Néstor Kirchner mantuvo anoche una cena con la liga de inversores más poderosos de Francia en la Argentina, en la sede del Senado. Acompañado por Roberto Lavagna y Rafael Bielsa, el Presidente pidió a los empresarios que miraran la «Argentina del largo plazo», frase que entusiasmó y moderó el trago agrio para los inversores que antes habían escuchado el repetido planteo de Kirchner sobre las culpas del FMI. La respuesta del presidente de los senadores franceses fue contundente: «ordenamos a nuestras empresas que permanezcan en la Argentina». Pero marcó una diferencia: «El rol del Senado que presido es estar al servicio de las empresas. Le pido -remató- que nos ayude a que lo ayudemos». Estaban presentes los titulares de France Telecom, Accor, Total, EDF, y el jefe del grupo Suez (socios en Aguas Argentinas). También insistió el presidente argentino en que el país logrará un acuerdo de largo plazo con el Fondo en setiembre. Pero para compensar, Kirchner no asistirá al desayuno con miembros de la corporación industrial francesa y, aunque no les avisó, sólo enviará a Lavagna.
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Hoy, por caso, Néstor Kirchner dejará clavados a un centenar de empresarios franceses que pertenecen a la MEDEF (el gremio de empresarios, una especia de UIA) que suspendieron sus vacaciones y pagaron por desayunar con el Presidente en el salón Royal del Hotel Royal Monceau. Para peor nadie les avisó que no irá y que se hará representar por Roberto Lavagna; tampoco les comunicarán la causa, porque en realidad es inconfesable. Este fóbico presidente prefirió anoche cenar en el Senado francés con la liga de los inversores más poderosos de Francia en la Argentina y como le fue bien ahí, ¿para qué arriesgar más? Como además quiere halagar a la barra con desplantes protocolares, que muerdan el freno estos franceses y se enteren de que acá hay un presidente.
El hace alarde de que no recibe a empresarios porque le quieren capturar el poder que ganó en las urnas, no como el presidente del Senado francés, que dijo anoche que esa cámara en Francia está al servicio de las empresas. Ese Kirchner anoche, por caso, se levantó sin aviso cuando servían el café en el Palacio de Luxemburgo (sede de la cámara alta, que no se abre mucho para cena y menos en receso con 42° a la sombra), revoleó los pliegues de su double-breasted coat (saco cruzado) y dijo: «Muchas gracias por la invitación, me voy a retirar», y levantó el condumio. Se fue a pasear rodeado de sus prenseros y custodios por el París by night, que es ver la torre Eiffel decorada con luces navideñas por el 14 de julio, o el palacio del Congreso con las columnas enlazadas de gigantografías con las «Mariannes de hoy» (es el personaje que simboliza aquí a la República -la protagonizó en fotos para una estampilla- la imprescindible modelo Laetitia Casta, que Dios guarde).
Para unos esta ausencia hoy en el desayuno es responsabilidad de la primera dama y senadora Cristina Fernández, que custodia los detalles del viaje con celo que prueba este detalle: por protocolo cuando viaja la esposa del Presidente, los ministros pueden hacerse acompañar por sus cónyuges, algo que se han cuidado bien de hacer en esta visita un Bielsa o un Lavagna. Hay lugar para una sola mujer y se terminó. Ha querido descargar la agenda del esposo a quien los diplomáticos de la Cancillería le habían acumulado tres compromisos con empresarios, el de anoche con los «fat cats» del dinero francés -ya se va a contar-, hoy con la MEDEF que es algo así como el malón de las pymes y en el almuerzo de hoy con el premier Raffarin, adonde hay más invitados del mismo padrón de los negocios.
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