Por distintas razones, Duhalde se propuso comandar personalmente la campaña en ese distrito, el más poblado de la provincia. Entre esos motivos está su ofensa con el intendente Ballestrini, quien lo calificó de «señor feudal que está comenzando a perder». También el agravio del piquetero Luis D'Elía, amigo de Ballestrini y dirigente de la zona, quien acusó a la «mafia duhaldista» por aquella muerte de un piquetero que lo llevó a tomar una comisaría. Finalmente, Duhalde no tiene un lugarteniente para enfrentar al alcalde en su zona, sobre todo porque Alberto Pierri se retiró de la política y está enfrascado en su actividad empresarial. La red de punteros de Pierri fue heredada en La Matanza por el ex diputado Juan Carlos Píriz.
Después de percibir esa belicosidad, Stella decidió poner leña al fuego. Dijo que, «en realidad, el desmanejo del partido en La Matanza es enorme, no funciona, no tiene conducción». Significativa confesión de este contador que hace dos semanas echaba incienso sobre el despacho municipal de Ballestrini.
En el caso de Stella, también Solá sentirá su falta: se convirtió en diputado por la renuncia de la actual procuradora provincial María del Carmen Falbo, pero hasta asumir su banca había sido director del Banco Provincia por orden del gobernador.
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