18 de abril 2002 - 00:00

Diferenciados por 50 años Perón y Chávez recorren similares caminos

Diferenciados por 50 años Perón y Chávez recorren similares caminos
A medida que se examinan las condiciones en que se elevó la popularidad de Hugo Chávez al frente del gobierno venezolano y se las compara con las que llevaron a Juan Domingo Perón a la cima de su poder en la década del '50, las semejantes se vuelven cada vez más sugerentes. Pero también aparecen paralelos muy llamativos en sus crisis. A tal punto que el golpe del último viernes, que ubicó en el poder al empresario Pedro Carmona, hace pensar en aquella primera asonada contra Perón del 16 de junio de 1955 que, si bien fracasó, abrió la puerta al proceso final, que lo sacó del poder el 16 de setiembre de aquel mismo año, 3 meses después.

El acceso de Perón al poder está precedido, como en el caso de Chávez, por su participación en un golpe de Estado (1943 el del argentino, 1992 el del venezolano) de sesgo nacionalista. El coronel argentino participó del movimiento militar como parte del Grupo de Oficiales Unidos, oficiales pasablemente elitistas y admiradores del fascismo italiano. Chávez lo hizo como miembro del Movimiento Bolivariano Revolucionario-200, socialmente más modesto pero igualmente nacionalista, si bien en una época en que el nacionalismo tiene menos prestigio que en los '40.

Perón llegó al poder en 1946, en un momento en que la Argentina quedaba muy beneficiada, como país productor agropecuario, de la guerra que afectó a los países industrializados entre 1939 y 1945. La crisis del '30, que había roto la complementación comercial con Gran Bretaña y había marginado a los productos argentinos del mercado internacional, se había recuperado por las necesidades alimentarias de los países en guerra y el Banco Central atesoraba reservas en oro como nunca antes. (1.567 millones de dólares, equivalentes a unos u$s 35.000 millones actuales). Sobre la base de este escenario, tan alentador, el peronismo funda un programa distribucionista y alentó el predominio de nuevas fuerzas sociales, entre las cuales el sindicalismo fue la más novedosa y potente. El primer Plan Quinquenal lanzado por Perón se inscribe en este contexto, que llevó la participación del salario en el PBI a 48%, una proporción inédita. Además nacionalizó los ferrocarriles, creó el IAPI para monopolizar el comercio exterior.

• Industrialización

La idea de un modelo de desarrollo autónomo, basado en una industrialización dirigida por el Estado, tuvo su expresión también en la política exterior del peronismo, orientada sobre todo al enfrentamiento con los Estados Unidos que se manifestó en aquella consigna «Braden o Perón» que levantaron los seguidores del General durante la campaña de 1945-46. Oponían la figura de su líder a la de Spruille Braden, el embajador de los Estados Unidos en Buenos Aires. Pero en 1950, ya dilapidada buena parte de las reservas heredadas, Perón, vía su ministro de Hacienda Ramón Cereijo, envía la primera misión argentina por ayuda del Fondo Monetario.

En la atmósfera de este conflicto Perón inauguró su «tercera posición», que pretendía fundar un sistema que no adhiriera ni al capitalismo norteamericano ni al comunismo de los países del Este europeo, división internacional que quedó fijada a partir del final de la guerra, con el colapso del nazismo y el fascismo.

En el plano institucional, el poderío económico y el enorme atractivo popular del nuevo régimen alentaron los deseos de Perón de moldear el sistema constitucional a la medida de su perpetuación: eso dio lugar a la reforma constitucional de 1949, que estableció entre otras cosas la reelección presidencial y cristalizó las notas esenciales del nuevo modelo económico. También abrió una corriente de oposición que no haría más que agudizarse hasta 1955.

