde fueron instalados.
La propuesta se basa en paneles prefabricados de ladrillo que pueden retirarse completos una vez que una estructura deja de cumplir su función. En lugar de emplear uniones permanentes, los investigadores diseñaron sistemas de ensamblaje reversibles que permiten desmontar las paredes sin provocar daños.
La idea busca que los mismos elementos puedan incorporarse posteriormente a otra obra, de forma similar a lo que pasa con las piezas modulares reutilizables.
De esta manera, los ladrillos no terminan convertidos en residuos luego de una demolición. Los paneles desarrollados cuentan con un espesor de 44 centímetros e incorporan lana aislante en su interior para garantizar un adecuado desempeño térmico. Además, salen de fábrica con el revestimiento ya aplicado, lo que reduce las tareas posteriores en el lugar de construcción.
Uno de los principales retos técnicos fue asegurar que el sistema mantuviera los mismos estándares de resistencia que una pared convencional, pero para resolverlo, los ingenieros trabajaron sobre dos alternativas estructurales:
- Emplear cubiertas con suficiente peso para aportar estabilidad al conjunto.
- Utilizar barras de alta resistencia que atraviesan verticalmente los ladrillos y refuerzan la estructura.
Según los responsables de la investigación, ambas soluciones cumplen con los requisitos de seguridad, estabilidad, aislamiento y estanqueidad exigidos para los edificios modernos. La iniciativa es importante y necesaria porque los residuos de construcción y demolición superan un tercio del total de desechos generados en Europa.
Los resultados esperanzadores del proyecto
Para comprobar la viabilidad de la propuesta, los investigadores levantaron un edificio experimental con estos componentes reutilizables. Tras finalizar la primera etapa, la construcción fue desmontada por completo y luego todos los elementos se trasladaron y se volvieron a ensamblar en otra ubicación.
El resultado fue exitoso, ya que la estructura conservó su funcionalidad y cumplió con las exigencias técnicas previstas, incluso después del proceso de desmontaje y reconstrucción. Los estudios realizados señalaron que la reutilización de estos elementos podría disminuir un 60% de las emisiones de dióxido de carbono cuando se consideran tres ciclos completos de uso, en comparación con los materiales convencionales.
La reducción es importante si se tiene en cuenta que la fabricación de ladrillos requiere un importante consumo energético y de materias primas, por lo que cada componente que vuelve a emplearse evita la necesidad de producir uno nuevo.
Otro aspecto evaluado por los especialistas fue el comportamiento de las paredes a largo plazo. Para ello recurrieron al análisis modal, una técnica que permite detectar cambios en la capacidad estructural mediante el estudio de las frecuencias naturales de vibración del material.
Gracias a este procedimiento, sería posible verificar el estado de los paneles después de entre 10 y 20 años de servicio sin recurrir a ensayos destructivos. Los investigadores consideran que el sistema encaja dentro de los principios de la economía circular. Además, la propuesta también podría generar ventajas económicas, porque los materiales conservarían un valor residual considerable, ya que podrían desmontarse y comercializarse para nuevas construcciones.
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