23 de octubre 2006 - 00:00

Desconcierta a columnistas la barbarie de San Vicente

Juan Domingo Perón y Hugo Moyano
Juan Domingo Perón y Hugo Moyano
Los columnistas dominicales tropezaron con que el tema predominante de la semana, la agresividad en San Vicente al llevarse a una quinta los restos de Juan Perón, está demasiado lejos de las intrigas palaciegas que habitualmente nutren sus análisis políticos. A columnistas no proclives al fútbol ni a concurrir a estadios y sí a presenciar de lejos actos políticos les cae exótico el movimiento de grupos de choque, de barras bravas, de peleas callejeras, de tiros y caudillos. Para colmo no pudieron ni abastecerse de interpretaciones lógicas en el gobierno que tampoco entendió el tema y hasta cayó en la torpeza de decir que los tiros, palazos y trompadas fueron «un complot contra Néstor Kirchner». Un absurdo esta idea.

Lo ocurrido en San Vicente es bastante simple de entender: los obreros de la construcción bonaerense que, sin cobrar en su mayoría, remodelaron la vieja quinta del matrimonio Perón, le erigieron un hermoso mausoleo y reunieron los elementos para que el lugar sea un Museo de Perón, no estaban dispuestos a que el grupo de choque más fuerte hoy en la Argentina -la guardia armada del agresivo Pablo Moyano, hijo y dominador del sindicalista camionero Hugo Moyano- se apropiara del esfuerzo de los bonaerenses y lo ofreciera todo como una ofrenda más a Néstor Kirchner a cambio de millones de pesos recibidos, que este domingo «La Nación» y «Clarín» ubican entre 540 y 865 millones de pesos, una cifra enorme para que Pablo Moyano pueda tener paga una milicia armada propia, incondicional hasta para matar o ir a la cárcel a cambio de tanto dinero que se les reparte.

El gobierno va a tratar de hacer detener a gente de la UOCRA bonaerense. ¿Por qué si sólo llegaron a primera hora de la mañana a esperar los restos de Perón en el lugar que con tanto esmero prepararon durante años? ¿Alguien cree que fue fácil lograr reunir y reacondicionar viejos autos que usó Perón? ¿O que lo fue que el intendente de Lanús, Manuel Quindimil, dejara salir hacia el nuevo museo con dolor de su despacho gorras, uniformes que atesoró por años de Perón? ¿Le iban a regalar todo ese esfuerzo a los Moyano? Lo demás carece de importancia. Que Luis Barrionuevo haya llenado páginas de los diarios como intentando aprovechar la situación para desplazar a los Moyano de la CGT es irrelevante. En el mejor de los casos es un deseo permanente del gastronómico y de la vieja burocracia cegetista («los gordos»).

Joaquín Morales Solá tiene la mejor frase para entender por qué Kirchner mantiene a Moyano y lo seguirá manteniendo (como Luis D'Elía). Expresó en su columna: «un pánico sin control lo estremece a Kirchner cuando imagina un eventual escenario de indisciplina social inmanejable». Es la realidad, Kirchner teme que en una anarquía de calles no le responda ninguna fuerza uniformada por tanto que hizo para inutilizarlas. O que se aprovechen de una orden oficial para cargarle muertes. Su setentismo exagerado es por temor a reacciones de izquierda también en las calles. No le interesa Juan Perón -nunca le interesó- pero si quería ir a un acto «asegurado» en San Vicente es porque también teme alguna manifestación popular adversa del viejo peronismo. Así se mueve Néstor Kirchner, seguro frente a un micrófono pero sin interlocutores, en actos «asegurados contra disturbios»; en concentraciones con gente agradecida porque distribuyó las obras. Los cronistas de los sucesos de San Vicente aportan más que los desconcertados analistas políticos. Un detalle recogido muy importante es que el grupo mafioso de Pablo Moyano está tan seguro de su fuerza para imponerse donde sea que calculó mal la resistencia, que despreciaba de los que construyeron el mausoleo y repusieron la quinta. Estos se defendieron con piedras y «cerrando el portón», la milicia de Moyano atacó con armas, está más que probado.