El parecido que exhibe el proceso liderado por Chávez con éste que protagonizó Perón es notorio. El militar venezolano asumió la presidencia de su país el 2 de febrero de 1999, cuando el precio del petróleo (WTI) tocaba un piso histórico de u$s 12,04 el barril. Un año después valdría u$s 29,52, es decir, se elevaría más de 150%. Esta mejora hizo presumir una prosperidad extraordinaria para un país que depende casi exclusivamente de ese fluido como único producto de exportación y los datos confirmaron esa conjetura por un tiempo: en noviembre de 2000 el barril de crudo tocaba un récord máximo de u$s 34,6 y comenzaría a descender pausadamente, pero manteniéndose siempre por encima del promedio histórico de rentabilidad, que está en u$s 20.

Esta bonanza en el precio del petróleo entusiasmó a los venezolanos con Chávez e indujo a éste, como al Perón de los '50, a dar rienda suelta a su nacionalismo en política exterior y a su populismo interno. El coronel enfrentó abiertamente a los Estados Unidos, asociándose públicamente a Fidel Castro (Venezuela se asoma al Caribe y por eso esa proximidad con Cuba alarmó especialmente a los Estados Unidos). Más cuando halagó nada menos que a Saddam Hussein, a quien visitó en Irak. La idea de una «revolución bolivariana», nutrida de «petrodólares», llevó a Chávez a buscar adherentes más allá de su frontera. Creyó encontrarlos en algunos argentinos filomilitares, asesores de algunos diputados del Congreso, y creó incertidumbre en Uruguay, donde el presidente Jorge Batlle debió llamar la atención del embajador venezolano por algunos movimientos conspirativos.

• Bolívar

Como sucedió en la Argentina de 1950 -cuando se quiso equiparar subliminalmente la figura de Perón con la del general San Martín, en la conmemoración del centenario de su muerte-, en la Venezuela de Chávez -inseparable del retrato de Simón Bolívar- se inauguró un proceso de cambios institucionales: el 25 de julio de 1999 el Polo Patriótico, la coalición que llevó a Chávez al poder, obtuvo 120 de los 128 escaños de la Asamblea Nacional Constituyente. El 15 de diciembre se aprobó la Constitución Bolivariana, con 71% de los votos pero 54% de abstención. Lo que se interpretó como una violencia sobre las instituciones, que ponía en manos de Chávez al Congreso y a la Corte, comenzó también en Venezuela a abrir una brecha imposible de revertir con los sectores moderados de clase media y alta.

Como Perón, Chávez también fue desafiado por los precios de los bienes que podía ofrecer al mundo, que en su caso se reducen casi exclusivamente al petróleo. La baja tenue que se comenzó a verificar desde diciembre de 2000 se hizo más notoria a partir de setiembre de 2001. El atentado contra las Torres Gemelas hizo temer que el proceso recesivo en los Estados Unidos se agudizaría aún más y eso hizo caer el precio del barril por debajo de los u$s 20 (19,66 en noviembre, 19,51 en diciembre y 19,61 en enero).

Al líder argentino le sucedería algo similar en 1950. Cayeron los precios agrícolas y, además, la Pampa Húmeda se vio afectada por una sequía que comenzó en marzo de ese año. Además, ya aparecían síntomas de inflación y una caída importante en el comercio internacional, inclusive en el rubro de productos industriales.

El modo en que reaccionó Perón frente a este desafío fue engañoso. Si bien mantuvo su retórica «antiimperialista» y dirigista, buscó enseguida recomponer relaciones con los Estados Unidos y atraer inversiones desde ese país. Colaboró bastante el embajador Albert Nufer, destinado en Buenos Aires en 1950 y seducido por la personalidad de Eva Perón. El presidente emitió una primera señal amistosa apoyando a Washington en su intervención a favor de Corea del Sur contra la invasión de Corea del Norte. En el plano comercial, ya en 1950 las importaciones norteamericanas y las inversiones de ese país superaron a las de Gran Bretaña.

