Duhalde seduce con un indulto
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1- La cúpula partidaria, que encabeza Osvaldo Mércuri, tiene los poderes prorrogados porque técnicamente sus mandatos vencieron en diciembre de 2004. Es una demora menor -comparada con el partido nacional, que está virtualmente acéfalo hace más de un año-, pero Duhalde no quiere dejar una sola hendija por donde, en una eventual escalada belicosa con Néstor Kirchner, la Casa Rosada promueva la intervención del PJ bonaerense. Esa opción -quizá lejana y hasta descabellada- está abierta, según indican algunos duhaldistas extremos. Por lo tanto, el Congreso (máximo órgano partidario) normalizará mandatos refrendando la conducción duhaldista y resolverá otras nimiedades leguleyas: el permiso para armar frentes y retoques a la carta orgánica. Quizás, incluso, se fije un límite a las reelecciones y se incluya el «cupo joven» para que un porcentaje de los candidatos deba tener menos de 35 años. Ambas reformas, de prosperar, comenzarían a regir en 2007.
2- La amnistía que se regará, sin detenerse en matices, sobre el ejército de peronistas que en 2003 figuró en otras boletas -sobre todo, las de Luis Patti y Aldo Rico- tiene un sentido práctico: como reflejo de lo elásticos que son los reglamentos en el PJ, el perdón alcanzará a muchos de los dirigentes que un año y medio atrás pelearon contra el partido y ahora encarnan la Lealtad duhaldista. Dos casos: el citado Rico y el concejal platense Pablo Bruera, a quien Julio Alak pidió expulsar, pero que ahora (más allá de que en octubre compita, con partido propio) integra la mesa de conducción de la Agrupación Lealtad. Es decir: los antiguos disidentes hoy son aliados de Duhalde contra otrora leales.
3- Pero, encadenado a ese perdón, el Congreso dictará una amenaza de castigos implacables contra los que en octubre animen listas opuestas al PJ. Es un anticipo de condena para los 48 intendentes peronistas alineados con Felipe Solá por animar boletas que enfrentarán a las del justicialismo. En el duhaldismo saben que en los distritos los felipistas que controlan el partido -especialmente, los del conurbano- se resisten a abandonar el logo PJ. A ellos apunta la advertencia de Duhalde: si compiten contra el partido, serán expulsados por 5 años (o más) y no podrán volver a ser candidatos del peronismo.
La posibilidad de expulsar a los rebeldes había sido descartada dos meses atrás con un argumento que remitía a la historia reciente: cuando Herminio Iglesias, en 1985, purgó a los « renovadores» de Antonio Cafiero, se quedó sólo, dueño del sello PJ mientras los votos los tenía el ahora senador.
Pero ahora, con el propósito citado arriba, volvió a tomar forma. Una observación necesaria: a pesar de que lo impulsa Duhalde, en el PJ hay voces disonantes -no son pocas- que plantean los riesgos de hacer el Congreso. Y dicen que podría generar tensión con la Casa Rosada.




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