Joaquín Morales Solá, en una columna opaca este domingo, dice que los restos de Perón no podrían haber ido con el féretro a San Vicente, o sea que habría un traslado « trucho». Suena raro, fantasioso. Falla históricamente al decir que Perón fue elegido en sus tres presidencias democráticamente. No es cierto. Lo fue en la de 1946 y en la de 1973. En la segunda de 1952, que no concluyó, lo hizo tras alterar la Constitución que reformó ilegalmente en 1949. Sin embargo el mayor error del columnista de «La Nación» es negarle a Néstor Kirchner casi la única intelectualidad aceptable que siempre repite: «radicalismo» y «peronismo» son formas marginales de la política moderna. Vamos hacia centroizquierdas y centroderechas alternándose en el poder, como en los países desarrollados, Chile o Brasil. El problema de Kirchner no está en negar eso, que es real, sino en que su modo de sentir la política como una hegemonía casi dictatorial lo lleva a creer que siempre gobernará el centroizquierda porque la asentó en una bonanza económica externa.


VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Este columnista agrega algo que explica un poco San Vicente y el apego del presidente Kirchner al matonismo de los Moyano padre e hijo. Dice: «el Presidente edificó su conducción de hecho en el Partido Justicialista en base a una implacable disciplina y con ausencia casi total de carisma y de afectos». Está bien definido pero debió agregar que la «implacable disciplina» la logró en base a distribuir dineros públicos. Analiza bien que echarle la culpa a Eduardo Duhalde por los sucesos de San Vicente también es infantilismo analítico en el gobierno. Eduardo Duhalde lanzó la idea, los trabajadores de la construcción de la provincia que encabeza el dirigente Juan Pablo Medina la pusieron en práctica -trabajaron inclusive- sábados y domingos. Y no se lo iban a regalar ni a los Moyano, ni al Kirchner que es palpable que no quiere al peronismo, ni sus símbolos pero comprende que todavía representa mucho en niveles poblacionales bajos.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


El columnista repasa los hechos violentos de San Vicente con información conocida, cierto afán manipulatorio de los datos, pero con apuntes acertados en el análisis de la conducta de los protagonistas. Lo mejor es el acierto en caracterizar a Néstor Kirchner como un presidente débil pese a «la exitosa creación mediática de un poder hiperconcentrado» que no alcanza para esconder su «flacura».

Ese presidente no ha logrado, a tres años de gobierno, crear una fuerza política propia cuando Juan Perón en el primer año de su gobierno ya había disuelto al partido que lo llevó al poder y había creado uno propio.

Esa debilidad es la que lo lleva a la alianzapeligrosa con Hugo Moyano y el peronismo que dice repudiar. Lo sintetiza bien Verbitsky cuando se pregunta: «¿Es creíble la renovación con los Quindimil y los Mussi? ¿Es estable un gobierno que confronte con ellos?». Entre esos extremos trata Kirchner de superar su debilidad luego de tres años de amagar construcciones que fracasan y que le hacen volver al mismo punto. Según el columnista- asesor presidencial, Kirchner bascula para encontrar el equilibrio entre «la amoralidad de Menem y la irresponsabilidad de Chacho Alvarez». No faltará quien piense que se mueve con algo de cada uno de ellos. Si no, otra sería su suerte.

Verbitsky dedica buena parte de la columna al autoelogio y al repaso de prontuarios. Detalla lindezas de la biografía del «Pata» Medina y debe reconocer que participó del acto kirchnerista del 25 de mayo en la Plaza. Tiene que admitir, además, que Kirchner se tentó con beneficiarse del acto de San Vicente, anunció (aunque con dudas) que iría y ordenó medidas de seguridad. «Por puro azar» se libró de estar en la quinta donde un sector del sindicalismo lo hostigaría como representante del peronismo «zurdo». La responsabilidad de los incidentes, imagina, es de Aníbal Fernández y de un enemigo predilecto del columnista, Felipe Solá.

Sobre los autobombos: se atribuye haber adelantado un presunto reto papal a Jorge Bergoglio por alentar a los sacerdotes a hacer política. Improbable que las palabras de Benedicto XVI las dijera pensando en la Argentina, tanto como que se las adelantara a Verbitsky cuando éste se paseó como turista por el Vaticano hace dos semanas.

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