11 de mayo 2005 - 00:00

Duhalde seduce con un indulto

El duhaldismo prepara un Congreso para amnistiar a los peronistas que en 2003 compitieron por fuera del partido, pero, en paralelo, emitirá una advertencia sobre expulsiones futuras para quienes este año integren listas que compitan contra las del PJ oficial.

El fin de semana, Eduardo Duhalde dictó las instrucciones que el último lunes y ayer sus soldados desmenuzaron durante un maratón de reuniones. En esas conversaciones se preacordó que, en principio, la cumbre del peronismo de Buenos Aires se realizará el 21 o el 28 de mayo.

• Necesidades

La convocatoria, que hasta ahora el ex presidente mezquinaba temeroso de que el Congreso se transforme en un ring donde felipistas y duhaldistas canjeen puñetes y garrotazos, se asienta sobre una urgencia legal y varias necesidades políticas. Veamos:

1-
La cúpula partidaria, que encabeza Osvaldo Mércuri, tiene los poderes prorrogados porque técnicamente sus mandatos vencieron en diciembre de 2004. Es una demora menor -comparada con el partido nacional, que está virtualmente acéfalo hace más de un año-, pero Duhalde no quiere dejar una sola hendija por donde, en una eventual escalada belicosa con Néstor Kirchner, la Casa Rosada promueva la intervención del PJ bonaerense. Esa opción -quizá lejana y hasta descabellada- está abierta, según indican algunos duhaldistas extremos. Por lo tanto, el Congreso (máximo órgano partidario) normalizará mandatos refrendando la conducción duhaldista y resolverá otras nimiedades leguleyas: el permiso para armar frentes y retoques a la carta orgánica. Quizás, incluso, se fije un límite a las reelecciones y se incluya el «cupo joven» para que un porcentaje de los candidatos deba tener menos de 35 años. Ambas reformas, de prosperar, comenzarían a regir en 2007.

2-
La amnistía que se regará, sin detenerse en matices, sobre el ejército de peronistas que en 2003 figuró en otras boletas -sobre todo, las de Luis Patti y Aldo Rico- tiene un sentido práctico: como reflejo de lo elásticos que son los reglamentos en el PJ, el perdón alcanzará a muchos de los dirigentes que un año y medio atrás pelearon contra el partido y ahora encarnan la Lealtad duhaldista. Dos casos: el citado Rico y el concejal platense Pablo Bruera, a quien Julio Alak pidió expulsar, pero que ahora (más allá de que en octubre compita, con partido propio) integra la mesa de conducción de la Agrupación Lealtad. Es decir: los antiguos disidentes hoy son aliados de Duhalde contra otrora leales.

3-
Pero, encadenado a ese perdón, el Congreso dictará una amenaza de castigos implacables contra los que en octubre animen listas opuestas al PJ. Es un anticipo de condena para los 48 intendentes peronistas alineados con Felipe Solá por animar boletas que enfrentarán a las del justicialismo. En el duhaldismo saben que en los distritos los felipistas que controlan el partido -especialmente, los del conurbano- se resisten a abandonar el logo PJ. A ellos apunta la advertencia de Duhalde: si compiten contra el partido, serán expulsados por 5 años (o más) y no podrán volver a ser candidatos del peronismo.

• Pánico

Es oportuna una lectura más fina: la sanción, que prometen impiadosa, caería sobre candidatos a legisladores provinciales, concejales y consejeros escolares (no contra Solá, por caso) lo cual, dice el duhaldismo, generará pánico entre los dirigentes de segunda y tercera línea. Con el filo del hacha rozándoles el cuello, estos dirigentes estarán obligados a resolver el dilema que un duhaldista graficó como «elegir su destino»: seguir bajo el paraguas del PJ o integrar las boletas felipistas y, tras la elecciones del 23 de octubre, convertirse en « parias» sin partido.

La posibilidad de expulsar a los rebeldes había sido descartada dos meses atrás con un argumento que remitía a la historia reciente: cuando
Herminio Iglesias, en 1985, purgó a los « renovadores» de Antonio Cafiero, se quedó sólo, dueño del sello PJ mientras los votos los tenía el ahora senador.

Pero ahora, con el propósito citado arriba, volvió a tomar forma. Una observación necesaria: a pesar de que lo impulsa Duhalde, en el PJ hay voces disonantes -no son pocas- que plantean los riesgos de hacer el Congreso. Y dicen que podría generar tensión con la Casa Rosada.

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