1 de septiembre 2005 - 00:00

Diputados de Duhalde desafían a Kirchner con "huelga japonesa"

Graciela Camaño
Graciela Camaño
Néstor Kirchner y, con él, todo el gobierno, les pidió a los duhaldistas que no obstruyan la tarea oficial. Algo que, trasladado al quehacer parlamentario, debe interpretarse como no impedir la sanción de leyes. Nadie creyó necesario, sin embargo, reclamar a los diputados que se alinearon con Chiche Duhalde que tampoco aprueben leyes que no se les piden. Tal vez sería excesivo pero, a la luz de lo que sucedió en las últimas 48 horas en la Cámara, resulte necesaria una especie de esterilización del duhaldismo en su capacidad legislativa.

En la reunión que los legisladores de ese subloque realizaron el martes para preparar la sesión de ayer se establecieron algunas prioridades para tratar en el recinto. Entre ellas, una absolutamente inconveniente para los intereses del kirchnerismo: la sanción de una nueva prórroga para que no se ejecute a deudores hipotecarios. También se promovió para el orden del día de la sesión de ayer una interpelación al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para que informe sobre el «pacto de desestabilización» que denunció el gobierno.

Al alentar la sanción de una prórroga de las ejecuciones hipotecarias, que reponga la que venció hace ya casi un año, los duhaldistas no pretendieron tanto ganarse el voto de quienes están en situación de perder su casa como obligar al gobierno a que defienda a los bancos -entre ellos a los oficiales-que han recuperado su derecho a hacer efectivas las garantías de los créditos otorgados.

• Incomodidad

Para la comidilla proselitista, los hombres de Duhalde pensaron en arrastrar la discusión sobre los juicios hipotecarios a una materia incómoda: el pasado profesional del propio Kirchner, quien se desempeñó durante muchos años como abogado de una financiera patagónica y, en esa calidad, debió ejecutar infinidad de créditos hipotecarios y prendarios. Fue Cristina Kirchner quien, sin darse cuenta, abrió la puerta a que se exhume aquella trayectoria al decir que su esposo, el 24 de marzo de 1976, cuando se inauguró el gobierno militar, soñaba con recibirse de abogado para «ganar plata y llegar a gobernador de mi provincia». Para la fantasía duhaldista el negocio electoral era completo: permitiría identificar las necesidades del gobierno de hoy, afines a los lógicos interesesde los bancos, con el currículum profesional del Presidente.

Detrás de ese paredón, que los diputados alineados con la Casa Rosada deberían superar de algún modo, los duhaldistas lograron disponer una medida que resulta necesaria para Kirchner: la autorización para un ingreso de tropas extranjeras que realizarán ejercicios militares con fuerzas argentinas. En el Ministerio de Defensa, ayer, se manifestaba cierta urgencia frente a este trámite. Claro, para concretarlo debería antes hacerse el jubileo hipotecario con el que desafiaban los duhaldistas.

• Interpelación

Como cierre de todo el trámite parlamentario, los diputados de Duhalde previeron en su reunión del martes una interpelación nada menos que a Alberto Fernández, el jefe de Gabinete. En realidad, el proyecto correspondió al socialista Jorge Rivas, quien presentó un proyecto de cuatro carillas con todas las declaraciones formuladas por funcionarios oficialistas denunciando esa conspiración. Al cabo de ese inventario, Rivas razonó: «Esta sucesión de denuncias formuladas desde el más alto nivel del gobierno conduce a plantearnos que podríamos estar ante una amenaza a las instituciones, cuya magnitud desconocemos. Enfrentamos dos alternativas: o las denuncias son ciertas y nos colocan ante una amenaza a las instituciones de la República, o son falsas y nos ubican ante un inconcebible manoseo».

La hiperactividad parlamentaria del duhaldismo, por esta vía, se está pareciendo a esas míticas «huelgas a la japonesa» -de dudosa existenciaen las cuales los obreros se quejarían abarrotando el sistema por exceso de producción.

• Ausencias

El fenómeno, minuciosamente planificado por los seguidores del caudillo de Lomas de Zamora, se ve facilitado porque sus representantes en la mesa del bloque PJ han decidido dejar de concurrir a las reuniones, que ahora comanda el «cuarteto imperial», como se denomina a la tetrarquía que dispuso Kirchner para conducir al oficialismo de Diputados. En rigor, la única que sigue asistiendo a esas tertulias en la cúpula de la bancada sería Graciela Camaño. El resto (desde Juan Carlos Correa hasta el yerno de Duhalde, Gustavo Ferri) ya no ocupan sus asientos.

Mientras tanto, el «cuarteto imperial» no logra afinar como un conjunto. Sus integrantes llevan adelante acciones deshilvanadas, pensadas según sus intereses particulares. Así, Jorge Argüello seguiría obsesionado por los contratos que se suscribieron en el bloque durante la anterior gestión. Saca provecho de la silenciosa tarea del cordobés Carlos Caserio, otro tetrarca, quien con meticulosidad ha iniciado una especie de campaña a favor de la transparencia que muchos creen orientada a atormentar a Humberto Roggero, antiguo presidente del sector y también peronista de Córdoba. Caserio estaría punteando, en su escritorio, todos los contratos, comparándolos con los recibos firmados por el personal. Sus indagaciones llegan más allá de las fronteras de Diputados: habría saltado en su banca al advertir que uno de los beneficiarios sería un protegido de Daniel Scioli, aliado explícito del duhaldismo. ¿Prepara el kirchnerismo, unido a delasotistas como Caserio, una mega denuncia contra los seguidores de Duhalde en plena campaña? José María Díaz Bancalari sería el blanco: es nada menos que el segundo de Chiche en la fórmula para el Senado y el ex presidente de la bancada cuyo volante ahora tomaron entre cuatro.

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