El hermano del joven Matías Bragagnolo, asesinado hace tres meses en un incidente violento en el Barrio Parque de la Capital Federal, escribió una conmovedora carta dirigida al Presidente y al país que fue publicada por la revista «Gente». Se sobrepone al dolor en lo que escribe y declara su compromiso de luchar contra el demonio que terminó con la vida de su hermano mellizo: la violencia. Aquí, los principales fragmentos de esa carta.
Me encuentro en mi cuarto escribiendo esta carta porque ya no puedo más, y he decidido hacer algo al respecto. Tratar de iluminarlo, si ésa es la palabra indicada, y si mi persona es merecedora de tal acto. He decidido rotundamente que ya no quiero vivir así, en este ambiente de inseguridad; puedo hablar por muchos al decir que exijo un cambio. Ya no podemos escondernos; ni un acto patriótico ni un Mundial pueden hacernos zafar, ni a mí, ni a usted, ni a nadie, no esta vez.
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Sé que querrán pensar que esta carta la escribe mi papá o mi mamá, pero lamentablemente no es así. Y creo que eso debería preocuparlos más todavía. Pues se trata de un adolescente que exige ahora, es un hijo el que ahora demanda, que está disconforme con lo que ve. Aquí, mis fundamentos.
Los derechos humanos, como su nombre lo indica, son para los humanos, para los hombres en su totalidad, no sólo para los que delinquen. Los derechos humanos de ninguna manera pueden ser usados solamente a favor del victimario, no lo permitiré. Es mi deber, no quiero ser cómplice: todas las noches me desvelaría el pensamiento de saber que las leyes en mi país son usadas para evitarle el calabozo a ese asesino, y no denunciar tan enorme atrocidad (...).
Ruego a Dios y a Mati que mis actos sean siempre para construir, piedra sobre piedra, peldaño a peldaño, y no para hacer el mal, porque no lo deseo. Sí, realmente deseo hacer el bien. Puedo decir que siento una profundísima admiración por aquellas personas que todavía creen en un mejor mañana, que se atreven a seguir luchando día a día. Arriba madres, arriba curas, arriba padres y arriba adolescentes. Ojalá yo, algún día, llegue tan sólo a la altura de sus tobillos. Seré un iluso, pero sueño con aquel día en el que no tenga que salir a la calle mirando con miedo a los cuatro puntos cardinales; sueño con aquel día en el que ese policía ya no tenga que portar un grueso chaleco antibalas (...).
Algunos hablarán sobre la mala suerte de los Bragagnolo que les pasó esto, sobre la mala suerte de los padres de Cromañón, o sobre la mala suerte del señor Blumberg, pero yo, personalmente, hablaría de la mala suerte de todos, pues lo quieran o no, todos estamos expuestos en este país, que parece un juego de azar en el que esperamos a ver a quién le toca la próxima vez. Esa próxima vez quizá les saque un pariente a ustedes, o mismo otro a mí, pero yo no la voy a esperar sin defensa esta vez, pues no pienso frustrarme sin antes haber combatido la inseguridad y esas almas corrompidas que la generan (...).
Con mi mayor respeto, a usted, señor Presidente, al Congreso, a los piqueteros, a los barras bravas y a esos policías corruptos, que con orgullo vale aclarar no son todos, les digo: la violencia no sirve para nada, no, los cambios que con ella son logrados no son duraderos ni verdaderos. Sirve mucho más, en cambio, la capacidad intelectual de un hombre, su capacidad de pensar, su habilidad como ser pensante. Y como tal, afirmo: el violento es un mediocre; el filósofo, un grande (...).
Como dije alguna vez a Matías, sentado en este desolado rincón de nuestro cuarto, yo, Martín, me declaro inconforme. En nombre de muchos, exijo, como bien dijo Constanza Guglielmi, una respuesta más eficiente por parte de mis funcionarios. Yo, hermano mellizo de Matías, con todo mi dolor y tristeza lo reto señor Presidente, y con este grito de mi alma que pide justicia le ruego considere el dolor de esta familia que quiere justificar aunque sea un poco esta pesadilla que le tocó vivir. Pueden ver que conservo las marcas, que no han de tachar con un punto final, que nadie podrá cubrir con otro montón de mentiras (...).
A todos aquellos que obstaculizaron y obstaculizan el caso de Matías, a todos aquellos de almas corrompidas y que viven el día a día parasitando de los demás, a toda aquella gente y políticos que hacen de ésta una Argentina injusta e inhumana, los repudio, y aquí pueden verme, erguido los reto, erguido y sin miedo los combato con mis diecisiete años, aquí pueden verme, porque doy mi vida por la de mi hermano. Aquí me verán, decidido porque me paro ante la vida, aquí pueden verme porque doy la cara, que prefiero golpearla, a ser un avestruz. Aquí pueden verme, porque prefiero la muerte a vivir muerto como muchos (...).
Martín Bragagnolo. Hijo de Cecilia y Marcelo Bragagnolo. Hermano de Matías y de Manuel. 9 de julio de 2006.
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