24 de mayo 2006 - 00:00

Cuando se condena por olfato

Luis Patti
Luis Patti
El oficialismo de Diputados, con la ayuda de adversarios objetivos como el ARI de Elisa Carrió, un sector de la UCR y fracciones menores, consagraron a la Cámara como un club para cuyo ingreso vale la bolilla negra sobre el postulante. Por sobre la legitimidad de los votos populares ganados por el electo Luis Patti, impusieron el número usando el argumento canalla de los años 70: «Algo habrá hecho».

La Justicia no ha encausado al ex comisario por las acusaciones que ha recibido desde hace años por presuntos delitos. Es difícil imaginar a qué recurso deberá acudir en adelante un ciudadano para sacarse de encima las sospechas si algún grupo de presión lo elige como víctima con el solo propósito de legitimar su posición sindicándolo como enemigo.

Ni las presunciones que lanzó ayer Carrió al comparar la limpieza de la Alemania posnazi alcanzan para justificar que se haya consagrado el método más perverso de la persecución: el olfato del acusador.

Más grave es que el principal agitador de esta persecución haya sido el diputado Miguel Bonasso, que entró al Congreso colgado de una boleta de un partido tan inexistente que acaba de ser abolido por la Justicia porque en tres años consiguió apenas 145 adhesiones. Los votos los puso Aníbal Ibarra, a cuya boleta se colgó Bonasso por un partido de Rafael Bielsa y a pedido de Néstor Kirchner. Cuando la jueza María Servini de Cubría dictó la anulación del partido de Bonasso dijo en su sentencia que al ritmo que llevaba en la recolección de adhesiones (145 en un año) convertía la exigencia de afiliaciones en una burla a la ley ya que le llevaría 71 años conseguir el 4 por mil del padrón que pide la ley electoral.

Contra ese mínimo número de adhesiones de Bonasso hay desde anoche más de 400 mil votos que se quedan sin representante en el Congreso. Queda defraudada no sólo la ley, que pide que los candidatos sean impugnados antes de ir a las urnas -para eso hay previstos plazos en las leyes electorales luego de los cuales son nulas las quejas-, sino también la intención del voto: con la caída del pliego de Patti queda en puerta para ingresar en su reemplazo el sindicalista Dante Camaño, hermano de Graciela, diputada oficialista, cuñado de Luis Barrionuevo, también hoy jugando con el kirchnerismo. Los 400 mil que votaron contra el kirchnerismo en la persona de Patti (que iba unido a la nominación de Chiche Duhalde a la senaduría nacional) verán ahora cómo este Camaño se une al bloque oficialista del Frente para la Victoria y los representa.

¿Basta con que la militancia de izquierda haya sufrido, como otras ideologías en el pasado, persecución cruenta e injusta, para avalar que a este Patti se lo destituya por el « olfato» de sus adversarios, que no han podido acercar ninguna prueba en su contra? Este antecedente doloroso debería servir para lo contrario: para que no ocurra de nuevo en el país.

Patti no ha hecho nada para lograr simpatías entre sus adversarios, algo que parecen haber buscado ayer Carrió y algunos radicales, que desoyeron el dictamen jurídico de un hombre insospechado en esta materia como Ricardo Gil Lavedra, que integró el tribunal que condenó a las juntas del último Proceso. También se apartaron estos radicales de la opinión política de un Raúl Alfonsín, el presidente que ordenó aquellos enjuiciamientos que le valieron un alto costo político. El ex mandatario empleó lo que le resta de autoridad partidaria para ensayar un ejemplo de libertad de conciencia al decir que no existían trabas legales para el ingreso de Patti a su banca. Con la misma valentía había tomado hace algunos años partido en favor de la no extradición de ex militares para ser juzgados en el exterior.

Agranda el daño que se produce al país con la votación de ayer que Patti no sea la principal figura de la oposición política; esto demuestra que lo que el oficialismo y sus aliados temporarios buscaron es posicionamientos circunstanciales sobre la base de preconceptos que han creído eran más importantes que las leyes vigentes. También consagra una práctica que es el ensañamiento con quien no tiene fuerza con el sólo objeto de transmitir el mensaje de que el poder es injusto, que puede perdonar el transfuguismo de un Eduardo Borocotó a las 14 pero eliminar a las 16, sin ley vigente, a un Patti de su banca. ¿Es el propósito instalar desde el vértice del poder que el único camino es buscar la amistad con quien manda?

  • Sistema preventivo

    En la Argentina rigió durante muchos años un sistema de prevención del delito que consistía en el «manyamiento»; en las comisarías se hacían rondas de detenidos para que los policías retuviesen su rostro y características personales para identificarlos cuando, ya en libertad, se los cruzasen cerca de algún incidente. El método del «manyamiento» -lunfardismo que consagró el tango «El ciruja»- se perfeccionó con los álbumes de retratos de detenidos y sospechosos.

    Esta práctica la combatió el garantismo criollo hasta que una ley del Congreso, promovida por el fallecido Simón Lázara, derogó esa facultad policial de moverse según el olfato de los pesquisas que, afirmaban, podían reconocer quién era delincuente y quién no lo era sólo por el aspecto exterior, su rostro y su vestimenta. Esa norma está vigente y se llama «ley Lázara». Prohíbe que se persiga a alguien sólo por la presunción circunstancial de que pueda haber cometido un delito y sin que la Justicia haya probado nada. Es lo que ha hecho ayer la mayoría de los diputados en una sesión y ha sido un retroceso de años en materia de derechos humanos en la Argentina.
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