El Segundo Plan Quinquenal anunciado en 1952 (1953-1957) registraba ya claramente las limitaciones del nuevo contexto y suponía un ajuste importante con medidas de emergencia para contener la suba de precios. Al mismo tiempo, Perón buscaba inversiones de Estados Unidos: Henry Kaiser visita el país y su hijo Edgar termina estableciendo las Industrias Kaiser Argentina (IKA), de automóviles. Al mismo tiempo se comienza una engorrosa negociación con las petroleras, que desemboca en la firma, el 25 de abril de 1955, del contrato por el cual la Standard Oil de California conseguía derechos exclusivos durante 40 años para explorar y desarrollar 50.000 km2 al sudoeste de Santa Cruz (el convenio nunca fue convalidado por el Congreso).

También el clima político se distendía y Dwight Eisenhower, presidente de los Estados Unidos, enviaba a su hermano Milton, quien visitó Buenos Aires durante una gira por Latinoamérica (la Argentina fue el país en el que menos estuvo y eligió deliberadamente el fin de semana para llegar y evitar ceremonias con el poder; aún así Perón lo agasajó y lo hizo participar de varios acontecimientos deportivos). Chávez hasta ahora no logró normalizar su relación con EE.UU. ni un enviado de ese nivel. Chávez también debió darle a su gobierno un giro hacia la ortodoxia, apretado por la crisis del precio del petróleo. El sector empresarial y sindical, enfurecido por un paquete de leyes de noviembre de 2001, comenzó a enfrentar al oficialismo hasta lanzar una huelga general que obtuvo el 10 de diciembre un acatamiento de 90%.

• Popularidad


La base de poder de Chávez comenzó a estrecharse aceleradamente y su popularidad quedó reducida a las clases bajas, en un proceso más rápido pero similar al que padeció Perón entre 1952 y 1955. En ambos casos la fisura se verificó dramáticamente en las Fuerzas Armadas. En los dos, también el adversario final y más eficiente fue la Iglesia Católica. Como Perón, también Chávez quedó enemistado con el Episcopado representado por el cardenal Ignacio Velázquez, con quien intentó una reconciliación en su cautiverio del fin de semana.

En el caso de Perón se llegó así a la asonada del 16 de junio de 1955 (ver nota aparte), con bombardeos de la Armada en la Plaza de Mayo. El peronismo más furioso respondió con la quema de las iglesias. El gobierno invitó a una tregua e intentó la «pacificación», con discursos de Perón en los que predicaba la comprensión y la amnistía. Pero las maquinaciones para voltearlo siguieron adelante y el 31 de agosto el propio presidente volvió a alentar a sus seguidores con la consigna del «5 por 1». El 16 de setiembre llegaría el final.

¿Se extiende hasta aquí la similitud entre Chávez y Perón? La huelga indefinida de altos ejecutivos de Petróleos de Venezuela SA (PDVSA) desembocó en una manifestación de dos días en la que se reclamó su salida del poder. Los partidos de izquierda y nacionalistas que lo apoyaron en un comienzo y hasta el ala moderada de su propio movimiento abandonaron al presidente. Militares y civiles, sobre todo empresarios, envueltos en un amplio consenso internacional, terminaron sacando a Chávez del poder y confinándolo en una base junto al mar. Una pueblada lo repuso. Podría parecer un 17 de octubre argentino con Juan Perón preso en la isla Martín García y restituido de urgencia por el gobierno militar asustado por masa de trabajadores en Plaza de Mayo.

Pero ni Chávez se engaña en ese sentido: como el Perón del 16 de junio hizo un llamado a la concordia y propuso una suerte de «ni vencedores ni vencidos». Para sus opositores se trata sólo de un paraguas retórico para ganar tiempo y recomponerse. Sólo con un cambio radical en su estructura de gobierno volvería creíble su llamado a la racionalidad.

Si el itinerario que siguió Perón sigue presentando tantas analogías con el de Chávez, cabe entonces interrogarse: ¿les espera a los venezolanos un «31 de agosto», es decir, escuchar un nuevo mensaje de división por parte del presidente? ¿Le espera a éste un 16 de setiembre, es decir, el golpe definitivo después de un primer intento que no lo volteó pero sí pudo iniciar el camino hacia el final?

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