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8 de mayo 2002 - 00:00

Duhalde "paga" a gremios pero igual le hacen paro

Los sindicalistas de la CGT oficial que visitaron ayer al ministro Lavagna tuvieron que hacer pocos esfuerzos para que les acepten su propuesta; a saber, que se comience a discutir un aumento de sueldos en una «gran paritaria nacional». Duhalde dijo que «si no baja la cotización del dólar antes de julio habrá que recomponer los salarios de la gente». El Presidente le teme a un frente sindical-piquetero de protesta como a ninguna otra cosa. Y está dispuesto a hacer lo que sea por evitarlo: inclusive, adelantarse a lo que le piden. Es un método inconducente, porque hay dos CGT -la de Moyano y la de De Gennaro-que ya le declararon paros nacionales para el 14 y el 29 de este mes. Falta que Daer y los «gordos» se distancien, para que el conflicto sea generalizado. Mientras tanto, el gobierno sigue tributando ante los gremialistas. Una resolución firmada por Atanasof cuando era ministro de Trabajo, publicada ayer, los exime de presentar declaraciones juradas de bienes delante de esa cartera. Y en otra norma se suspende la discusión de los convenios de 1975, vigentes por la cláusula de ultraactividad que anuló la última reforma laboral.

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Alfredo Atanasof se despidió del Ministerio de Trabajo con dos salvas en homenaje a sus compañeros sindicalistas. Con la Resolución 344/2002 suspendió el plazo de dos años durante el cual empleados y patrones debían negociar un nuevo convenio colectivo que reemplace a los de 1975, amparados hasta ahora en la ultraactividad (condición por la cual una convención prolonga indefinidamente su vigencia si una de las partes se niega a renegociarla).

Con la Resolución 345/2002, el actual jefe de Gabinete hizo otro presente a sus antiguos colegas: suspendió la ejecución de otra resolución, por la cual se obligaba a los dirigentes sindicales a dar cuenta de sus bienes (la medida llevó a la ruptura definitiva de la ex ministra Patricia Bullrich con el gremialismo). Ya que no la anularon totalmente, la norma volvería a estar vigente cuando se resuelvan judicialmente los recursos administrativos que se presentaron en su contra.

Con estas dos decisiones, Atanasof no se habrá ganado un busto en el Ministerio de Trabajo pero sí tiene derecho a un pequeño retrato en algún rincón de la CGT, aun cuando ahora, en su condición de «estadista», no tenga pensado volver por esa casa. Las dos fueron firmadas dos días antes de que Duhalde le ofreciera, recién bajado de un helicóptero, la Jefatura de Gabinete.

La ultraactividad de los convenios fue una de las grandes conquistas del sindicalismo de los años '70, que sucesivas conducciones gremiales consiguieron mantener hasta la reforma laboral del año 2000. Llegado al poder el actual gobierno, los «gordos» buscaron reponer esa ventaja: Luis Barrionuevo avanzó desde la comisión que preside en el Senado con un proyecto que pretende la anulación de la reforma laboral en sus aspectos más agresivos para el sindicalismo. Una buena oportunidad que le brinda a Graciela Camaño para demostrar que el matrimonio no reduce su independencia funcional: la actual ministra tal vez tenga que vetar el proyecto de su esposo, si es que Duhalde sigue opinando sobre el tema lo mismo que hace un par de semanas.



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