22 de febrero 2002 - 00:00

Duhalde a los gritos con Kirchner ayer en Olivos

Eduardo Duhalde, por primera vez desde que asumió, se animó a poner en duda su programa de desdolarizar la economía. Fue en la madrugada de ayer, frente a un grupo de gobernadores peronistas que cenaron con él en Olivos, ante quienes reflexionó en voz alta: «Me dicen si no convendría una nueva convertibilidad, no sé, dos pesos un dólar, y clavar el tipo de cambio».

La frase dejó helados a todos los presentes, que venían ya del chubasco de una insólita y violenta discusión entre el Presidente y un gobernador (se contará en un rato). Sólo el ministro de Economía se animó a contradecir esa idea que ayer retomó Duhalde en una declaración radial (ver nota vinculada). «Presidente -interrumpió Jorge Remes con la misma serenidad profesional con que anuncia tanto la bonanza como la desgracia-, eso traería inconvenientes en el programa porque congela las asimetrías de la economía argentina. Además, nos impediría dejar flotar, que es lo que nos pide el Fondo.»

La mesa, integrada por varios gobernadores y ministros (Felipe Solá, Gildo Insfrán, Néstor Kirchner, Rubén Marín, Eduardo Fellner, Jorge Capitanich, Jorge Remes, José Pampuro), se sorprendió por la novedad de un Duhalde dolarizador o con caja de conversión. La mesa, agobiada por un gobierno que devaluó y se pasa los días remediando la devaluación, pareció alegrarse con la aparición de una alternativa.

• Respaldo

El pampeano Marín fue el único que se animó a respaldar la tibia propuesta de cambio de Duhalde: «No sé cuál es la solución, pero algo hay que hacer para remediar la desconfianza del público en la moneda. A lo mejor es una convertibilidad, o una dolarización, no sé, pero algo hay que hacer».

Duhalde pareció conforme con el ejercicio y cambió de tema, llegaban los radicales -ya pasada la medianoche y había que comportarse-. Igual ayer se hablaba de que habría encargado un proyecto al economista Juan Luis Bour.

Antes de abrir la mesa, pidió el pacto de silencio para que nadie sepa nada del incidente que había protagonizado minutos antes con
Kirchner, que todos se juramentaron a silenciar y que aquí se relatará.

Cuando estaban todos los invitados ya en la mesa, llegó el gobernador de Santa Cruz,
se colocó sin saludar a nadie en la punta de la mesa contraria a la que ocupaba el presidente designado, tiró los papeles y manoteó un vaso (de agua).

Duhalde:
Buenos noches, Néstor.

(Silencio) Duhalde:
¿Cómo estás Néstor?

(Silencio, casi tumba, nadie habla.)

Duhalde:
Néstor, te estoy saludando.

Kirchner:
... Y yo no te estoy contestando.

Duhalde:
¿Qué te pasa?

Kirchner: ¿Cómo qué me pasa? Me ponés retenciones al petróleo y me incendiás la provincia.

Duhalde:
¿Qué te incendio yo? ¿O no es una ley del Congreso?

Kirchner:
Se me arma lío en la provincia, me echan la gente, y tengo que bancar yo.

Duhalde:
Néstor, vos mismo viniste a hablar de retenciones acá, apenas asumí.

Kirchner:
(Alza la voz.) Yo hablaba de otra cosa, de otro impuesto, no de retenciones.

«-Vos-viniste-con-esaidea-Néstor» -mastica el Presidente.

El gobernador estalla:
«Siempre igual vos con tus ideas, que no consultás».

D.: ¿Qué decís vos, que una vez venís como gobernador y otra como petrolero? ¿Por qué no te ponés de acuerdo con vos?

K.: (Ya a los gritos.)
¿Y vos, que hacés las cosas y escondés la mano?

D.: (Se levanta de la silla.)
¡Yo no me escondo nunca, adonde me busqués me vas a encontrar!

Acá las leyendas se confunden, se cruzan, se disipan. Algunos vieron un amago de irse a las manos. Otros, apenas una discusión con gritos y ademanes de bar y billares.
Otros niegan haber visto o escuchado nunca nada.

Marín
, levantándose de la silla, paró la pelea: «Por favor, compañeros, hemos venido a hablar de coparticipación. Néstor, comportate, por favor; Eduardo, no nos peleemos así, que después sale en los diarios y nos enojamos». (Risas.)

El pampeano aprovechó el aire dramático para pedir por la suya:
«¿Saben cuál es la única provincia que no recibió un peso, ni un LECOP desde julio hasta diciembre pasado? La Pampa. Y no vengo a pelearme con nadie».

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