Duhalde amenazó otra vez con renuncia
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«¿Estás loco? (dice un gobernador). ¿Creés que el país está para que haya otra asamblea legislativa que elija otro presidente?»
Duhalde amortiguó la fuerza de ese gesto para asegurarse apoyo cediendo lo que nadie creyó nunca que iba a entregar tan rápido y ante tantos testigos: una promesa de reconciliación de Carlos Menem. Selló este giro impensado hacia el principal adversario que cree tiene Duhalde sobre el planeta un sorpresivo llamado del riojano. Estaba en Santiago de Chile celebrando junto con Cecilia Bolocco su primer año de matrimonio e interrumpió la cena de Duhalde con los gobernadores con un mensaje también de acercamiento. «Un saludo a todos los compañeros presentes y mi apoyo a todo lo que decida esa mesa», fue lo que escuchó y repitió en voz alta Marín desde la cabecera de la mesa.
• La obertura la entonó Duhalde apenas se sentaron todos al copetín antes de la cena. El Presidente afieró el gesto y dijo que quería saber qué pensaba cada uno, porque si alguien estaba pensando en una elección adelantada él presentaba la renuncia ahímismo. «No voy a encarar ningún proceso de elección adelantada porque sería reconocer que he fracasado.» Ni qué decir, siguió, si alguien piensa en renuncias. «Nada más cerca de lo que quiero, si todos saben que me quiero ir a mi casa.Ya les he dicho que acá se termina mi vida política, no voy a ser candidato a ningún cargo más en mi vida, ni a presidente, ni a gobernador, ni al partido.»
• Carlos Reutemann, más enojado que nunca con Duhalde, a quien culpa de las algaradas de protesta que le arman en su provincia, siguió en este movimiento para grandes solistas. «Mi opinión es que, si hay elecciones, deben elegirse todos los cargos. Estamos todos cuestionados y tenemos que revalidar títulos. Si hay elecciones, que vayamos todos a jugar.»
• De la Sota llamó a cierta cordura, pese a que había instalado la idea de adelantar elecciones tras un acuerdo con el FMI. «Eso de las elecciones para todos los cargos es muy difícil, 'Lole'. Lo sé porque en Córdoba hice la reforma y no sabés lo que costó que renunciasen a todos los cargos todos los legisladores, hasta el último suplente. Es una utopía.» Quizás, aventuró, con una reforma constitucional.
• Todos lo miraron a Maqueda, senador, vicepresidente virtual y con prestigio de jurista. «Por favor, yo milagros constitucionales no puedo hacer», se disculpó en medio de las sonrisas de los presentes. Ninguno ha olvidado, sin embargo, que Maqueda fue el inspirador de la ley de lemas para la elección que elegiría en marzo pasado al recordado Adolfo Rodríguez Saá.
Interrumpe el turno de los solistas el llamado a la cena, que empieza en el quincho del gobernador con reparto de achuras y ensaladas en el clima del adelanto de las elecciones con que había terminado el copetín. Ya algunos hablaban de fechas, las mismas que habían conversado en las negociaciones previas, diciembre, quizá marzo, con inter-nas en setiembre. De pronto, se abre la puerta y entra Néstor Kirchner y busca silla. Solá corta los diálogos bilaterales de los comensales sobre las virtudes del asado pampeano. «¿Por qué no le resumimos a Néstor lo que estábamos hablando?»
El santacruceño escucha el cuento y se cree en la gloria. «Eso digo yo, elecciones ya, para todos los cargos.» Duhalde se sentía casi ya fuera del cargo y no se sabía ya si el arranque con amenaza de renuncia había sido un alarde o un suicidio político. Lo salvó el último movimiento, de gran masa orquestal:
• Juan Carlos Romero tomó la palabra y cambió totalmente el tono y el tema de la conversación. «¿Creen que el país está para una elección? Acá hay otra tarea que tenemos: primero arreglar con el FMI, pero también arreglar lo del 'corralito', y hacer las reformas que tenemos que hacer en las provincias. Y recién después pensar en inter-nas, en elecciones. ¿O creen que nos van a perdonar si no enfrentamos la crisis y dejamos el gobierno. No es la idea con la que vinimos acá.»
• Marín se sumó al salteño y agregó temas por solucionar. «Estoy con 'Juancarlitos' -es como lo llaman los amigos al gobernador de Salta-. Hay más temas por solucionar. Uno es la seguridad. ¿Cómo puede ser que gobernemos nosotros y estemos pensando en dejar el gobierno y darle todas las banderas a la izquierda? Más bien, hay que pensar cómo impedir que destruyan los bancos, que se corten las rutas.» Volvió sobre su vieja acusación al gobierno nacional, que no reprime la violencia de esas manifestaciones y eso, visto por TV, inspira la violencia en las provincias. Dejó un apartado a la seguridad personal. «El gobierno parece no hacer nada cuando vemos que la gente tiene que elegir a veces entre la vida y sus bienes. Es intolerable.»
• Duhalde amagó una respuesta: «Son los fiscales y los jueces que no colaboran, eluden enfrentar los incidentes con cuestiones de competencia. Además, hay que tener cuidado con la consecuencias». ¿Cuáles?, le preguntan. «Miren lo que pasó en diciembre, que se reprime y la represión trae más incidentes que no se pueden controlar.»
• Carlos Rovira (Misiones) y Gildo Insfrán (Formosa) trajeron la charla al tema político cuando vieron que la mesa se dividía en discusiones casi filosóficas sobre el origen de la violencia. Se sumaron a la idea de que no era conveniente hablar de elecciones por ahora, que la tarea es gobernar y que el peronismo se juega todo en el destino que tenga Duhalde en su silla. El Presidente reconoce: «He venido a escucharlo y sé que tengo que trabajar para ponerle la banda al próximo presidente electo, y espero que sea un presidente peronista, que puede ser cualquiera de ustedes».
• De pronto, llama Menem. Suena el fono, asistente, susurros de es Menem, es Menem y se congelan los tenedores en el aire mientras Marín escucha y asiente. Cuelga -apaga, es un celulary cuenta: «Llama Carlos, Menem, de Chile, manda saludos y que apoya todo lo que nosotros decidamos acá».
Duhalde se siente obligado a reconocer algo: «La verdad es que los menemistas me han ayudado en el Congreso en votaciones clave. No tengo más que agradecimiento a lo que han hecho por mi gobierno».
Marín: ¿Qué esperabas? Los peronistas somos así, cuando hay que trabajar, apoyamos. ¿O vos creías que te íbamos a citar acá para pedirte la renuncia?.
Duhalde: ¿Por qué?
Marín: No sé, digo. Es como si aprovechase que vienen acá para vengarme de todas las que me hicieron.
Duhalde: No sé de qué me hablan. Y se levanta riendo, lo que levanta toda la mesa.
Duhalde busca por el pasillo su habitación en la residencia, mientras los gobernadores se despiden hasta el día siguiente. Marín lo retiene y lo sienta a tomar el último café, a solas. «¿Qué pensás, te pareció bien?» El Designado se derrumba en el sillón y da el finale, largo: «Estoy agobiado, Rubén, no doy más. Cada día aguanto menos. No sabés lo que es esto. A veces, me pare-ce que yo tendría que renunciar, que tendríamos que nombrar a un radical y obligarlos a que ellos gobiernen de nuevo».




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