12 de junio 2002 - 00:00

Duhalde auspicia Reutemann-De la Sota

Ingresan esta semana en la Casa Rosada, si aceptan la invitación, Carlos Reutemann y José Manuel de la Sota. No es una reunión más: los convocan para auspiciarlos como favoritos en la futura interna justicialista como fórmula presidencial.A partir de un convencimiento: el gobernador cordobés acepta la prevalencia de su colega santafesino, prioridad hoy otorgada por las encuestas. Parece que Eduardo Duhalde realiza un gesto de generosidad, pero en rigor busca una ayuda, el atajo político que lo saque de la parálisis decretada por la cotización del dólar y los devaneos con el Fondo Monetario Internacional. Hay algo superior en esta movida: si consagra al binomio -o avanza en esa tarea-, se supone que decrecerá la fuerte presión para anticipar el llamado a elecciones.

«No puedo más. Terminen con el adelanto de las elecciones. No puedo negociar ni acordar si todo el mundo piensa que se va a entregar el poder antes de tiempo.» Este es un reclamo cotidiano del ministro Roberto Lavagna, al cual el Presidente empieza a dar respuesta con la convocatoria al dúo de los gobernadores. Por otra parte, si el diálogo prospera, también supone un fuerte contraataque a la ofensiva partidaria de Carlos Menem, la que a Duhalde ha empezado a quitarle el sueño.

Para el gobierno, tres son las alternativas electorales en materia de fechas: l) el 14 de setiembre de 2003; 2) un momento anterior, hacia marzo, en el caso de que se avanzara con el FMI y se estabilizara la economía y, por supuesto, fuera imparable el reclamo del adelantamiento; 3) un anticipo perentorio si se produjera un desenlace abrupto por cualquier tipo de acontecimiento. Naturalmente, Duhalde firma el término de más largo plazo a pesar de que, a cada rato, amenaza con retirarse a Lomas de Zamora si todo se complica.

Tan urgida está la administración por distraer o aferrarse a una propuesta que llamó a Reutemann antes de que viaje a París (va al casamiento de una de sus hijas). Ni siquiera le alcanza el tiempo para una breve espera. Y, por si fuera poco, la variante del dúo Reutemann-De la Sota prescinde de la futura contienda al rol protagónico que siempre tuvo la provincia de Buenos Aires en cualquier fórmula. Sea porque la cúpula bonaerense no dispone de ningún aspirante serio, sea porque Duhalde aparta a la provincia de una responsabilidad histórica para refugiarse en ella como santuario futuro.

•Mediador

Para el diálogo, seguramente áspero a pesar del ofrecimiento tentativo, el mandatario eligió como mediador a Jorge Matzkin, ministro del Interior. No pudo integrar, hasta ahora, a Carlos Ruckauf, hombre necesario pero que no se repone desde que se cayó del décimo piso de sus aspiraciones presidenciales. Además, en la Rosada le reprochan dos fallas gigantescas: el canciller no le pudo lograr al Presidente entrevistas ni fotografías con George W. Bush ni con el Papa, mientras hasta

Menem se regodea con el norteamericano y cualquier devoto católico con influencia penetra en el interior del Vaticano. También falta sintonía con la Santa Sede -prometieron la audiencia para noviembre-, aunque Ruckauf le confió la misión a Esteban Caselli, antes de aceitadas relaciones (oh, el óleo sagrado) con la burocracia papal.

La voz del gobierno que escucharán los gobernadores: estamos débiles, pero podemos ayudar a mantener en orden las provincias de los invitados a la mesa y, además, nadie debe olvidar que desde el poder lo último que se pierde es la capacidad de daño. Palabras que son una descripción del pensamiento bonaerense y peronista.

La voz de un gobernador: De la Sota pretende elecciones en marzo, en coincidencia con el vencimiento de su mandato en Córdoba (se sabe que reniega con el adelantamiento que antes impusieran los radicales para separar electoralmente a la provincia de la Nación). Habrá que discutir fechas y conocer otras demandas. Más difícil resulta lo de Reutemann: poco se sabe de lo que piensa o intenta. Si bien es un misterio hasta para sus íntimos, Duhalde lo reconoce como un fenomenal jeroglífico al que jamás resolverá por una obvia incompatibilidad de caracteres. Por decir lo menos.

Llega el santafesino con el ánimo cada vez más lejos de una candidatura, según acaba de declarar, pero con la gracia para el Presidente de que no desea adelantar elecciones. Reutemann parece dudar por una cuestión casi existencial: no está convencido de que exista ni que él sea el intérprete (a pesar de las encuestas) de lo que la gente entiende como la «nueva política» o los «nuevos dirigentes». Se torna entonces una puerilidad debatir, con quien así piensa, minucias de candidaturas, cronogramas, fechas, asistencias, alianzas o intercambios.

Pero el dúo manifiesta una desconfianza superior frente al diálogo o la propuesta de la fórmula a escuchar en la Rosada. Pasa por las tribulaciones reconocidas de Duhalde, hombre de idas y vueltas constantes, no producto de la política sino de una personalidad ambigua, irresoluta. Tanto Reutemann como De la Sota no ignoran que hace pocos días, el Presidente lo impulsó a Felipe Solá para que se postulara a renovar su mandato de gobernador en 2003, hasta le prometió una ayuda personal para ese emprendimiento. Cuarenta y ocho horas más tarde de ese compromiso, su esposa Chiche y adláteres comunes anunciaron que el destino de ella estaba en la cabeza del Ejecutivo de Buenos Aires. Palabra de caballero.

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