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Ya anticipó ayer este diario la celebración con algún incidente posterior que, por motivos políticos y sindicales -es una forma de decir-había provocado el sesentón gremialista Barrionuevo. Hasta expuso a su familia en el festejo para brindar, bruschetta de salmón y cordero patagónico mediante (como corresponde al nuevo oxígeno sureño de Barrionuevo), con hombres del gremialismo, de la política, peronistas y radicales, menemistas y oficialistas. Lo que se dice una cumbre interdisciplinaria.
Y en honor a la gordura dieron el sí sindicalistas como Norberto Latorre ( gastronómico, autor de todos los libretos que luego difunde Barrionuevo), Reynaldo Hermoso ( químicos), Angel García ( seguridad), Omar Suárez (SOMU), un ex de la actividad, Jorge Triacca, y dos joyas de la corona cegetista, devotos de Kirchner, amplios como él: Juan Manuel Palacios (transporte de pasajeros) y el inefable Hugo Moyano. Los dos pasaron como vértigo, no vaya a ser que los registre un fotógrafo o un espía de la SIDE y, luego, se les complique la relación y los negocios con el gobierno (ya son públicos y más que cuestionables los enredos del camionero con toda el área de Julio De Vido, quien no se sabe si es intermediario de Kirchner o duerme el sueño de los justos santacruceños premiados con la ignorancia).
Voces menos conocidas como el empresario Oscar Ghezzi, Osvaldo Agosto, no podían precisar ayer -quizá por cierto revuelo del final-si también había asistido Armando «Bombón» Mercado, un « muchacho» formado en el SUPE de Diego Ibáñez (nadie se olvida de Menem), del Sur, claro, quien alguna vez se casó con Alicia Kirchner y ahora, con ella se ve poco, pero a su cuñado le presta servicios acercándolesindicalistas de nota y prestigio (algunos de los presentes), punteros del interior y, como premio a tanto esfuerzo, el gobierno le ha confiado la atención, limpieza, orden, aliño y escrutinio del Tango 01. Lo tiene tan bien al avión que no casualmente lo llaman «el bomboncito».
Como es de imaginar -según lo que contaban en la SIDE-, tanta democracia participativa en gente sin Veraz, casi todos interesados en la letra «K» porque brinda juventud, empezando por el cumpleañero que confesóen autocrítica dolorosa (en tono sindical, obvio) que estaba arrepentido de los huevazos que le arrojaron en Catamarca a Cristina Kirchner, cuando ella viajó para voltear al propio Barrionuevo. «Sé que no me lo perdonan», admitió, pero igual se esfuerza en busca de esa clemencia. Hay testigos. Otros, sin embargo, le advertían que Kirchner era implacable en el rencor y, a propósito, un radical de mustia voz sostuvo: «En el cumpleaños de Alfonsín, hace 10 días, Raúl comentó que él sabía que el santacruceño era intolerante y autoritario, pero que no había imaginado que era tanto». Después, claro, la piedad por Cristina se mutó en crítica, a pesar de que Graciela Barrionuevo, la esposa del celebrante, la defendió a capa y espada porque «fuimos compañeras de banco y de banca en Diputados». Y debió ser así, porque Luis agregó para que sonara alarma en la grabación de la SIDE: «Ellas dos se conocen todos los secretos». Pero, también admitió: «A mí no me cuenta nada».
Otra mujer fue víctima, claro, de las pullas gremiales: Graciela Ocaña, hoy al frente del PAMI. Se habló de todo y, lo más interesante fue escuchar la lista de altos ejecutivos de ese instituto que responden a Federico Storani. Se habló de Perón, los montoneros padecieron la misma ira que sufrieron las mujeres con la misoginia sindical y, por último, ya desbordados por la alegría de haber llegado hasta donde llegaron y, con la expectativa de llegar todavía mucho más alto gracias a Kirchner, hubo varios brindis. Demasiados. Burbujas que, como siempre, después generaron alguna batahola por nimiedades, lo que sirvió a uno de los menemistas vivos para decir: «Esto yo ya lo vi antes».
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