Entre sonrisas, Eduardo Duhalde se deja abrazar por Osvaldo Mércuri, que en un restaurante lomense anotó órdenes del expresidente y las trasmitió entre los peronistas. Tanto que quedó afónico.
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Ayer, desde Bogotá, luego de contarle a Pero más sugerente fue lo que, de trasnoche, contó el martes en el restorán Rescoldo, de Lomas de Zamora. Allí se cruzó, casualmente, con
Sobremesa con café y ensalada de fruta, en un rincón del restorán. Duhalde incluyó en la ronda otro nombre que ante su mínima mención acostumbran a gruñir los duhaldistas:
Se trata, en rigor, de los superpoderes que reclamó para sí
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