14 de mayo 2003 - 00:00

Desde el '94, continúa maldito el ballottage

Desde el 94, continúa maldito el ballottage
No les falta razón a quienes afirman que el país -a través del nuevo gobierno de Néstor Kirchner-quizás ingrese al mayor ciclo de falta de legitimidad electoral. Al menos, en la Argentina contemporánea, ya que el santacruceño accede a la Casa Rosada con menos votos que en su momento tuvo el radical Arturo Umberto Illia, quien obviamente no completó su mandato (22% a 25%). Este hecho supone, además, una crisis de tipo institucional que no había estado prevista por aquellos que diseñaron la nueva Constitución (1994) al introducir el sistema de ballottage en las costumbres locales. Privaron entonces los intereses personales de Carlos Menem (reelección) y de Raúl Alfonsín, éste para darle oxígeno a su moribundo partido radical. Tal vez este episodio de la deserción de Carlos Menem -primer caso de que se retira el que ganó en la primera vueltaimplique el fin de un instrumento que todavía no se ha podido aplicar. Un verdadero aborto, al menos por lo incompleto.

Algo que parece habitual para los franceses y otras nacionalidades no encaja todavía en la Argentina: casi 90% de los casos en que hubo ballottage en el mundo, quien ganó en primera vuelta por dos puntos luego venció en la segunda. No era el cálculo que se anticipaba en el país para el próximo domingo, donde el que salió primero iba a ser doblegado por un margen abrumador de votos opuestos. Algo fuera de lo común, en apariencia, y que por lo tanto retrajo aportes en la campaña de Menem y, también -esto es fundamental-para el control del escrutinio. Ya que si bien Menem puede aducir que hubo distritos donde no pudo contar los votos, para el próximo evento esa tarea se volvía más imposible que titánica. Por falta de voluntades, quizás, o por escasez de medios para estimular voluntades que cumplieran esa misión (especialmente en Buenos Aires). El francés que inventó el instrumento, un teórico para fortalecer el poder de la mayoría, jamás imaginó que en un estado del subdesarrollo de Hispanoamérica ese ballottage interruptus instalaría una minoría. Claro, tampoco se contempló en la búsqueda por la excelencia democrática la hegemonía del duhaldismo bonaerense en un distrito preeminente como el de Buenos Aires (casi 40% del electorado).

•Beneficios

Si bien Eduardo Duhalde se perjudicó con aquella reforma del '94, lo cierto es que desde entonces ha obtenido beneficios singulares y bajo la ecuación bonaerense el país tuvo, por segunda vez en un breve ciclo, como mandatarios a dos personas que perdieron en los comicios: él mismo (designado) y ahora Kirchner que entró segundo el domingo 27 de abril. Porque de haber existido Colegio Electoral, Menem ya sería presidente y, si se hubiera implantado el sistema de lemas, también ése -y la imposibilidad de Kirchner de consagrarse por sí mismo el domingo-habría sido su destino. Hoy, con la deserción de Menem vuelve a disponer Duhalde y su gente de un poder político superior, ya que nadie ignora que el último 22,5% logrado por el santacruceño en todo el país le pertenece en abrumadora mayoría al aparato político del actual mandatario. Parece que su hegemonía ahora se continuará en las sombras.

A esta incómoda realidad, Kirchner debe añadir -dentro del justicialismo-otra más hostil: las 12 provincias en que su candidatura presidencial fue postergada a favor de Menem. Esto sin olvidar más expresiones contrarias dentro de su ámbito peronista (Rodríguez Saá ganó en tres) y la de otros partidos que no comparten su criterio, como Ricardo López Murphy que cosechó más de 17% en la general y una provincia. A esto se define como falta de legitimidad, algo más que un desafío gigantesco para intentar un nuevo gobierno (para colmo, con una crisis social y económica por ahora reprimida). Kirchner podía presumir de haber sido bendecido por la suerte -se lanzó como aspirante pensando en el 2007 y luego recibió la dote bonaerense por negación de Carlos Reutemann y mínima repercusión de José Manuel de la Sota-tras el resultado del domingo 17. Hoy debe pensar que esa fortuna no debe ser tan benigna: ha quedado encerrado entre varios infiernos.

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